Partido Socialista: tres balas para un suicidio electoral
Si el sanchismo no ha tocado fondo demoscópico y no tiene margen para contener todo lo que va a empeorar, no adelantar las generales ofreciendo un candidato diferente es un suicidio electoral
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Isaac Buj)
El curso político comenzará y ninguna de las asignaturas servirá para mejorar las debilidades constantes vitales del Gobierno. Todo empeorará,desde lo judicial a lo parlamentario y el Ejecutivo no tendrá margen de acción. Sin embargo, nada le costará más a Sánchez que cambiar el estado de opinión pública. Apunta a sentencia.
El tiempo que transcurrió entre las vacaciones de Semana Santa y las de verano deja un punto sociológico de ruptura y trae corrientes de fondo. El suelo puede abrirse bajo los pies del PSOE si el presidente no aprovecha el mes de agosto para llamar a urnas y anunciar su retirada. Esto no da para más, tan sólo queda ya la gestión de la derrota.
Los tres resortes de voto pintan mal para el PSOE: hay crítica a la gestión, hay enfado con la corrupción y hay sensación de descontrol con la inmigración. Los españoles estamos preocupados. Y todo eso se acentuó desde abril hasta julio.
La vivienda, la corrupción y la inmigración conforman hoy, según el CIS, el pódium de las preocupaciones de los españoles. Y cada una de estas cuestiones abre una vía distinta de agua para los intereses de los socialistas porque el mismo incremento se ha dado también dentro de su propio electorado.
Comencemos por la primera cuestión. Después de tantos anuncios y en plena subida de los precios, la inquietud por la vivienda es transversal pero especialmente aguda entre quienes deberían estar accediendo a ella por primera vez o entre quienes más expuestos están a la subida de los alquileres.
Evidentemente, sería reduccionista explicar el comportamiento electoral de la juventud española a partir de ese único factor. Hay más, claro. Pero no está de más preguntarse si puede o no puede haber una relación entre la evolución de su principal preocupación y el cambio electoral que se está dandoen ese sector de la población.
En abril, el PSOE era la primera fuerza en intención directa de voto en la capa de 18 a 24 años y también de 25 a 34. Hoy, en ambas, es la tercera.
Primera conclusión: el Partido Socialista tiene un grave problema entre los votantes más jóvenes y no se ve cómo puede dar respuesta a su principal preocupación. No da la impresión de que la alerta frente a la extrema derecha esté teniendo los efectos deseados. El PP sube y el PSOE parece haberse convertido en una fábrica de votantes de Vox.
Pasemos a la siguiente inquietud de los españoles: la corrupción. Sí, se ha disparado en los últimos meses hasta triplicarse. Ahora bien, cuesta dar por seguro que “el pico de la curva” haya quedado atrás. De hecho, es probable que no esté en máximos todavía y que veamos cifras más altas en el próximo otoño.
Más allá de especulaciones, hay algo indiscutible. El torrente de escándalos que afectan al entorno inmediato de Sánchez y su manera personal de gestionar todo lo turbio han provocado un desgarro en la fortaleza histórica primordial de los socialistas. Una de cada cinco mujeres que optaron al PSOE en 2023 no desea repetir su voto.
Segunda conclusión: la quiebra de confianza entre las mujeres y Sánchez es inédita y, ante el horizonte judicial que viene, no se ve ningún remedio para el roto. La sombra de la corrupción que no cesa puede estar facilitando la normalización de la extrema derecha en el público que era más refractario a Vox, en el electorado femenino.
Completemos el pódium de las preocupaciones de los españoles, centrémonos en la también creciente inquietud por la inmigración. Pero hagámoslo atendiendo a las variables socioeconómicas. Vamos a olvidarnos de los que mejor viven y vamos a centrarnos en cómo el problema afecta a las clases que siempre han sido más proclives a respaldar a los socialistas.
Durante los últimos meses, la preocupación subjetiva ha aumentado en todos los estratos sociales, pero muchísimo más entre los más pobres. ¿Por qué? ¿Qué está pasando? ¿Ha aumentado la percepción de inseguridad?
No, a pesar de la enorme potencia de la extrema derecha en las redes sociales, la España que madruga se sentía más segura en julio que en abril. Así que debe haber motivo. Y tiene que ser serio porque, de nuevo, sin querer ser mecanicista, el castigo en intención directa de voto es más que rotundo y lo es, sobre todo, entre los de menos recursos.
La derecha sube en la clase trabajadora por los dos tramos de la escalera, mientras tanto, el PSOE baja nada menos que cinco escalones. En la clase pobre, el descalabro es parecido, pero la brecha resulta mayor. Los parias de la tierra se están marchando a la extrema derecha. En esa capa, los populares están en condiciones de rebasar los socialistas y los de Abascal no están demasiado lejos de duplicar a los de Sánchez.
Tercera conclusión: no es la inseguridad, no, es la angustia identitaria. Crece en nuestro país como creció antes en los países de nuestro entorno. Y crece a mayor velocidad entre los votantes que se saben y sienten menos protegidos. El discurso socialdemócrata del multiculturalismo no funciona y no se ve al sanchismo formulando a corto plazo una alternativa capaz de dar respuesta al desasosiego.
Recapitulemos:
1-. El PSOE está perdiendo pie en el electorado más joven y la “agenda social” que pretende lanzar a partir de septiembre no cerrará la fuga porque no dará respuesta a la cuestión de la vivienda que es el problema primordial.
2-. Sánchez no está en condiciones de recomponer la relación de las mujeres con el Partido Socialista y la estrategia de “empatar en corrupción con el PP” sólo puede servir para empeorar las cosas porque los escándalos irán a más y el veredicto social de culpabilidad aumentará.
3-. El Partido Socialista tiene un problema con la inmigración y cerrar los ojos no ayudará a resolverlo. Se puede estar preocupado por la situación sin ser un fascista, muchos votantes de ese partido lo están, pero no encuentran una respuesta tranquilizadora.
4-. Si el sanchismo no ha tocado fondo demoscópico y no tiene margen para contener lo que va a empeorar, no adelantar las generales ofreciendo un candidato diferentees un suicidio electoral. Tan seguro como jugar a la ruleta rusa con el tambor del revólver lleno de munición. Hoy hemos hablado de tres balas, hay más.
El curso político comenzará y ninguna de las asignaturas servirá para mejorar las debilidades constantes vitales del Gobierno. Todo empeorará,desde lo judicial a lo parlamentario y el Ejecutivo no tendrá margen de acción. Sin embargo, nada le costará más a Sánchez que cambiar el estado de opinión pública. Apunta a sentencia.