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Extremadura 21-D: la competición electoral en la izquierda
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Extremadura 21-D: la competición electoral en la izquierda

A diferencia del PSOE, Podemos sí está llevando a cabo un desempeño profesional en esta campaña. Saben lo que quieren. Tienen cuadros, cuentan con una oferta nítida y con una buena candidata

Foto: Irene de Miguel ante los medios. (EFE/Jero Morales)
Irene de Miguel ante los medios. (EFE/Jero Morales)
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En las últimas elecciones autonómicas, la izquierda extremeña alcanzó el 46% de los votos. Según los sondeos actuales obtendría, aproximadamente, el 37%. La caída del bloque, en poco más de dos años, es notable. Y, además, se altera el equilibrio de fuerzas. Los socialistas caen a plomo en las encuestas —puede que todavía sin tocar fondo— y los de Podemos mejoran en sus expectativas con una tendencia creciente. Si los pronósticos se confirman, cristalizará un cambio profundo en una de las regiones más progresistas de España.

La transformación responde a la derechización que se está dando en todas las naciones occidentales y a factores de carácter nacional. Pero también a motivos propios. Y el primero podría ubicarse en la figura de Guardiola: su gestión al frente del Gobierno autonómico no ha generado rechazo en el conjunto de la población y la valoración de su liderazgo está lejos de ser muy negativa.

Con el PSOE y su cabeza de cartel ha ocurrido exactamente lo contrario. Están sufriendo en esta campaña electoral porque tienen cuatro crisis que se retroalimentan entre sí: de marca, de recursos humanos, de líder nacional y de líder regional. Sólo una ciclogénesis de este tipo puede hacer viable que las siglas históricamente hegemónicas en Extremadura puedan perder, en poquísimos años, 1 de cada 3 escaños.

En estos momentos, los socialistas tienen abiertas vías de agua hacia todas las posibles direcciones y no parecen capaces de repararlas. Están perdiendo un 15% hacia la derecha —con una inquietante transferencia del 5% a Vox—, un 16% hacia la indecisión o la abstención y no menos de un 5% hacia la extrema izquierda.

Foto: psoe-extremadura-caida-electoral-1hms Opinión

Todas esas distintas fugas parecen irremediables porque ninguna de las teclas que pueden pulsarse durante la campaña resulta operativa. La dirección electoral socialista no puede recurrir al resorte principal que su electorado contempla para tomar la decisión de voto porque no hay pulsión de cambio en Extremadura. Y todo lo demás está bajo mínimos. La apelación a las siglas, al programa y al candidato no funcionan.

Curiosamente, dentro del electorado de Podemos, sucede exactamente lo contrario. El programa, el partido y la candidata sí encuentran mayor resonancia.

A diferencia de sus competidores en la izquierda, los de Podemos sí están llevando a cabo un desempeño profesional en esta campaña. Saben lo que quieren. Tienen cuadros, cuentan con una oferta nítida y cuentan con una buena candidata, quizá la más competitiva de España dentro de su formación. Irene de Miguel gusta muchísimo a los suyos y mucho a los votantes del PSOE, quienes prácticamente la empatan en valoración con su propio candidato.

Ese 5,4 supone una amenaza muy seria para los intereses del PSOE, que sólo cuentan con una ventaja: el socialista Gallardo es mucho más conocido. Dentro de los tramos de edad centrales, la candidata de la extrema izquierda es el doble de desconocida que él. Así que puede darse por hecho que en el cuartel general de Podemos tendrán fijada la prioridad de darla a conocer a toda velocidad, seguramente, por la vía digital.

A lo largo de mi trayectoria en campañas electorales, he visto pocas apuestas más seguras que invertir tantos recursos como se pueda en dar a conocer a una candidata. Se dan las dos circunstancias idóneas: Gallardo sólo puede ir a menos e Irene sólo puede ir a más.

Entre quienes conocen a los dos candidatos, con la salvedad de los mayores de 75, ella le supera en todos los tramos. La oportunidad entre quienes cuentan 45 y 64 años, especialmente si son mujeres, está botando como esos balones que piden un remate con toda la fuerza posible.

El escrutinio del 21D puede contradecir dos de los mantras que más repiten, a escala nacional, quienes dicen saber de encuestas. Veremos si la extrema derecha está tan disparada como se insiste desde la opinión publicada —escribiremos sobre ello—. Y veremos, también, si la idea de que "el PSOE aguanta gracias a lo que le llega por la izquierda" resiste o no resiste la prueba de las urnas.

Por el momento, lo que se ve comparando los sondeos elaborados a finales de octubre y noviembre por Sigma2 es que Podemos subió un 1,7% y Vox un 1,6%. Ninguno de los competidores creció más que los liderados por Irene de Miguel y ninguno bajó en la estimación salvo el PSOE de Gallardo (-3,1%). Queda mucho por delante, lo principal porque las decisiones de voto tardan cada vez más en activarse. Sin embargo, a día de hoy, no parece muy arriesgado apuntar que la extrema izquierda puede encontrar en Extremadura un punto para su resurrección.

El final de este año 2025 va a ser muy movido. Tanto que no pocos actores encontrarán motivo para replantearse sus posiciones. Teniendo en cuenta que Aragón puede venir detrás, es probable que los de Izquierda Unida decidan mover ficha. Esta legislatura ya no da para más. Pensar en cómo anticiparse a lo que viene resulta cada vez más inaplazable.

En las últimas elecciones autonómicas, la izquierda extremeña alcanzó el 46% de los votos. Según los sondeos actuales obtendría, aproximadamente, el 37%. La caída del bloque, en poco más de dos años, es notable. Y, además, se altera el equilibrio de fuerzas. Los socialistas caen a plomo en las encuestas —puede que todavía sin tocar fondo— y los de Podemos mejoran en sus expectativas con una tendencia creciente. Si los pronósticos se confirman, cristalizará un cambio profundo en una de las regiones más progresistas de España.

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