La población española parece tener menos ganas de que crezca la extrema derecha que las terminales mediáticas sanchistas. Las marionetas se pasaron el verano entero diciendo que cada acontecimiento supondría un trampolín electoral para VOX. Todo les iba a propulsar a los ultras, desde Torre Pacheco a los incendios, pero el subidón no ha llegado a verse reflejado en los sondeos.
Están algo mejor de donde estaban, no más de dos puntos, en la zona alta de su arco natural que está ubicada en el entorno del 15%. Evidentemente, los de Abascal no son una fuerza menor y parecen bien asentados. No seré yo quien promueva la normalización de ningún extremo. Ahora bien, sí que puede ser pertinente poner un poco de contexto. Abramos el foco.
En todo occidente se dan hoy condiciones materiales y culturales que favorecen a la ultraderecha. Además, todos esos partidos están organizados. Como si fuesen franquicias, se pasan el manual de unos a otros con mensajes y tácticas que son indistinguibles en Budapest o en Madrid. Y no les va mal.
En España, se dan un par de factores adicionales para calentar la temperatura del caldo de cultivo que beneficia a la extrema derecha. El primero, la composición de una mayoría con comunistas y destituyentes, encima, con un brote severo de presunta corrupción en el entorno inmediato del presidente. Y el segundo, un ascenso de la cuestión migratoria más tardío que en el resto de naciones.
Sin embargo, a pesar de todo, Vox no logra obtener las cifras que sí están logrando sus naciones hermanas en los países más cercanos. Comparemos sus resultados con los cosechados por las organizaciones políticas hermanas.
Salvo en España donde Vox es tercero, la extrema derecha ostenta la primera posición de las encuestas en todos los países de nuestro entorno. Podríamos haber incluido más datos que demuestran la mayor competitividad electoral de las formaciones ultra en otras naciones europeas -Bélgica, Holanda, Suecia, Hungría, Rumanía…-. Pero creemos que un gráfico de ese tamaño ya es suficientemente explícito.
¿Por qué no ocurre aquí lo que sí pasa en los demás lugares? Probablemente, dos factores sobresalgan sobre el resto a la hora de encontrar una explicación.
El primero de ellos podría ser de carácter histórico y demográfico. Aunque sea a duras penas, el bipartidismo resiste porque nuestra transición sigue gozando de cierto prestigio dentro de los votantes mayores de 50 años. Seguramente, cualquier partido socialista europeo se cambiaría por este PSOE y cualquier partido popular del continente se cambiaria por este PP.
El segundo motivo podría estar relacionado con la crisis exacerbada de los liderazgos. En todas las democracias avanzadasfaltan líderes capaces de generar confianza en la ciudadanía, pero la carencia todavía es más aguda en España. Ninguna de las formaciones políticas de nuestro país puede hoy presumir de primer espada. Todos tienen distintos problemas y el de Vox, desde luego no es una excepción.
Comparar a Abascal con Meloni o con la alemana Weidel resulta tan risible como poner a Buxadé junto a Jordan Bardella. Parece difícil de discutir que, en su conjunto, la dirección política de Vox no está capacitada para recoger el clima de impugnación que hay en España.
Y no lo están porque, además de esforzarse poco, están poniendo sobre la mesa una oferta electoral llena de caspa. Son antiguos y se muestran distantes de la realidad. Por consiguiente, dan para lo que dan y hasta aquí. En las circunstancias más propicias, podrán coger algo de vuelo coyuntural, pero sin lograr un avance estructural.
Veremos lo que pasa si la agenda judicial vuelve a eclipsarlo todo, lo que ocurre si el PP empieza a cosechar una cadena de mayorías absolutas en los distintos territorios o lo que se desencadena si se abre el escenario de que Feijóo pueda reproducir el arreón final de Juanma Moreno Bonilla a arrasar en Andalucía.
Yo tengo firme la intuición de que Feijóo podría crecer mucho más si abriese más decididamente su oferta hacia la centralidad. Pero tengo ojos, veo lo que está pasando en Europa donde la ultraderecha está en máximos, veo como España se está derechizando y, al menos hasta el momento, no tengo elementos para rebatir que el Partido Popular está siendo eficaz para contener el crecimiento del competidor en su extremo político.
En España se dan las todas las circunstancias -y algunas más- que se han dado en otras naciones para que la extrema derecha se propulse. VOX no está siendo capaz de aprovecharlas, pero Aliança Catalana sí.
El tan cacareado ascenso de la extrema derecha que auguraban y cebaban los sanchistas ha terminado saltando en Cataluña porque ese proyecto funciona mejor y porque Silvia Orriols le da sopas con onda a Santiago Abascal.
La ultraderecha catalana es menos "catolicona" que Vox en el ámbito de los valores y más liberal en lo económico, es igual de xenófoba pero concentrada en la islamofobia, es menos eurófoba porque está más en lo suyo, es más identitarista porque es etnicista y, como consecuencia, más beligerante y más victimista. Conclusión: está mejor afilada.
En realidad, puede sostenerse que los de Orriolshan levantado una fuerza bastante comparable a la extrema derecha de Flandes. Las dos formaciones promueven la independencia, explotan la paranoia contra la capital y los magrebíes, incluso cuentan con bases electorales y públicos objetivos semejantes.
Está por ver si también confluyen estratégicamente. Aliança Catalana ha prometido que no saltará a las elecciones generales. Los ultras de Vlaams Belang sí lo hicieron y obtuvieron la primera posición en su territorio con el 26%.
Si eso termina sucediendo aquí, la extrema derecha catalana podría obtener tranquilamente 7 diputados y reventar definitivamente cualquier opción de investidura para la izquierda.
Y si se quedan en Cataluña, la cadena de consecuencias podría tener un amplio impacto sobre toda la política española. Cataluña entraría en un escenario de completa ingobernabilidad y no parecen pocas las opciones de que Junts termine siendo rebasado.
Las cosas están cambiando. No sé si a Puigdemont se le está terminando la paciencia, pero sí veo que se le está acabando el tiempo. Aprobar los Presupuestos de Sánchez sería un suicidio electoral, ese respaldo está cerca de la sepultura. Y luego, aparte, viene todo lo demás. Lo único que no haremos en todo el curso político será aburrirnos.
La población española parece tener menos ganas de que crezca la extrema derecha que las terminales mediáticas sanchistas. Las marionetas se pasaron el verano entero diciendo que cada acontecimiento supondría un trampolín electoral para VOX. Todo les iba a propulsar a los ultras, desde Torre Pacheco a los incendios, pero el subidón no ha llegado a verse reflejado en los sondeos.