¿Aprovechar el tiempo de la cuarentena? Olvídalo

Al principio, triunfaban mucho los consejos sobre cómo aprovechar tantos días encerrados. Como si nos estuviéramos preparando para un retiro espiritual en vez de para una pandemia mundial

Foto: Un hombre con una bolsa de plástico en la cabeza camina por una calle de Roma. (EFE)
Un hombre con una bolsa de plástico en la cabeza camina por una calle de Roma. (EFE)

"¿Catorce días de aislamiento? Bienvenido a nuestros últimos 14 años", era un mensaje de humor negro que en marzo circulaba en Gaza, cuando los países europeos empezaron a decretar la cuarentena por el Covid-19. Contaba un corresponsal que los jóvenes palestinos, que no recuerdan la vida antes del bloqueo, bromeaban con los primeros vídeos de gente entrando en pánico en el supermercado y comprando los productos equivocados para el aislamiento (alimentos perecederos e incomprensibles cantidades de papel higiénico). Alguno sugería preparar un tutorial para enseñar a los occidentales cómo hacer un acopio útil en caso de confinamiento.

Se nota que somos novatos en esto, pero aprendemos rápido. Apenas 20 días ya han sido suficientes para mirar a nuestro yo de hace tres semanas con mucha condescendencia. Hemos ido evolucionando no solo en las compras (menos papel higiénico y más cerveza muestran ya una cierta veteranía). También ha ido llegando la toma de conciencia de que el supuesto tiempo extra derivado de quedarse en casa durante la cuarentena, olvidémoslo, no va a volvernos más productivos. Solo era otra de las ingenuas mentiras que nos contábamos sobre el coronavirus cuando aún no entendíamos la dimensión de la tragedia.

Lo resumía esta semana una viñeta en 'The New Yorker': “Día 6: no me decidía si empezar a escribir una novela o una obra de teatro, así que en vez de eso me comí tres cajas de macarrones con queso y me tiré al suelo en un ataque de pánico”. El día 20 de encierro no tiene que ser necesariamente peor que el día 6, siempre puede uno aprovechar para reírse de todo aquello que se había propuesto hacer inicialmente. El humor sí que está en la lista de imprescindibles para una cuarentena.

Igual que el tipo de mensajes que enviamos por WhatsApp ha cambiado rápidamente desde el comienzo del estado de alarma, pasando de los chistes a las cadenas de solidaridad y de ahí al cabreo, también los propósitos para los días de confinamiento están mutando rápidamente. Al principio, triunfaban mucho los consejos sobre cómo aprovechar tantos días encerrados para ponerse en forma, comer sano y leer no sé cuántos libros recomendados. Como si estuviéramos preparándonos para un retiro espiritual en vez de para una pandemia mundial.

Los consejos que proliferan ahora en los medios, sin embargo, empiezan poco a poco a estar más conectados con la razón por la cual estamos encerrados. De ahí que se estén popularizando los tutoriales para combatir el estrés y la ansiedad. También el consultorio psicológico. Estamos ante la mayor crisis sanitaria y económica de nuestra historia. Ya no es el ocio lo que preocupa, sino la salud mental.

Me contaba una amiga profesora, que combina estos días el teletrabajo (enseñando lengua a sus alumnos de 16 años) con los deberes para el cole de sus hijas de seis y ocho años, que está convencida de que en estos días de encierro las ‘marías’ han pasado a ser las asignaturas más útiles para los niños. De repente cobran importancia el dibujo, la música y hasta la gimnasia (aunque sea en la alfombra del salón) para que los niños logren evadirse un rato. Siempre le había parecido secundario, me decía esta profesora, pero a medida que van pasando los días encerrada en casa con sus hijas, ve lo mucho que les ayuda cantar, saltar y dibujar.

A los adultos nos pasa un poco igual. Tal vez lo más realista durante el confinamiento no sea aspirar a hacer lo que antes considerábamos más útil, sino lo que a cada uno más le ayude a pasar el rato. Los gurús que popularizaron la palabra procastinar y antes publicaban consejos sobre cómo aprovechar cada nanosegundo vital, están ahora reinventándose con recomendaciones sobre las bondades de tomárselo todo con la mayor calma posible. Lo importante ya no es hacer muchas cosas, sino encontrar aquellas que a cada uno le ayuden a sobrellevar mejor el aislamiento. A lo mejor a alguien le da por ordenar el cajón de los calcetines o limpiar las ventanas, y a otros por comer chocolate y hacer videollamadas. No imaginábamos lo difícil que es concentrarse en medio de una pandemia mundial. Claro que éramos novatos.

Cronicavirus
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