¿Estamos a tiempo de salvar la Navidad?

Si no se logra controlar la curva del covid-19 y las restricciones para evitar que se junten más de seis personas siguen vigentes en los próximos meses, tocará reducir comensales

Foto: El covid adelanta a agosto la instalación de las luces de Navidad en Vigo. (EFE)
El covid adelanta a agosto la instalación de las luces de Navidad en Vigo. (EFE)

Si no se logra controlar la curva del covid-19 y las restricciones para evitar juntarse más de seis personas siguen vigentes en los próximos meses, esta Navidad tocará reducir al máximo la cantidad de invitados que se unen en cada casa para evitar contagios del coronavirus. La de este año podría ser la Nochevieja sin cuñados. La de las uvas por videollamada. Y de cómo se desarrolle la campaña navideña dependen, además, más de un millón de contratos temporales en España, además de un riesgo de repunte de contagios como el que ya se experimentó en las vacaciones de verano.

Hablar de cancelar las fiestas de Año Nuevo cuando aún estamos hablando del puente del Pilar puede parecer precipitado. ¿Lo es? En algunos países europeos, preocupados por la rapidez de los contagios de la segunda ola de la pandemia, aunque con tasas de contagio inferiores a la española, las autoridades ya están advirtiendo de que hay que mentalizarse de que estas navidades van a ser muy diferentes para evitar males mayores. El objetivo es transmitir a la población que los cambios sociales impuestos durante la pandemia van para largo y, a la vez, tratar de minimizar la debacle comercial que podrían suponer unas fiestas tan atípicas.

De cómo se desarrolle la campaña navideña dependen más de un millón de contratos temporales en España

En Alemania, ya han cancelado las fiestas navideñas multitudinarias. Nada de los tradicionales mercadillos ni de la fiesta de Nochevieja en las calles de Berlín. A mediados de septiembre, en Reino Unido, Boris Johnson endureció también las restricciones a bares y pubs, así como la prohibición de ver a personas fuera del núcleo familiar porque, según el primer ministro británico, "la única forma de garantizar que el país pueda disfrutar de la Navidad es ser duro ahora". Este fin de semana, en vista de que los contagios siguen creciendo, el 'premier' británico ha reconocido el hartazgo de la población, pero avisa de que “la situación seguirá siendo difícil hasta Navidad y más allá”.

¿Bloqueo de Adviento?

En Francia, el país en el que más rápido avanza la segunda ola del coronavirus después de España, dos prestigiosos economistas han pedido al Gobierno de Macron que imponga un bloqueo más severo en todo el país, precisamente, para salvar la Navidad. No solo por el obvio trasfondo emocional, también por el impacto económico que tendría impedir a la gente celebrar las fiestas más consumistas del año. Para muchas actividades económicas, de los fabricantes de juguetes a la alimentación, las fiestas navideñas son la última oportunidad de salvar el año más complicado.

El objetivo es transmitir a la población que los cambios sociales impuestos durante la pandemia van para largo

Los ganadores del Nobel de Economía de 2019, Esther Duflo y Abhijit Banerjee, sugieren un cierre preventivo en el periodo de Adviento, aprovechando vacaciones escolares, del 1 al 20 de diciembre. Duflo y Banerjee, que ganaron el galardón de manera conjunta por sus investigaciones contra la pobreza, aseguran que su propuesta del bloqueo preventivo sería más transparente y menos dañina económicamente que "cancelar la Navidad" en el último momento si los contagios siguen disparados para diciembre, o que imponer un bloqueo más severo en enero si las festividades de fin de año desencadenaran una nueva ola de infecciones. Cuanto más contenida esté la pandemia para el 24 de diciembre, más se minimizará el riesgo de una tercera ola.

El ministro de Sanidad francés se ha negado a seguir las recomendaciones de Duflo y Banerjee, pero al menos ha abierto en el país un debate que aquí todavía no hemos tenido. Con el virus avanzando, París ya ha superado el umbral que lo sitúa en alerta máxima (250 por 100.000 habitantes y 30% de camas UCI ocupadas), lo que implicaría que sigue el mismo camino que Marsella, que equivaldría al cierre total de bares y restaurantes (hasta ahora, debían cerrarse a las 22:00).

El cierre de la hostelería es el cortafuegos del que primero han echado manos los gobiernos europeos, incluido el español, para evitar que el virus avance y se puedan contagiar otras actividades económicas. Aún está por ver que sea suficiente.

La cabalgata de los Reyes confinados

En España, pese a ser el país que más contagios afronta este otoño en toda Europa, el Gobierno no menciona sus planes de diciembre salvo para aventurar que ese mes espera tenerlo todo listo para la vacuna. El ministro Illa ha mencionado varias veces esta fecha como probable, pese a que la OMS hace semanas que moderó sus expectativas y prevé que la vacuna masiva de covid-19 no esté disponible hasta 2022.

Solo el Gobierno catalán, que anda ya sin 'president', se ha atrevido a anticipar que las reuniones familiares no podrán ser de más de seis personas esta Navidad, que no se deberán mezclar familias en las celebraciones y que no habrá cabalgatas en su formato tradicional. A falta de directrices globales, el Ayuntamiento de Madrid, la capital con más contagios acumulados de Europa, anunciaba solo unos días antes de que entraran en vigor las nuevas restricciones impuestas por Sanidad que ya está todo listo para la llegada de los Reyes Magos, además de asegurar que no faltarán las pistas de hielo y conciertos sorpresa.

Discurso de los Reyes Magos al finalizar la tradicional cabalgata de Madrid en 2019. (EFE)
Discurso de los Reyes Magos al finalizar la tradicional cabalgata de Madrid en 2019. (EFE)

¿Es realista prometer que las fiestas se celebrarán con normalidad en la ciudad con peor tasa de contagios de Europa? No. ¿Es útil para frenar la pandemia? En absoluto. Prometer que se podrán celebrar las fiestas navideñas cuando la pandemia está lejos de ser controlada es tratar a los ciudadanos como a niños a los que no se quiere desilusionar, en vez de como a adultos capaces de afrontar una situación compleja. La campaña de Navidad, de la que además de ilusiones familiares dependen muchas empresas y puestos de trabajo, no se salva prometiendo cabalgatas a destiempo.

Si aún se aspira a salvar la Navidad, lo urgente es poner cuanto antes suficientes medios sanitarios para controlar los contagios y evitar la saturación hospitalaria, algo que hasta ahora se ha demostrado imposible de lograr si no se coordinan las medidas entre administraciones. También urgen directrices claras y un mínimo de coordinación en los mensajes a los ciudadanos, que es justo de lo que carecemos.

¿Es realista prometer que las fiestas se celebrarán con normalidad en la ciudad con peor tasa de contagios de Europa? No

No hay receta mágica en la que no salga perjudicado algún sector si se imponen nuevas restricciones, pero alguien tiene que explicar las prioridades. Merkel, en Alemania, ha sido muy clara explicando que el objetivo es salvaguardar la economía y mantener abiertas las escuelas. Cualquier sacrificio destinado a cumplir ese objetivo está justificado, incluidos el cierre de bares y la cancelación de fiestas y oficios religiosos si con ello se reducen los contagios. Lo justo sería anunciar los paquetes de ayudas para compensar a los perjudicados al tiempo que se anuncian las restricciones.

Prometer buenas noticias que no está en su mano cumplir, como hacen nuestros dirigentes cuando afirman que en diciembre tendremos vacuna o que la cabalgata de Reyes se podrá celebrar con normalidad, tiene poco que ver con su trabajo, que es resolver problemas. No hacer promesas.

Cronicavirus
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