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Por qué los políticos no hicieron caso al científico que alertó de la pandemia
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Marta García Aller

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Por qué los políticos no hicieron caso al científico que alertó de la pandemia

Martin Rees no es ningún apocalíptico. Ni siquiera es pesimista, aunque pueda parecerlo por haber fundado un Centro para el Estudio de los Riesgos Catastróficos y Existenciales en Cambridge

Foto: El profesor de astrofísica y divulgador, Martin Rees. (EFE)
El profesor de astrofísica y divulgador, Martin Rees. (EFE)

Cuando en julio entrevisté al astrónomo Martin Rees ya me avisó de que uno de los mayores riesgos que enfrentaba la humanidad es que pronto "podría haber una pandemia que matara a muchos millones de personas en todo el mundo". No fue ese el titular que me pareció más relevante, lo reconozco. Era, sin yo saberlo, mi manera de darle la razón indirectamente a otra de las advertencias que hizo Rees durante nuestra charla veraniega: "En la sociedad hay una falta de conciencia de la gravedad de muchos de los riesgos globales a los que nos enfrentamos". En julio se cumplía medio siglo de la llegada de los humanos a la luna y creí que interesarían más al lector sus pronósticos sobre lo frecuentes que pronto serán los viajes a Marte. Una pandemia entonces sí que sonaba marciana. Eso era, claro, antes de que llegara el coronavirus.

Martin Rees no es ningún apocalíptico. Ni siquiera es pesimista, aunque pueda parecerlo por haber fundado un Centro para el Estudio de los Riesgos Catastróficos y Existenciales en la Universidad de Cambridge en el que básicamente se dedican a estudiar las amenazas que podrían acabar con la humanidad. En el fondo, hay que ser muy optimista para ponerse a analizar cómo prevenir el fin del mundo, ya que si estudia a fondo los riesgos es porque cree que la ciencia puede ayudar a prevenirlos.

Foto:  El astrofísico británico Martin Rees. (Nesta)

Este prestigioso grupo de científicos, tecnólogos y filósofos de Cambridge impulsado por Rees estudia los riesgos extremos a los que se enfrenta la humanidad y los clasifica entre los que pueden llevar a la extinción total (los existenciales) y los que no llegarían tan lejos pero sí que serían lo suficientemente devastadores para un colapso civilizatorio (los catastróficos). Su misión es identificar la gravedad de las amenazas y la probabilidad de que sucedan para investigar el modo de combatirlas. Y el primer paso para prevenir esos riesgos es identificarlos: en primer lugar están los riesgos biológicos (ahí incluían las pandemias naturales como el Covid-19, pero también alertan de los riesgos de la manipulación genética y las armas biológicas); además, las catástrofes medioambientales (de los meteoritos al cambio climático); y por último, las amenazas de un mal uso de la inteligencia artificial y otros riesgos tecnológicos.

Optimista tecnológico, pesimista político

He vuelto a llamar a Rees después de que se declarase la pandemia de coronavirus simplemente para decirle que tenía razón y preguntarle de paso su visión sobre el Covid-19. No parecía muy sorprendido de que la humanidad no haya sido capaz de evitar esta tragedia que en lo que va de año ya ha costado más de 100.000 muertos. "Sabíamos que una pandemia global era una posibilidad y los gobiernos también lo sabían", dice Rees, a sus 77 años, desde la casa de Cambridge en la que permanece confinado indefinidamente sin poder dar clases hasta que remita el coronavirus.

Foto: Imagen de Andrey_Photos en Pixabay. Opinión

"El gobierno británico tenía en sus análisis de riesgos globales que las pandemias eran una posibilidad, pero los políticos no estaban preparados para invertir lo necesario en prevenirlo porque era un riesgo poco familiar", añade el científico que fuera presidente de la Royal Society de Londres. Ese es el error más habitual sobre el que el Centro de Estudios Existenciales trata de concienciar: no debemos confundir un riesgo poco familiar, algo que nunca ha sucedido, con algo improbable. Ni tampoco la baja probabilidad de que algo suceda es la única variable que hay que tener en cuenta para tomarse algo en serio, porque hay amenazas tan catastróficas potencialmente como para que no compense ignorarlas. "Es importante que los gobiernos y la sociedad entiendan que cuando una amenaza de catástrofe global es lo suficientemente seria, merece la pena hacer la inversión necesaria para reducir su riesgo".

