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Gasto en defensa y pacifistas a la greña
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Gasto en defensa y pacifistas a la greña

Se les ve indignados pero no lo están. Aparentan preocuparse por la militarización mientras se ocupan de combatir entre ellos por los restos que deje Yolanda Díaz, todavía de cuerpo presente

Foto: Pedro Sánchez, presidente de España. (EP/Gustavo Valiente)
Pedro Sánchez, presidente de España. (EP/Gustavo Valiente)
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Me llama la atención que no haya convocatoria de las extremas izquierdas para desbordar las calles al son del "No a la guerra". No sé si los recientes chascos en las manifestaciones sindicales sirvieron de vacuna, pero sí que creo que, ya puestos, podrían llamar a VOX y ampliar la movilización. A fin de cuentas, los dos extremos obedecen al deseo de Moscú con pareja sumisión.

Cierto es que los pacifistas de boquita de piñón superan a los antipatriotas de Abascal en capacidad pública de humillación. Sánchez les trata con entera y pública desconsideración, un poco como tratan los señoritos de pelotazo al servicio, puede que para darse aires y puede que por los excesos que le tienen en aparente incapacidad de controlarse a sí mismo.

Les da igual, tragan con lo que sea, desayunan bocadillos de clavos con tal de mantener la posición y mucho me temo que no hayamos visto aún los más sórdidos episodios de notoria denigración.

Son muchos los que especulan con lo difícil que terminará siendo sacar a Sánchez de La Moncloa. Quizá deban hacer acopio de fuerzas y prepararse. Puede que los Ministros de Sumar ofrezcan un espectáculo todavía mayor, antes de que el desalojo les devuelva a sus rutilantes carreras en el sector privado.

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Se les ve indignados pero no lo están. Aparentan preocuparse por la militarización mientras se ocupan de combatir entre ellos por los restos que deje Yolanda Díaz, todavía de cuerpo presente. Es curioso y a la vez terrible: nadie, ni siquiera ella misma, parece verla viva.

Están, exclusivamente, en lo suyo. Y en parte tiene lógica porque aquí no gobierna nadie. Ya desde hace tiempo, todo lo que pasa a la izquierda del PSOE se explica en clave de recomposición de un espacio electoral estrechado en votos y estresado por los odios.

Lo mismo ocurre en el resto de la vieja mayoría de investidura. Hay gresca en la izquierda, pelotera entre los nacionalistas catalanes y pendencia entre los vascos. El sanchismo se sostiene, a duras penas como vemos, por los conflictos cruzados que mantienen sus socios.

Aparentan preocuparse por la militarización mientras se ocupan de combatir entre ellos por los restos que deje Yolanda Díaz

El tiempo se acaba porque la realidad aprieta. Tanto que hasta el Presidente lo reconoce. Dice que el mundo es otro, como si en lugar del atril institucional estuviese en un diván. Es un poco sonrojante y bastante adolescente esa costumbre suya de contarnos sus movidas con emociones postizas.

Hacer política es algo más que oscilar entre el papel de matón y el de actor de culebrón. Trabaje, por favor. No me cuente sus rollos. Y, si quiere hablar, hágalo después de pensar un poco en el bien común.

De todas maneras, he aquí la excepción, en esta ocasión sí que hay un buen fondo de verdad en su discurso: el mundo ha cambiado, por eso, con este Gobierno y con este Parlamento no se puede ir a ningún sitio. Elecciones.

En Sumar han decidido no hacer nada y confesarse todo el rato

Elecciones y dilema dentro la extrema izquierda. Por un lado han de fabricar otro vehículo al que subirse en el camino hacia las urnas, ahí el problema consiste en tener más corrientes, plataformas y partidos que militantes. Y, por el otro, nadie quiere cargar con la culpa bíblica de ponerle fin al Gobierno progresista que sostiene el supremacismo de Puigdemont.

En Podemos lo resolvieron a medias. Son el satélite "progresista" más alejado del sanchismo. De vez en cuando amagan, pero giran y giran alrededor del PSOE en el Parlamento. Probablemente, aguantarán. Los revolucionarios de taberna son felices brindando por el principio de iniciativa que, en realidad, les aterra.

Foto: sanchez-compra-tiempo-batalla-montero-diaz Opinión

En Sumar han decidido no hacer nada y confesarse todo el rato. Hacen penitencia por los pecados cometidos por el socio mayoritario de la coalición. Y ponen velitas para que el adelanto electoral no les derribe el chiringuito antes de tiempo.

Asumen que fracasaron en el pasado, cuando tocaba levantar el proyecto. Y no quieren ver el futuro porque no están en él. Viven en el presente con la memoria de los peces, cada tres segundos olvidan las ofensas que les llueven en el Consejo de Ministros.

Y en Izquierda Unida, que tiene espinazo orgánico, buscan lo mejor de los dos mundos. Calculan que salir del Gobierno sin retirar el apoyo parlamentario les otorgaría cierta autonomía, algo de protagonismo en los medios y margen de maniobra para articular la nueva oferta electoral.

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Su movimiento parece natural, pero el factor humano siempre juega, resulta que tienen a una Ministra por ahí perdida que no debe tener mucha intención de cambiar el despacho por la agrupación. Cosas que pasan.

Los peceros tuvieron al menos la pequeña astucia de poner un cepo antes de envidar. Señalaron a Robles y Marlaska por la primera compra de balas armamento a Israel que se hizo pública. El queso es el antisemitismo, claro, esa forma de odio que, desgraciadamente, se propaga con fuerza en la izquierda de nuestro país.

Como consecuencia del ardid, se cobrarán, como mínimo, una sonora colleja al Ministro del Interior. Ya es más de lo que ha puntuado Iglesias y Yolanda en todo lo que va de yerma legislatura. Desde luego, es lo suficiente, como para fijar una posición distinta a la de Díaz.

No tienen mucho que perder: si salen del Gobierno, ganan y, si se quedan cobrándose un éxito, ganan también

Por lo tanto, previsiblemente, perseverarán. No tienen mucho que perder: si salen del Gobierno, ganan y, si se quedan cobrándose un éxito, ganan también. Todo para ponerse en venta al mejor postor de lo que venga después, como llevan haciendo desde años.

Desde hace décadas, la extrema izquierda de nuestro país está secuestrada por una generación que vive del cuento. Son expertos en ganar batallas partidarias y perder elecciones. Son ideológicamente anoréxicos y bulímicos para todo lo maniobrero. Y son, además, cínicos.

Hablan de paz y hacen la guerra contra los compañeros sin dar la cara nunca. Están utilizando un conflicto bélico para ocultar su combate materialista. Su materialismo histórico se ha hecho biográfico: no luchan por el poder, pero están dispuestos a llevarse por delante a quien sea con tal de gestionar la subvención y de mantener el despachito. Yolanda Díaz quiso ser como ellos y ellos la sobrevivirán.

Me llama la atención que no haya convocatoria de las extremas izquierdas para desbordar las calles al son del "No a la guerra". No sé si los recientes chascos en las manifestaciones sindicales sirvieron de vacuna, pero sí que creo que, ya puestos, podrían llamar a VOX y ampliar la movilización. A fin de cuentas, los dos extremos obedecen al deseo de Moscú con pareja sumisión.

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