Cuando digo "todos", me refiero directamente a todos los hombres del Presidente. No puedo hacer excepción porque ninguno de ellos ha salido de un silencio que considero repugnante. He de generalizar porque la acumulación de los años ha dejado probado un patrón en la forma de ejercer el poder hiperpersonalizado, endogámico y a todas luces misógino. Además, a esas constantes, tienen que añadirse presuntas actividades sexuales pagadas con dinero sucio.
En el sanchismo, el desprecio al feminismo y la vejación a las mujeres comenzaron hace mucho. En realidad, desde el kilómetro cero, con las primarias de 2014 sobre las que siempre han existido sospechas. Ya es mala suerte que ninguna haya estado en el núcleo del proyecto, que muchas de ellas hayan sido utilizadas como escudos humanos de los problemas del líder y que no haya otro sector más purgado en el partido que el de las partidarias de la igualdad. Esa bandera y todo lo que representa, todo lo que fue patrimonio del PSOE, ha sido maltratado y pisoteado.
Y, por eso, no hay quien pueda tratar el "Caso Salazar" como un asunto aislado y desgraciado. Encaja con todo lo demás, igual que cada novedad que se va conociendo parece encajar con cada punto del manual del acosador. Un presunto abuso que pudo haber sido perpetrado desde una posición jerárquicamente superior. Me siento en la necesidad de recordar que el acoso a las mujeres desde una posición de poder es una expresión de la violencia de género.
Además, considero que he de subrayar el peligro para la integridad de todas las mujeres que implica la vergonzosa respuesta de Moncloa y de Ferraz. Si el posible acoso no se trató en serio y con contundencia en el Gobierno y en el primer partido de la izquierda, si resulta posible que un acosador pueda salir impune entre quienes deberían ser más vigilantes, se envía a la sociedad un mensaje directamente letal.
Si ellas no se sintieron seguras para denunciarle en Presidencia y si el partido no reaccionó como debió hacerlo, imaginemos la desprotección que siente ahora cualquier otra trabajadora en una situación igual o peor. Pongámonos en la piel de una reponedora del supermercado acosada por su jefe. ¿Qué hace? A este tipo de consecuencias me refiero cuando digo que ningún periodo de nuestra democracia ha hecho más daño al feminismo que el del sanchismo.
Hay personas con las que uno no debe sentarse nunca. Nunca, bajo ninguna circunstancia. Nunca, por muy importantes que sean. Por este motivo, al menos hasta el cambio de Secretario General y de esta Ejecutiva, negaré al PSOE cualquier autoridad moral en materia de igualdad.
Jamás creí que vería a la Vicesecretaría General y a la Secretaria de Organización del Partido Socialista quitándose de en medio y cargándole un asunto de esta gravedad a la Secretaría de Igualdad. No, este no es un problemita de unas cuantas mujeres. No es así. Esta es una crisis que afecta a la organización en su conjunto.
Quiero expresar mi rechazo explícito al comportamiento de María Jesús Montero en su doble condición de Vicesecretaria General federal y de Secretaria General del Partido Socialista en Andalucía, al que pertenece Salazar. Me consta que su gestión no ha sido precisamente ejemplar. No sé si llegará a saberse todo, pero sí que sé que ella ha jugado a normalizar y a amedrentar. Enjuague. Esa es mi información.
Y esta es mi opinión: política, social y moralmente, su posición es tan insostenible como la de Rebeca Torró y Anabel Mateos, cuyos nombramientos, por cierto, no fueron ajenos a la influencia del propio Salazar. Ninguna de las tres debería seguir en su puesto el próximo lunes.
Lo menos grave de todo son las consecuencias que habrá en el voto de las mujeres. Este no es un problema electoral, esta es una crisis de confianza acumulada durante mucho tiempo pero que está emergiendo ahora. Estamos ante la factura de una forma específica de ejercer el poder y de muchas decisiones posibles concretas que provocaron una triple fractura.
La primera fue ideológica. Todo lo que se levantó desde los años ochenta, toda la sólida tradición feminista, respondió a un compromiso y al empeño de muchas socialistas valientes. Fueron ellas quienes dotaron al PSOE de una cultura política que permitió al resto de generaciones de mujeres la adquisición de su sujeto político y la superación de su función de apéndice retórico. La sustitución del feminismo igualitario por el identitario de Podemos que propició Sánchez fue una ruptura con el legado propio.
La segunda fractura fue humana. Las feministas históricas, a las que yo tuve el honor de ver luchando y legislando, fueron silenciadas primero y apartadas después. Algunas directamente expulsadas, otras desplazadas de los espacios de decisión y todas tratadas con una imperdonable desconsideración. Esa otra purga masiva, sobre la que apenas se ha hablado, dejó al socialismo español huérfano de referentes, descapitalizado, desmemoriado y socialmente deslegitimado.
Y la tercera fue estratégica. Sin ideología y sin referentes, el PSOE que antes lideraba se transformó en el sanchismo obediente al identitarismo, al populismo de Podemos. Renunció a la coherencia analítica y al tesón en la conquista de derechos, para someterse a una lógica individualista que diluía la propia categoría de "mujer". Perdió la visión de conjunto y entregó su autonomía política. Y esa entrega llevó a muchas feministas a pensar que el PSOE dejó de saber quién era y de pensar en lo que quería.
La desafección electoral del voto femenino que ahora pretende tratar el PSOE con torpes estrategias de marketing tiene su origen en esas tres fracturas. Ha sido potenciada por toda la sordidez que emanan los presuntos casos de corrupción que afectan al entorno de Sánchez. Y está siendo retroalimentada por la gestión del escándalo Salazar.
Tiene que haber ceses o dimisiones, no hay otro remedio. Ya. Si el Secretario General y sus máximos cargos en la Ejecutiva Federaldejaron desamparadas a mujeres que denunciaron un acoso llevado a cabo desde una posición de poder, todo lo que no sean consecuencias políticas agravará la pérdida de confianza hasta hacerla añicos.
Cuidado, ninguna paciencia es infinita. Hay demasiado daño acumulado. Son muchas, son muchísimas, las mujeres que llevan demasiado tiempo pensando en dar la espalda a las siglas y el equipaje ya está hecho.
Cuando digo "todos", me refiero directamente a todos los hombres del Presidente. No puedo hacer excepción porque ninguno de ellos ha salido de un silencio que considero repugnante. He de generalizar porque la acumulación de los años ha dejado probado un patrón en la forma de ejercer el poder hiperpersonalizado, endogámico y a todas luces misógino. Además, a esas constantes, tienen que añadirse presuntas actividades sexuales pagadas con dinero sucio.