Extremadura 21-D: la competición entre el PSOE y el PP
Los datos de los distintos sondeos equivalen a fotografías de una misma presa rota
Los candidatos y candidatas de las formaciones políticas que concurren a las elecciones extremeñas participan en un debate electoral organizado por Canal Extremadura. (EFE/Jero Morales)
Dentro de algunos años, se escribirán tesis doctorales para analizar la súbita pérdida de hegemonía del PSOE en Extremadura. En ningún lugar de España la tuvo mayor y en ningún otro sitio puede perderla tan rápido. Si las estimaciones terminan coincidiendo con el escrutinio, esa región no vivirá un paréntesis azul. Probablemente, se abrirá un periodo mucho más prolongado que el protagonizado por Monago.
Un declive de esta envergadura no puede comprenderse desde un solo motivo. Responde a corrientes históricas, la derechización que se está dando en todo Occidente y que llevará a los partidos de ese lado del espectro a superar por primera vez la mitad de las papeletas en las urnas. Las tensiones territoriales explican también buena parte de lo ocurrido, también la gestión de las distintas administraciones. El empobrecimiento de las clases medias no puede parecerle inocuo a nadie sensato. Todos esos aspectos y bastantes más han generado un sorpaso en la simpatía por partido, que sólo puede calificarse de histórico y estructural, en los tramos de edad más propensos a votar.
Sin embargo, el factor humano también parece decisivo. Guardiola funciona electoralmente y la decisión de que Gallardo sea el candidato socialista amenaza con terminar siendo suicida para los intereses socialistas. Sin ese error sería sencillamente inimaginable que pudiésemos ver lo que reflejan los sondeos: un éxodo al PP, sin precedentes, de votantes de quienes votaron al PSOE en las autonómicas de 2023. A falta de la última semana de campaña, son 1 de cada 10. Los datos de los distintos sondeos equivalen a fotografías de una misma presa rota. Aquí tienen una verdaderamente nítida.
¿Dónde se ubica la rotura principal? Mi hipótesis, insisto, está en la decisión de que el candidato sea Gallardo. La relación con el hermano del presidente, combinada con la omnipresencia informativa de la corrupción y el añadido de los presuntos acosos sexuales cometidos por socialistas, puede agrandar las cifras tomadas antes de que estallase el caso Salazar.
Siempre se ha dicho, porque nunca ha podido discutirse, que el voto femenino ha sostenido al PSOE en sus peores momentos y le ha impulsado en los mejores. No estoy seguro de que pueda ya afirmarse lo mismo, como mínimo en estos comicios.
Es verdad que la situación del PSOE es crítica dentro del electorado masculino. Dentro de los hombres, las cifras en intención directa de voto son críticas porque el Partido Socialista ni siquiera parece aguantar la segunda posición.
Pero también es cierto que ese mismo indicador apunta a peligro existencial si nos fijamos únicamente en las mujeres votantes. Ojo porque las encuestas son fotos fijas tomadas en un momento muy preciso. Ojo porque los siguientes datos son de noviembre. Desde entonces, el sanchismo está emitiendo hacia las extremeñas cualquier cosa menos estímulos positivos.
No. Yo considero que el PSOE no tiene un problema coyuntural con el voto feminista. Pienso que la crisis es de confianza con el conjunto de las mujeres y que comenzó hace años. Pronto veremos si es así y hasta qué punto puede estar acelerándose. Si esto se confirma, hará falta mucho tiempo para empezar a reparar todo lo que se destrozó.
Dentro de algunos años, se escribirán tesis doctorales para analizar la súbita pérdida de hegemonía del PSOE en Extremadura. En ningún lugar de España la tuvo mayor y en ningún otro sitio puede perderla tan rápido. Si las estimaciones terminan coincidiendo con el escrutinio, esa región no vivirá un paréntesis azul. Probablemente, se abrirá un periodo mucho más prolongado que el protagonizado por Monago.