La evolución de los acontecimientos en Torre Pacheco no es inédita y, por lo tanto, no puede resultar sorprendente. Esto ya pasó hace justamente un año en otro sitio. La plantilla encaja y los hechos merecen ser comparados porque sirven para desvelar el comportamiento de la extrema derecha y la pasividad de la izquierda. Hagámoslo paso a paso.
En Inglaterra, el horror propiciado por el ataque disparó la demanda de información oficial que no se produjo. El vacío generó el caldo de cultivo ideal para la desinformación. La extrema derecha atribuyó, falsamente, los crímenes a un migrante musulmán.
En España, las imágenes del agredido se viralizaron facilitando la circulación de rumores y de mensajes racistas emitidos desde la ultraderecha.
3. Violencia
En Southport, durante la noche del 30 de julio, la vigilia por las víctimas terminó desencadenandoepisodios violentos frente a la mezquita. Está demostrado que grupos ultras participaron en disturbios que fueron escalando.
En Torre Pacheco, durante la noche del 11 de julio, la concentración frente al Ayuntamiento derivó en ataques a jóvenes magrebíes. Cualquiera que tenga un teléfono móvil habrá podido comprobar que grupos ultras comenzaron a dirigirse hacia la localidad con la intención explícita de provocar enfrentamientos mayores.
¿Qué ocurrió después en el Reino Unido? Lo que pretende la extrema derecha española que ocurra en nuestro país: la expansión de la violencia hacia otros municipios, la conversión de una crisis local en una crisis nacional. Ese es el punto en el que nos encontramos.
Si eso se produce, la ola haría inevitable una operación de represión policial de grandes dimensiones que no haría sino reforzar la dinámica revolucionaria, antidemocrática, que la ultraderecha pretende activar en las sociedades occidentales de la mano, por cierto, de Moscú.
¿Por qué? Porque la percepción de que el Estado es incapaz de garantizar la protección de los españoles, convertidos en víctimas de las personas migrantes deshumanizadas, deslegitimaría el monopolio estatal del ejercicio de la violencia y legitimaría a los ultras para hacerse cargo de la seguridad ciudadana. Esa lógica, en el fondo, no es más que una revisión del leninismo llevada a cabo desde el otro extremo.
¿Puede ocurrir lo mismo aquí? Podría porque se dan casi todos los elementos que entran en la categoría de factores desencadenantes: el verano y la noche hacen más propicios los tumultos (vean La jauría humana de Arthur Penn), los alborotadores están en el terreno, la tensión de la actualidad es menor (hay más espacio para el sensacionalismo en los medios convencionales), la circulación de imágenes contundentes y de bulos está descontrolada en las redes sociales, es probable que se perciba como insuficiente o tardía la reacción institucional y, además, no es nada sencillo desplegar la presencia policial necesaria sin que se acreciente la tensión y consiguiente deseo de choque.
Los factores desencadenantes importan, claro. Pero hay otro más importante de cara al riesgo de que el incendio se extienda. El tamaño del depósito del resentimiento social es lo principal. Es mucho más relevante no sólo para analizar estos episodios, también para comprender los razonamientos en lastomas de decisiones del voto y el auge de la extrema derecha que caracteriza a nuestra época.
Nueva noche de disturbios en Torre Pacheco
Soy consciente de que señalar estas cuestiones resulta incómodo para los progresistas biempensantes que desconocen las realidades sociales sobre las que opinan y aplican la superioridad moral del cosmopolita. Es fácil quedarse satisfecho criticando a la extrema derecha cuando el único migrante que ves es el que te trae el sushi a casa.
Se da la circunstancia de que la izquierda española, secuestrada culturalmente por unas élites que disfrutan de unas condiciones de vida privilegiadas, dice defender a la "gente trabajadora" sin saber cómo vive.
En no pocas zonas de nuestro país, se dan todos los factores que podríamos ubicar en las categorías de dominantes y determinantes: condiciones precarias, mucha economía sumergida, elevada presencia de población extranjera, segregación, ausencia de canales de mediación, fuerte degradación del espacio público, grave deterioro de los servicios y seria percepción de inseguridad...
Mientras tanto, los hijos de los dirigentes progresistas van a colegios muy distintos a los centros públicos de Torre Pacheco. Los papis de coche eléctrico que se consideran de izquierdas, critican a la derecha por acomplejarse ante la extrema derecha, cosa que es cierta, mientras cometen una traición ideológica y de clase mayor. Esa y no otra es la verdad.
La verdad, aquí y en el resto de democracias occidentales, es que las capas electorales que históricamente sostuvieron a las formaciones socialdemócratas iniciaron su éxodo movidas por la impresión de abandono.
Ese es el motivo del divorcio y la actual razón de incomprensión mutua. El combo de puteros, depredadores sexuales y proxenetas está produciendo un evidente desgarro de toda la izquierda con el electorado femenino. Pero, por debajo, se abren brechas todavía más difíciles de reparar.
Grande-Marlaska: ''Lo que está ocurriendo en Torre Pacheco es culpa de Vox''
Venir de Wimbledon, como ha hecho Marlaska, a decir que todo es culpa de la ultraderecha es comportarse como un extraterrestre ante quienes viven en los barrios menos atendidos.
La evolución de los acontecimientos en Torre Pacheco no es inédita y, por lo tanto, no puede resultar sorprendente. Esto ya pasó hace justamente un año en otro sitio. La plantilla encaja y los hechos merecen ser comparados porque sirven para desvelar el comportamiento de la extrema derecha y la pasividad de la izquierda. Hagámoslo paso a paso.