Por un lado, todos los frentes que tiene abiertos el Gobierno apuntan a empeorar. Por el otro, no puede recuperar la iniciativa porque está a expensas de acontecimientos que no puede controlar
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Chema Moya)
No soy muy amigo de las encuestas llevadas a cabo a finales de agosto ni a principios de septiembre. Hace años me enseñaron que el clima social no está suficientemente asentado. Por lo tanto, esperaré a las que se publiquen dentro de un par de semanas.
Sin embargo, sí considero que los recientes sondeos de Sociométrica y Sigma2 permiten extraer una conclusión preliminar: en lo concerniente a la opinión pública, no parecen haberse dado grandes movimientos. Básicamente, las cosas están donde estaban y un pequeño análisis prospectivo invita a anticipar que septiembre no favorecerá los intereses del PSOE.
Históricamente, como en cierto modo ocurre con enero, suele ser un mes áspero para quien ostenta el poder político. Muy frecuentemente, la vuelta al trabajo y el principio de curso acrecientan el tono depresivo en el ánimo social, tienden a generar mayor desánimo y a elevar tanto la crítica como el malestar.
Esa ley no escrita en los manuales de sociología electoral puede adquirir mayor relevancia en unas circunstancias como las actuales. Los votantes socialistas están muy lejos de cualquier sentimiento cercano a la ilusión. Su lealtad está en mínimos: sólo 6 de cada 10 aguantan la posición. Y esa es, sin duda, la cifra que más debe preocupar en Moncloa.
Además, están las circunstancias de coyuntura. Tampoco en ellas hay motivos para el optimismo. Por un lado, ninguno de los frentes que tiene abiertos el Gobierno tiene visos de mejorar y todos apuntan a empeorar. Por el otro, no termina de verse la opción de que Sánchez recupere la iniciativa, se encuentra a expensas de acontecimientos que no puede controlar.
Comencemos por fijarnos en las tres cuestiones que previsiblemente ocuparán el primer plano de la atención de la opinión pública durante las próximas semanas:
El hecho de que los jueces se fuesen de vacaciones durante agosto no implica que los problemas vayan a esfumarse. Lo más probable es que todo lo abierto empeore y que se abran nuevas causas.
En los mentideros circula el verosímil rumor de que septiembre no vaya a ser tan terriblecomo todo el mundo auguraba. Hoy se dan menos opciones a que pueda darse a cortísimo plazo una lluvia de informes de la UCO y se apuesta a que octubre será el mes verdaderamente duro.
De ser cierta, esa variación no sería más que un alivio provisional que en nada serviría a los socialistas en su intento de recuperar el control de la conversación nacional. Creo que veremos novedades. Doy por hecho que la corrupción seguirá marcando la actualidad. La cornada está abierta y no tiene cierre posible. Irá a más, hasta el final.
No irá a menos, sino a más. Entre otros motivos porque también estará afectada por la corrupción, durante este otoño pueden generarse noticias que hagan el trágala inviable para los socios de la mayoría de investidura.
Veremos si el Gobierno termina cumpliendo el mandato constitucional de mandar los Presupuestos: si reincide la evidencia de ingobernabilidad será todavía mayor y si lo hace el coste puede ser mayor.
En el paisaje actual, el apoyo parlamentario sólo se puede obtener pactando cesiones tan grandes que, inevitablemente, desincentivarán al electorado socialista. La humillación será tan grande para Sánchez que su imagen pública sufrirá un nuevo descalabro en toda España salvo en Cataluña. La negociación de los presupuestos en esa comunidad tampoco ayudará a facilitar las cosas. Puigdemont está ahora en condiciones de sacar grandes réditos políticos y simbólicos en los dos tableros, después vendrá la sentencia europea sobre la ley de amnistía.
Y, si Sánchez no obtiene luz verde a los PGE, toda su ganancia consistirá en contar con un motivo relativamente ortodoxo para convocar elecciones. Puede que esa sea su idea, la ejecutaría con la corrupción política del sanchismo en todo lo alto, después de años y años sin presupuestos para el país.
3-. La inmigración
La tercera preocupación de los españoles -también de los socialistas- está ya en el rango de las asignaturas troncales. Habrá semanas con mayor o con menor protagonismo, pero determinará muchas decisiones de voto.
Hoy la situación es crítica en Canarias y Baleares. En unas semanas, mejorarán las condiciones de navegación. En todo momento, los privilegios de Cataluña y País Vasco acrecentarán la idea de abandono.
Además, cualquier circunstancia con visos de viralizarse analógica y digitalmente será aprovechada por Vox que ha encontrado en este asunto una grieta para penetrar en las clases bajas y penetrar en una capa históricamente más favorable a la izquierda.
Durante este mes pueden aumentar las sensaciones de descontrol en la frontera, falta de solidaridad territorial, abandono de los barrios populares, impresión subjetiva de inseguridad y angustia identitaria. Si alguien piensa que todo ese magma sólo perjudicará al PP es porque vive fuera de la realidad.
A continuación, mencionaremos brevemente otras tres cuestiones que pueden pasar del segundo al primer plano de la conversación nacional rápidamente y que también son perjudiciales para los intereses del Gobierno:
1-. Otro desastre natural, por ejemplo, propiciado por la gota fría, acrecentaría la ya arraigada impresión de que España está dejando de funcionar.
2-. Una nueva ola de subida de precios, estando como estamos en plena crisis arancelaria, aumentaría el empobrecimiento de las clases medias.
3-. Cualquier crisis internacional no haría sino visibilizar con más definición el descalabro de la imagen exterior del presidente y la consiguiente irrelevancia de España.
¿Cómo puede remediar esto Pedro Sánchez? Malamente…
A/ La agenda de "políticas progresistas" se enfrenta con la presencia de la derecha en la mayoría de investidura y con el hecho indiscutible de que este Gobierno lleva ya mandando siete años. Los retrocesos en vivienda, igualdad de género y políticas de bienestar no van a solucionarse con propaganda.
B/ Una crisis de Gobierno serviría para alterar la conversación durante unos días, en pocas semanas el efecto se habría difuminado. Este es el Gobierno más personalista que ha tenido la democracia española. El problema de credibilidadestá donde está, en el líder.
C/ Embarrar el tablero, favorecer a Vox y tratar de empatar en corrupción con el PP no ha dado los frutos deseados hasta ahora y no hay motivo para que esto cambie. Si alguien ha normalizado a la extrema derecha es Sánchez. En España el miedo a que la extrema derecha pueda formar parte del Gobierno es menor al miedo de que Sánchez siga de presidente.
Este otoño viene cargado con tres bolas de partido muy, muy, muy difíciles de remontar: Presupuestos en septiembre, corrupción en octubre y sentencia europea sobre la amnistía en noviembre. Todo lo que no sea una dimisión de Sánchez como presidente, secretario general y candidato del PSOE sólo puede terminar siendo letal para los socialistas.
No soy muy amigo de las encuestas llevadas a cabo a finales de agosto ni a principios de septiembre. Hace años me enseñaron que el clima social no está suficientemente asentado. Por lo tanto, esperaré a las que se publiquen dentro de un par de semanas.