El infierno burocrático de las pymes en medio del coronavirus

Hablar con asesores de micropymes estos días es como hacerlo con médicos que acaban de salir de la UCI, después de todo un día tratando de salvar la vida a las pequeñas empresas que se ahogan

Foto: Detalle de un cartel colgado en la entrada de una tienda con el lema Cerrado de momento hasta que abramos. (EFE)
Detalle de un cartel colgado en la entrada de una tienda con el lema "Cerrado de momento hasta que abramos". (EFE)

Cuando un paciente necesita entrar en la UCI porque está en estado crítico, no se le puede pedir que rellene una hoja Excel detallando sus síntomas para que tres comités supervisen el informe antes de decidir el tratamiento. Y luego otro. Y espérate que nos falta un sello. Cuando el enfermo se muere, no hay tiempo que perder para salvarle la vida. Pero es lo que les está pasando a miles de pymes españolas, que para acceder a las ayudas que han preparado los gobiernos centrales y autonómicos tienen que presentar farragosas memorias económicas y numerosos papeles ante una Administración saturada por la propia burocracia que exige.

Hablar con asesores de micropymes estos días es como hacerlo con médicos y enfermeros que acaban de salir de la UCI, después de todo un día tratando de salvar la vida a las pequeñas empresas que se ahogan. Necesitan liquidez urgente para respirar. E incluso teniendo derecho a las ayudas ofrecidas, no están llegando a tiempo.

Muchas pymes dependen de recibir ya alguno de liquidez para sobrevivir. Pero ya. Algunas llevan incluso las seis semanas del estado de alarma en un limbo jurídico sin tener muy claro (ni la propia Administración tampoco) qué ayudas podían recibir. Es el caso de una pequeña empresa madrileña de montaje de muebles que tiene 20 trabajadores, nueve camiones en 'leasing' y una nave de 6.000 euros de alquiler. Y cero ingresos. En teoría, como es el sector transporte y este era esencial, no estaba incluida en el decreto del estado de alarma de las que se podían acoger al cierre forzoso. Pero con las tiendas de muebles cerradas, no hay muebles que montar. “Está en estado crítico”, me dijo su asesor, que desde hace semanas toma pastillas para dormir porque no es capaz de desconectar de todas las preocupaciones que le transmiten sus clientes.

Esta empresa de portes de la que me habla pidió un préstamo del ICO el 16 de marzo. Y el 28 lo dejó todo firmado y presentado en el banco. Pero hasta la fecha, todavía no le han contestado. No puede esperar mucho más. No sabe si resistirá, porque de momento el dueño está pagando las facturas con sus ahorros.

El infierno burocrático de las pymes en medio del coronavirus

Más suerte ha tenido otro pequeño negocio. “Lo de suerte, ponlo entre comillas”, me dice el asesor al contarme la historia de la óptica de barrio a la que ha tramitado los papeles. La suerte en cuestión fue que tanto el dueño como su único empleado se infectaron de coronavirus. No ha sido grave, pero se han podido acoger a la baja y les han concedido el ERTE por enfermedad de la plantilla. Las ópticas también podían permanecer abiertas teóricamente, así que no podían acogerse a los cierres inmediatos.

“¿Cómo van a presentar mis pymitas un informe detallado con la estimación de ingresos futuros de marzo a septiembre para justificar que necesitan el dinero de un préstamo ICO?”, se pregunta otro asesor que lleva todo el mes tramitando ayudas para su treintena de clientes. Las llama pymitas, dice, porque son sus criaturas, las ha visto crecer. “¿Pero qué van a estimar si ni siquiera saben cuándo podrán volver a trabajar?”.

El papeleo no es solo para los préstamos ICO. En las gestorías, llevan todo el mes presentando informes económicos para quienes solicitan a Hacienda el aplazamiento de los impuestos a seis meses. Es solo un ejemplo. “A los asesores, nos están volviendo locos, y eso que nos dedicamos a esto”, añade desahogándose. “Les exigen informes para todo. ¿No podrían dar las ayudas primero y luego investigar si alguna ha cometido abusos? Si Hacienda ya lo sabe todo de ellos”. En que falta agilidad y sobra burocracia están todos de acuerdo. Un sistema de sanciones 'a posteriori' permitiría multar al que abusa sin haber penalizado al que tenía derecho a las prestaciones y las necesitaba con urgencia.

Las gestorías de barrio, además de los papeleos, están haciendo de psicólogos. Atienden peluquerías, tiendas informáticas y autónomos de todo tipo. Todos les piden ayuda y les preguntan qué va a pasar. Muchas de las pymes que asesoran están en estado crítico. La mayoría, incluso las que han podido continuar con su actividad, van a necesitar financiación. Y el mundo se les cae encima con la burocracia.

Nuevas medidas, ¿más burocracia?

El Gobierno prepara nuevas medidas para aliviar el pago de impuestos a las empresas, algo que llevaban semanas reclamando tanto la CEOE como los asesores fiscales. Es una buena señal, pero llega tarde para las empresas medianas, que ya han hecho el primer pago fraccionado que ahora planea cambiar (para que se utilicen los ingresos reales de referencia y no del ejercicio anterior). Es decir, más trámites.

En los próximos 10 días, podría haber una aprobación masiva de créditos que hasta ahora las entidades bancarias están gestionando más lento de lo esperado. Las entidades tratan de medir bien el riesgo, al tiempo que han de cumplir con los papeleos exigidos por el ICO. Y a las pymes a las que se les ha concedido el crédito (tras analizarse el riesgo, rellenar formularios y encontrar un notario que abra en tiempos de confinamiento), les dicen que tienen que esperar. Muchas no saben si van a poder aguantar. A la mayoría de los clientes de los tres gestores con los que hablé que lo solicitaron en abril todavía no se les ha concedido.

Más de la mitad de las pymes aspiran a que se les conceda alguno de avales ICO, de las cuales apenas un 13% lo ha obtenido ya (aunque no por la cuantía solicitada), según Cepyme. Y las empresas con problemas de liquidez son las que más problemas tienen para que se les conceda, que son justamente las que más lo necesitan.

Mientras tanto, los gobiernos siguen anunciando ayudas en el telediario. Y los asesores que trabajan en pequeñas gestorías de barrio tienen que explicar a sus clientes que las ayudas que han oído tienen mucha letra pequeña, que a lo mejor no tienen derecho a ellas. Y, de tenerlo, van a tener que echarle paciencia.

Así que ni siquiera quienes ganan dinero haciendo estas gestiones quieren más trámites. No paran de hacer papeles para una normativa que cambia cada semana y tratan de evitar a la desesperada la quiebra de tantas pymes que han entrado en la UCI. Tanta desconfianza en que no se cometan abusos por parte de los empresarios está derivando en un retraso en la tramitación de la liquidez que les puede costar la supervivencia. Las pymes y autónomos no solo necesitaban ayudas, también que confiaran en ellas. No hay tiempo para más burocracia.

Cronicavirus
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