En su libro 'En el futuro. Perspectivas para la humanidad' (Crítica, 2019), Rees advertía de que entre los riesgos de vivir en un mundo tan global es que somos más vulnerables a las pandemias, porque pueden extenderse muy deprisa, y reivindicaba más mecanismos de planificación a escala internacional, para evitar un descontrol como el que efectivamente se está viendo en la gestión internacional del coronavirus.

Así que Rees es optimista en lo científico, pero pesimista en lo político. "Si los gobiernos no actuaron antes, es porque la política no está preparada para pensar en el largo plazo ni a escala global", insiste. Varios informes, no solo el de Cambridge, advertían que las pandemias eran uno de los mayores riesgos inminentes que podían suceder en los próximos 10 o 20 años. Racionalmente, puede parecer que lo normal habría sido gastar más dinero preparándose para reducir este riesgo. Pero cuando los gobernantes han hecho grandes inversiones para prepararse ante posibles amenazas que luego no llegan a producirse o no en la gravedad esperada (como pasó con el acopio de antivirales en 2009 por parte de varios gobiernos europeos con el H1N1), la opinión pública les critica por haber derrochado ese dinero público. El riesgo de no calibrar la importancia de prepararse para algunos 'por si acasos' es que a los políticos no les compense el riesgo si creen que al correrlo se arriesgan demasiado.

placeholder Martín Rees en una conferencia. (EFE)
Martín Rees en una conferencia. (EFE)

Si los gobernantes demasiado a menudo se centran en el corto plazo y las amenazas locales es porque habitualmente es la estrategia que mejor les ha funcionado para salir reelegidos. Si los riesgos globales y a largo plazo, al menos hasta ahora, no han sido un buen reclamo electoral es también una responsabilidad de los ciudadanos que no les exigen un mayor compromiso con esas otras amenazas. Por eso no solo es importante que los políticos tengan en cuenta las alertas de los científicos, también es crucial que haya una mayor percepción pública de cuáles son estos riesgos. Ahora son las pandemias, pero hay otros riesgos potencialmente catastróficos como los medioambientales y los de la gobernanza responsable de la inteligencia artificial que no se pueden olvidar.

"Estamos acostumbrados a negar la importancia de los acontecimientos que tienen una baja probabilidad, pero cuya consecuencia sería devastadora y deberían preocuparnos más", concluye Rees. Y me despido al teléfono dándole las gracias por haberme atendido de nuevo sin atreverme a confesar que, cuando me advirtió de ello la primera vez, a mí tampoco me preocuparon las pandemias para llevarlas al titular.

Cuando en julio entrevisté al astrónomo Martin Rees ya me avisó de que uno de los mayores riesgos que enfrentaba la humanidad es que pronto "podría haber una pandemia que matara a muchos millones de personas en todo el mundo". No fue ese el titular que me pareció más relevante, lo reconozco. Era, sin yo saberlo, mi manera de darle la razón indirectamente a otra de las advertencias que hizo Rees durante nuestra charla veraniega: "En la sociedad hay una falta de conciencia de la gravedad de muchos de los riesgos globales a los que nos enfrentamos". En julio se cumplía medio siglo de la llegada de los humanos a la luna y creí que interesarían más al lector sus pronósticos sobre lo frecuentes que pronto serán los viajes a Marte. Una pandemia entonces sí que sonaba marciana. Eso era, claro, antes de que llegara el coronavirus.

Síndrome respiratorio agudo severo (SARS) Ciencia