La penetración de Vox en el electorado tradicionalmente progresista es, en mi opinión, el gran fenómeno electoral del ciclo de urnas que trae este 2026. El electorado que antes permanecía sellado comienza a ofrecer grietas que la extrema derecha está sabiendo aprovechar. Supo hacerlo en Extremadura y no parecen pocas las opciones de que vuelva a ocurrir lo mismo en Aragón.
En España empieza a ocurrir, más tarde, lo que antes vimos en otras naciones occidentales. Por ejemplo, es habitual que los votantes masculinos sean más proclives a optar por las opciones populistas -tengan tinte de izquierdas o de derechas-. Pero esto va deprisa, las mujeres comienzan a valorar la opción de votar a Vox y, tanto en Aragón como en el resto de España, ya hay más hombres que prefieren a los de Abascal antes que a los de Sánchez.
Dentro de las variables sociodemográficas, también resulta habitual que los electores más jóvenes sean más permeables a los extremos del color que sea. Lo vimos en su día con Podemos y volvemos a comprobarlo hoy. Lo significativo de este tiempo está en que ya no hablamos solo de los más jóvenes. Solo un ingenuo puede sorprenderse a estas alturas de que Vox supere al PSOE, también tanto en Aragón como en el resto de España, en los tres tramos de edad que van desde los 18 hasta -nada menos- que los 44 años.
Dicho esto, conviene tratar de hilar un poco más fino. Preguntarse, por ejemplo, en qué capas socioeconómicas, dentro de la población activa, está aumentando el respaldo a la extrema derecha. Los perezosos mentales optan por la caricatura -directores, profesionales, técnicos…-, sin embargo, la verdad no va por ahí. Vox ha encontrado una vía de crecida en los sectores con mayor sentimiento de desprotección o de precariedad, normal que se localice ahí la pulsión más impugnatoria.
El gráfico anterior vale su peso en oro en cualquier comité de estrategia electoral porque las campañas se aplican cada vez segmentando más, tanto en lo digital como en lo físico. Quien quiera comprender, por ejemplo, la sorpresa que dio Vox en los barrios menos pudientes de Badajoz solo tiene que preguntarse dónde viven este tipo de trabajadores. Y… ¿Dónde en Aragón? En lo que concierne a la capital de Zaragoza el mapa es claro -Las Fuentes, Delicias y Santa Isabel-, allí donde la impresión de frustración o incertidumbre económica se cruza con la percepción de inseguridad física o cultural.
Y, ahora, centrémonos en el tamaño de los municipios. Específicamente. Donde vive nada menos que el 43% de los electores aragoneses. Pongamos unas pocas chinchetas en el mapa: tres en la provincia de Zaragoza -Calatayud, Ejea de los Caballeros y Utebo-, dos en la provincia de Huesca -Barbastro y la capital- y, finalmente, Teruel ciudad.
Quienquiera que tome la imagen anterior con una mano y el mapa de Aragón con la otra, podrá tener un primer indicio para comprender dónde concentrará la ultraderecha buena parte de sus recursos económicos y de su agenda de campaña. Justo donde están, las últimas líneas de defensa electoral del PSOE.
La penetración de Vox en el electorado tradicionalmente progresista es, en mi opinión, el gran fenómeno electoral del ciclo de urnas que trae este 2026. El electorado que antes permanecía sellado comienza a ofrecer grietas que la extrema derecha está sabiendo aprovechar. Supo hacerlo en Extremadura y no parecen pocas las opciones de que vuelva a ocurrir lo mismo en Aragón.