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El colmo: manosear el aborto para taparse las vergüenzas
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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El colmo: manosear el aborto para taparse las vergüenzas

Sánchez, desde su pequeñez patriótica y su incapacidad política, desea meternos en contiendas del pasado que ya libraron y ganaron líderes mejores que él

Foto: Pedro Sánchez y Óscar López. (EP)
Pedro Sánchez y Óscar López. (EP)
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Recuerdo, como si fuera ayer mismo, la mañana en que Varela me transmitió su tesis sobre la diferencia entre el voto femenino y el voto feminista. El día era agradable y la conversación fue densa, imposible de comprimir. He pensado en aquella charla varias veces esta semana, cada vez que me preguntaron si el sanchismo vuelve al aborto porque busca el voto de las mujeres. Respuesta: no.

Y lo mismo podría decirse de Palestina respecto a los jóvenes o de la próxima y previsible campaña de resurrección franquista y los mayores. La sociología electoral no es un piano, no basta con pulsar una tecla una vez para obtener el efecto deseado. Otra cosa bien distinta es la actualidad política. En ese ámbito, menos complejo y más mecánico, si operan más los automatismos activados desde un poder obsesionado con el control de los medios.

La emisión gubernamental de asuntos que mantienen dando vueltas a la rueda de la crispación responde a esa dinámica. Y tiene el propósito de mantener como sea al bloque de votantes dentro del redil en un momento de máximo hedor presidencial. Y, como funciona, la estimación del Partido Socialista no se desploma en las encuestas respetables aunque haya notado el mordisco.

Como la tarea de mantener convencida a la base electoral sanchista de que la alternancia política es menos deseable que el hecho de que puedan delinquir los propios es complejita, se hace precisa la renovación constante de razones artificiales para el miedo y el para el odio. Y nunca se desaprovechan los errores no forzados que comete el adversario, tal y como ha ocurrido con la cuestión del aborto.

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Es evidente que Almeida cometió una torpeza más que impropia de un competidor de primer nivel. Da igual que se diese cuenta pronto. Si algo no se puede justificar en cualquier partido, es un fuego amigo y encima cerril.

A partir de ese momento, la maquinaria sanchista decidió, nada menos, que proclamar el advenimiento de una crisis constitucional. La envergadura del anuncio se explica por los umbrales de tolerancia que tiene su público. Las novedades han de ser cada vez más sonoras y rimbombantes para poder captar su atención.

Pasemos por alto su oportunismo porque, a estas alturas, equivale a subrayar que la fuerza de la gravedad existe. Y centrémonos en la reforma de la Carta Magna. ¿Saldrá? No. Instrumentalizan el asunto para ganar unos días hasta que haya un nuevo tema que meter en la centrifugadora del debate público. Y, justo en ese uso, es donde se ve el compromiso que guarda este Secretario General socialista con la causa feminista.

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Si hay un presidente carente de autoridad moral en todo lo que concierne al feminismo, es Sánchez. Bajo su Gobierno ha retrocedido la igualdad entre hombres y mujeres en todo lo material; el movimiento ha quedado dividido y desprestigiado, centenares de delincuentes sexuales han salido a la calle; las más vulnerables se pueden haber visto desprotegidas por un error con la compra de pulseras que no se quiere explicar… Todo eso mientras "Carlota se enrolla que te cagas" y antes bajar la cabeza en sede parlamentaria tras la acusación de ser "beneficiario a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución". Manosear un derecho consolidado para taparse las vergüenzas es un ejercicio más de cinismo y desprecio a las mujeres. Dos rasgos característicos y constantes del sanchismo.

La sociedad española convive pacíficamente con el derecho al aborto. Las mujeres que impulsaron aquella conquista merecen nuestro reconocimiento y hacen bien en recordar la verdad de los hechos tal y como sucedieron. Es verdad que los conservadores se resistieron mucho, tal y como ha ocurrido con todo este tipo de avances. Y, sí, es cierto que la derecha llegó tarde y que necesitó más tiempo del necesario para digerirlo. Ahora bien, terminó por asumirlo hace muchos años. Tanto fue así, que, hace ya más de una década, un intento de retroceso le terminó costando la cabeza al propio Gallardón que entonces contaba entre los cisnes blancos a liderar el PP.

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Sánchez, desde su pequeñez patriótica y su incapacidad política, desea meternos en contiendas del pasado que ya libraron y ganaron líderes mejores que él. Por eso, la película que quiere proyectar ahora desde la Sala X en la que ha convertido a TVE para convencer a sus votantes de que está en peligro ese derecho es de ciencia ficción y distópica.

La realidad es otra. Los españoles tenemos que soportar a un Gobierno, anegado por los escándalos, que agita las aguas tranquilas, en lugar de calmar las aguas agitadas. Esa es la tragedia. A su lado, existe el pequeño drama de que nuestra Constitución sea prácticamente imposible de reformar. No es el peor de nuestros males. Visto con cierta perspectiva, esa dificultad podría ser un remedio para superar la adicción a la polarización ahora que las verdaderas urgencias llevan tiempo estancadas.

Están bloqueadas por la política de alianzas sanchista y por su propia forma narcisista de concebir la política, pero no dejan de ser emergencias. Nadie puede dudar de que es necesario actualizar el modelo territorial o la sucesión a la Corona. Y nada podrá empezar a cambiar hasta que termine este tiempo tan poco productivo y tan hostil.

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Sin embargo, ya perdí la cuenta de todas las veces en las que este Presidente anunció reformas constitucionales inminentes, creo que ya van tantas como viviendas construidas para mañana mismo. La cadena de acontecimientos que va después siempre es igual: la oposición se distrae, los expertos se enfrascan en absurdos debates sobre su impacto legal, los tertulianos se tiran los trastos a la cabeza y, en cuanto empieza a bajar la cosa, siempre hay alguien salvaje que se salta todos los límites para provocar al contrario y que el tema gane vuelo. Ahora le ha tocado a Ayuso, veremos si sigue en el anzuelo.

Dentro de poco tiempo, el poder político encontrará otra ficción para enfrentar a los españoles y la rueda de la actualidad política girará de nuevo. Ya veremos lo que dicen los números. Ningún Gobierno puede controlar la actualidad política siempre y, menos todavía, todos los acontecimientos.

Recuerdo, como si fuera ayer mismo, la mañana en que Varela me transmitió su tesis sobre la diferencia entre el voto femenino y el voto feminista. El día era agradable y la conversación fue densa, imposible de comprimir. He pensado en aquella charla varias veces esta semana, cada vez que me preguntaron si el sanchismo vuelve al aborto porque busca el voto de las mujeres. Respuesta: no.

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