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Todo lo que se repetirá durante el nuevo ciclo electoral
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Todo lo que se repetirá durante el nuevo ciclo electoral

El desgaste de la imagen del presidente y la sombra de corrupción no irán a menos, irán a más. La posibilidad de recuperar terreno está fuera de la realidad

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto electoral en Extremadura. (EFE/Jero Morales)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto electoral en Extremadura. (EFE/Jero Morales)
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Buena parte de lo ocurrido en Extremadura no será la excepción, sino la norma, mejor dicho, la pauta que marcará el desarrollo de las elecciones del nuevo calendario. El cambio en la opinión pública española es de carácter estructural y amenaza con dejar al PSOE sin un solo gobierno autonómico. La sucursalización al PSC traerá una factura electoral que requerirá mucho tiempo y no poca suerte para quedar solventada, si es que llega a darse la posibilidad.

A su vez, en el caso cada vez más probable de que se celebren generales durante el primer semestre de 2026, veremos cómo también se repiten las constantes que comenzaremos a señalar a continuación.

El Partido Popular será la fuerza más votada con una amplia diferencia. Los populares obtendrán en todos los territorios distancias con los socialistas mayores a las de las elecciones autonómicas de 2023.

El PP renovará todos los gobiernos regionales que se diriman en las urnas. Y, más allá de la aspereza que puedan tener las negociaciones posteriores, más allá de que guste más o menos, lo previsible es que se naturalizarán las relaciones entre la derecha convencional y la extrema derecha.

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La alarma antifascista dejará de operar como resorte electoral significativo en los sectores más templados de nuestra sociedad. El incentivo de echar a Sánchez operará con mayor intensidad. De hecho, cabe anticipar la opción de que no haya llegado a máximos. El desgaste de la imagen del presidente y la sombra de corrupción no irán a menos, irán a más. La posibilidad de recuperar terreno está fuera de la realidad.

La suma de PP y Vox alcanzará volúmenes que hace muy poco tiempo podrían haber parecido inimaginables. No habrá urna, sea autonómica o nacional, con el conjunto de la derecha por debajo del 50%. El 60% que acabamos de ver no parece inalcanzable en Aragón.

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El PSOE obtendrá sus peores resultados históricos en todas las regiones que celebren elecciones. Y, por primera vez, quedará relegado en más de una provincia a la tercera posición. En función del cuándo y del cómo evolucionen los acontecimientos, incluso resulta prematuro descartar la posibilidad de que los de Abascal terminen empatando o superando a los de Sánchez en Andalucía. No lo doy por hecho, simplemente, apunto que ese escenario no es imposible y aconsejo prepararse para lo inesperado.

Los socialistas obtendrán peores resultados en la noche electoral de los que augurarán los sondeos iniciales, los llevados a cabo cuando se llame a urnas. Es decir, además de perder las elecciones, perderán también las campañas electorales. La abstención punitiva entre quienes votaron PSOE en 2023 que intuimos en Extremadura y quedó confirmada tras el recuento se repetirá.

Sin excepción, cada uno de los candidatos del Partido Socialista contribuirá a la desmovilización, el trasvase de votos hacia el PP y hacia la extrema izquierda. Ninguna de las vías de agua abiertas se cerrará porque todos los candidatos representarán más al sanchismo que al socialismo. El líder nacional no contribuirá a mejorar la situación, la empeorará.

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Son altas las probabilidades de que la crisis de talento que atraviesa a las siglas del PSOE repercutan, una vez tras otra, en la pobreza del diseño y la ejecución de las distintas campañas electorales. En los comités de campaña regionales ocurre lo mismo que en Ferraz y en Moncloa, no queda nadie que sepa lo que debe hacerse a la hora de competir. Quienes sabían algo fueron purgados, están en la cárcel o no pueden seguir en la sala de decisiones.

Cada vez que se abran unas urnas, veremos a Vox obteniendo mejores resultados que en 2023. La única duda está en cuánto tardarán en asumir la verdad quienes niegan que existan transferencias desde el electorado socialista. Antes decían que era imposible, ahora que son marginales, mañana serán los primeros en señalar que lo ocurrido en algunas zonas extremeñas emitía una señal clarísima. La brecha se ha abierto, a ver quién la cierra ahora.

La competición del pasado 21D deja un hecho que puede convertirse en precedente y en constante: Vox ha vuelto a convertirse en un actor eficaz y eficiente para competir electoralmente. Han dado con la tecla buena y, probablemente, estén empleando mejor la tecnología que los demás.

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Además, siendo verdad que las encuestas de Extremadura acertaron en términos generales, también es cierto que todos infravaloraron en mayor o menor medida a la extrema derecha. Ojo porque esa distancia entre las estimaciones demoscópicas y los resultados reales se ha dado antes en más lugares, por ejemplo, en Estados Unidos. Durante las semanas de precampaña y campaña, puede ocurrir algo que los sociólogos electorales no terminen de descifrar y anticipar. ¿Por qué me detengo en este aspecto que puede parecer técnico? Porque comienzo a abrir la hipótesis de que, como pasó con Trump, el voto a Vox pueda estar empezando a feminizarse. Y ese, desde luego, sería un cambio sustancial.

De resultas de las distintas urnas, merece apuntar la posibilidad de que, además de crecer la marca, pueda crecer también la fortaleza de su líder nacional. Abascal sigue generando altos niveles de rechazo entre quienes nunca le votarían pero obtiene una fuerte adhesión entre sus electores y puede aumentar su tracción entre el electorado potencial. Si el partido viene ganando en aceptabilidad, no hay motivo para negar que pueda pasar lo mismo con su liderazgo.

La extrema izquierda va a recuperar terreno. No llegará a donde llegó durante la década pasada. Pero, lo que ha ocurrido en estos años, aquello de que el PSOE vampirizaba al resto del espectro político progresista, puede haber terminado con el final de 2025. Extremadura marca el camino al resto de territorios: plantear una oferta electoral autónoma con un proyecto suficiente y una candidatura solvente puede generar réditos electorales cuantiosos.

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Las opciones de crecimiento de la extrema izquierda parecen requerir tres pasos: separarse del sanchismo, dar por amortizado al proyecto de Yolanda Díaz y, al menos a escala regional, volver a lo básico, esto es, al sustento político y orgánico que conserva Izquierda Unida. Los socialistas parecen dispuestos a encerrarse en la pirámide con el faraón. Los progresistas que opten, por el contrario, podrán contar que salieron vivos del año 2026.

Estamos a punto de iniciar un año trepidante. Todos los días serán intensos. Pero todo parece indicar que cada jornada apuntará en la misma dirección. El tiempo acabará diciendo si el cambio es positivo o negativo. Pero el cambio parece estar ya escrito.

Buena parte de lo ocurrido en Extremadura no será la excepción, sino la norma, mejor dicho, la pauta que marcará el desarrollo de las elecciones del nuevo calendario. El cambio en la opinión pública española es de carácter estructural y amenaza con dejar al PSOE sin un solo gobierno autonómico. La sucursalización al PSC traerá una factura electoral que requerirá mucho tiempo y no poca suerte para quedar solventada, si es que llega a darse la posibilidad.

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