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Más es menos: corrupción y valoración de Sánchez
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Más es menos: corrupción y valoración de Sánchez

La confianza se ha quebrado y no hay ejército de expertos, asesores y cirujanos capaz de remediar el roto

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (Europa Press/Jesús Hellín)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (Europa Press/Jesús Hellín)
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La idea parece ir a contracorriente de la época, pero está históricamente demostrada y el propio recorrido del PSOE así lo corrobora. El funcionamiento democrático no sólo hace más competitivos a los partidos políticos, también les protege de las inclemencias. Pero con el cesarismo sucede exactamente lo contrario, las siglas terminan atadas al destino cruel que acaban sufriendo este tipo de líderes.

En ese trance se encuentra el Partido Socialista actual. La presencia anterior de órganos deliberativos y de mecanismos de control facilitaba la toma de decisiones racionales. Pero su vaciado actual impide a la organización actuar en defensa propia, esto es, ponerse a salvo de la enorme sombra de corrupción que persigue al secretario general. Nada ni nadie puede moverse mientras toda la estrategia aplicada consiste en defender al líder a costa de que el conjunto quede arrasado.

El descrédito para la marca está siendo incalculable y la factura llegará pronto. Más todavía porque la propia decisión de situar al frente de cada federación a una pieza sanchista añadirá un coste adicional en las urnas. La orden de sembrar los distintos territorios de paracaidistas íntimos nunca respondió al objetivo de superar el desastre en las autonómicas de 2023 y siempre podrá analizarse desde la intención de mantener el control orgánico tras una más que probable derrota a escala nacional.

Sin embargo, hay un descrédito mayor al del partido y además perentorio porque no va a detenerse. La confianza se ha quebrado: la imagen del "puto amo" está hecha añicos, su valoración se está desplomando en esta legislatura y no hay ejército de expertos, asesores y cirujanos capaz de remediar el roto.

Foto: pedro-sanchez-aniversario-legislatura-moncloa-1hms Opinión
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Esta misma semana, 'La Razón' ha publicado un sondeo elaborado por NC-Report cuyas tablas están llenas de agujeros negros para los socialistas, sobre todo en lo concerniente a la valoración de un líder que está sistemáticamente por debajo de las evaluaciones a Feijóo. A continuación, destacaré los tres aspectos que considero más preocupantes…

Primero, la valoración entre los más jóvenes (18 a 29 años):

  • Feijóo 4,2
  • Sánchez: 3,8
  • Abascal 3,7

(Sólo una décima por encima del líder de Vox)

Segundo, la valoración entre los más veteranos (mayores de 65):

  • Feijóo 4,6
  • Sánchez: 3,8

Tercero, la valoración por recuerdo de voto en 2023:

  • Votantes del PP a Feijóo: 7,3
  • Votantes del PSOE a Sánchez: 5,9
  • Votantes de Vox a Abascal: 7,6
  • Votantes de Sumar a Yolanda Díaz: 6,1

(Si todo el mundo da por muerta a Yolanda Díaz teniendo un 6,1 entre sus electores… ¿Qué podría decirse de Sánchez si recibe menos puntuación entre los suyos?)

Foto: pedro-sanchez-psoe-elecciones-liderazgo-1hms Opinión
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Hace falta tener descaro para decirle a un cliente político que sacarse una cuenta de TikTok o ponerse una camiseta con la que se da imagen de divorciado de mediana edad metido en local de perreo es la cura de todos los males con los jóvenes. Ni la estética ni la cosmética son curativas, aunque valgan para distraer un poco el foco de donde sí que están los males de verdad.

Después de siete años gobernando, resulta inédito que un presidente del Gobierno no tenga nada a lo que echar mano para defender su gestión, salvo un discurso triunfalista emitido desde una galaxia muy lejana a la realidad de nuestro país. Todavía es más sangrante cuando ya ni siquiera se dispone de la capacidad de legislar porque la mayoría de investidura ya no existe y la legitimidad de origen puede ponerse en entredicho. Lo único que todo el mundo recordará de estos años tan yermos es la ley de amnistía, no hay otro punto suficientemente memorable en todo lo que va de legislatura.

Pero, además, resulta que el presidente tiene un problemita con la presunta corrupción en su propio entorno que comenzó a rodar como una bola de nieve y ahora presagia aludes en distintas laderas de la montaña. El descenso es fuerte y la posibilidad de marcha atrás no existe.

Si nos abstraemos de las oscilaciones demoscópicas y hacemos el ejercicio de tomar los datos que Sociométrica elabora para 'El Español' para colocarlos en la línea de tiempo como hicieron en ese medio, veremos hasta qué punto el desplome de la imagen de Sánchez está ligado al combo de gestión ausente y corrupción omnipresente. Estos son los porcentajes de popularidad del presidente

  • Investidura (noviembre 2023): 39.6
  • Detención de Koldo (febrero 2024): 37,3
  • Caso Begoña, Sánchez y sus cinco días de reflexión (abril 2024): 33,8
  • Aprobación de la ley de amnistía (mayo 2024): 32,6
  • Primavera marcada por la corrupción -grabaciones sórdidas, avance del caso Begoña Gómez y entrada de Cerdán en prisión- y el caos del apagón (junio 2025): 27,2
  • Otoño marcado por la corrupción -fiscal general del Estado, cloacas…- y ruptura de Junts con el PSOE (noviembre de 2025): 25,1%.

Quiere el azar que escriba este texto según comienza a hacerse público otro informe de la UCO, nadie considera que será el último y lo mismo algún lumbreras le propone a Sánchez teñirse de rubio.

Según avanzan los acontecimientos, se entiende lo que yo considero que es una operación a gran escala para impedir el normal funcionamiento del Estado. Y se comprende además, el sentido de la apuesta por levantar un muro entre españoles que Sánchez plasmó en su discurso de investidura. El muro es más que una frontera y que una trinchera para enfrentarnos, es una muralla construida para impedir que los suyos puedan salir, dentro de la que se proyecta una realidad virtual a través de RTVE.

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Pero los datos ahí están, hay fugas. Según NC-Report, más de 900.000 electores socialistas emigran hacia el conjunto de la derecha. Y luego está lo que no puede medirse y augura la caída de valoración que sufre Sánchez: el riesgo cierto de que muchos de los que votaron al PSOE opten por no ir al colegio electoral y lleven a cabo una abstención punitiva.

En cualquier partido democrático, cruzando la sociología y el análisis político, se estaría reflexionando porque todo parece indicar que el secretario general parece ser un pesado lastre para toda la formación, se buscaría la manera más racional de llevar a cabo un relevo. En este Partido Socialista, el cesarismo ha desactivado al instinto de supervivencia. Por eso puede temerse que quien está en una fuga hacia adelante conduzca al conjunto hacia el suicidio orgánico.

La idea parece ir a contracorriente de la época, pero está históricamente demostrada y el propio recorrido del PSOE así lo corrobora. El funcionamiento democrático no sólo hace más competitivos a los partidos políticos, también les protege de las inclemencias. Pero con el cesarismo sucede exactamente lo contrario, las siglas terminan atadas al destino cruel que acaban sufriendo este tipo de líderes.

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