Las tres lecciones que Grecia puede dar a España (por segunda vez en la pandemia)
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Marta García Aller

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Las tres lecciones que Grecia puede dar a España (por segunda vez en la pandemia)

Apostar por mantener a raya el virus, con un confinamiento temprano y un rápido control de los rebrotes, ha sido un gran acierto para el país heleno

placeholder Foto: El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis. (EFE)
El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis. (EFE)

Si lo que un presidente del gobierno quiere es escenificar que tiene un plan para el futuro del país, seguramente sea más apropiado invitar a Yuval Noah Harari que a James Rhodes. Resulta además muy conveniente hacerlo en una terraza con vistas a la Acrópolis, especialmente cuando el autor de los bestsellers ‘Sapiens’ y ‘Homo Deus’ analiza los riesgos de la democracia y la aceleración del cambio tecnológico en el mundo post-covid. La conversación que el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, mantuvo hace unos días con el famoso escritor israelí en el Athens Democrátic Fórum es un ejemplo más de lo mucho que podría aprender el Gobierno español de un vecino al que hasta hace no mucho mirábamos por encima del hombro. También en la construcción del relato que tanto le preocupa.

Grecia, que fue el epicentro de la anterior crisis económica, va camino de ser uno de los países que mejor parado sale de esta. El país heleno no lo tenía fácil. Es el más envejecido de Europa después de Italia, también es un país dependiente del turismo (uno de cada tres empleos dependen de él) y también sufrió muchos recortes en la anterior crisis. Pero no solo contuvo con éxito la pandemia en primavera, también está siendo uno de las naciones que, al menos de momento, está frenando la expansión de la segunda ola que recorre Europa.

Foto: Exámenes de acceso a la universidad en Atenas. (EFE)

Ahora que Grecia mantiene una tasa de contagios de 43 positivos por cada 100.000 habitantes (solo Alemania y Liechtenstein están en mejor situación epidemiológica en la Europa continental), Mitsotakis puede permitirse filosofar con uno de los escritores de moda para contar cuál es su receta para el futuro de Grecia. Recuerda, con prudencia, que haber controlado la primera ola no es garantía de hacerlo bien la segunda (Israel, el país de Harari, es el mejor ejemplo de ello).

La primera clave ha sido la anticipación. Apostar por mantener a raya el virus, con un confinamiento temprano y un rápido control de los rebrotes ha sido un gran acierto para el país también en lo económico. En vez de anticipar la desescalada y la apertura de fronteras por temor a perder las reservas del verano, el Gobierno heleno antepuso el control de la pandemia a la llegada de turistas. En vez de mirar para otro lado, en plena temporada alta a principios de agosto reconoció que llegaba una segunda ola. Y actuó en consecuencia. Así que se volvió a anticipar imponiendo en plena temporada alta restricciones en restaurantes, teatros y conciertos cuando los rebrotes eran aislados. Lejos de asustar a los turistas, eso contribuyó a transmitir la sensación de que el Gobierno griego se tomaba en serio al virus.

Grecia no solo contuvo con éxito la pandemia en primavera, también está siendo uno de las naciones que está frenando la expansión de la segunda ola

También ayudó a ser percibido como seguro exigir PCR a los viajeros con países con alta incidencia del virus, aunque fueran como Reino Unido o Francia emisores de turistas. Cuando este verano Reino Unido impuso cuarentena para viajeros que volvieran de España, muchos británicos cambiaron sus vacaciones en la Costa del Sol por las islas griegas, donde la incidencia era mucho menor. Tan solo el 16% del total de casos confirmados en Grecia en los siete meses de pandemia están relacionados con viajes al extranjero.

De Madrid a Atenas

Sin embargo, la segunda ola también crece en Grecia. Solo en septiembre, el país de 11 millones de habitantes registró 8.158 nuevos casos de coronavirus. Un 40% de los registrados desde febrero hasta ahora. De los 431 fallecimientos por el covid-19 que se han registrado en Grecia, 125 ocurrieron en septiembre. Por eso, el Gobierno griego no descarta un confinamiento de Atica, la región más poblada y donde se encuentra Atenas. Allí es donde se registran hasta ahora los rebrotes de coronavirus más preocupantes.

¿Confinar Atenas daría una mala imagen al país? No. Si mantener a raya el virus es el objetivo, los confinamientos rápidos y selectivos son fundamentales. Lo que perjudica la imagen de un país (igual que su economía y, por supuesto, la salud) es tener el virus fuera de control. El Gobierno heleno busca es evitar a toda costa otro cierre total del país como en primavera. Pero Mitsotakis no niega la utilidad de actuar rápido en caso de rebrote y reconoce, en esa conversación con Harari con vistas a la Acrópolis, “tenemos 3 ó 4 meses muy difíciles por delante”.

Foto: Un trabajador de desinfección, en Atenas. (EFE)

Y cuando Yuval Noah Harari advierte de que el covid ha acelerado la digitalización de la economía y la automatización de muchos empleos, el primer ministro griego le responde de un modo pragmático: “Si puedes trabajar desde cualquier parte del mundo y tienes conectividad, ¿no preferirías trabajar desde una isla griega?”. Es una idea sencilla pero fácil de vender, especialmente pensada para un foro internacional en inglés, pensado para atraer la atención de una elite internacional.

Hace bien Mitsotakis en sacar pecho de la calidad de vida en su país, un factor que está convencido de que cada vez será más valorado ahora que la salud está en el centro de todos los planes. Para ganar competitividad como destino para el talento digital ya no basta con apelar a la calidad de vida, con presumir de sol y dieta mediterránea. Mantener una tasa de contagios de menos de 50 por 100.000 habitantes va a ser en los próximos años mucho más convincente que presumir del aceite de oliva.

placeholder El escritor Yuval Noah Harari. (Reuters)
El escritor Yuval Noah Harari. (Reuters)

Por eso resulta tan desesperante que en España tengamos, por un lado, al Gobierno madrileño negando la gravedad de tener transmisión comunitaria en la capital desde hace semanas. Y, por otro, al Gobierno español, presentando con su pianista de cámara sus planes para reimpulsar la economía con las ayudas europeas como si el país estuviera para 'Himnos de la Alegría' cuando España pueda llegar en octubre al millón de contagios (junto con Rusia, Brasil, EEUU e India, países todos que multiplican su población).

Declarar el estado de alarma o imponer confinamientos quirúrgicos no es lo que reprime la economía de un país o una región ni da mala imagen al exterior. Es tener el virus fuera de control lo que mella la confianza en la capital y el resto del país. Restricciones similares o más drásticas en hostelería se están viendo en París, Nueva York y Londres con tasas de contagio muy inferiores a las madrileñas. El miedo que genera en la población más de un centenar de muertes diarias también lastra el consumo y, por supuesto, el turismo.

Ahora que el Gobierno español está replanteándose cómo mejorar la marca del país, a lo mejor les interesa echar un vistazo a la receta griega. En tiempos de pandemia, para ser percibido como un destino seguro el primer paso es serlo. Y una vez que tienes controlado el virus, discutimos si es mejor invitar a James Rhodes o a Yuval Noah Harari para filosofar sobre el futuro.

Si lo que un presidente del gobierno quiere es escenificar que tiene un plan para el futuro del país, seguramente sea más apropiado invitar a Yuval Noah Harari que a James Rhodes. Resulta además muy conveniente hacerlo en una terraza con vistas a la Acrópolis, especialmente cuando el autor de los bestsellers ‘Sapiens’ y ‘Homo Deus’ analiza los riesgos de la democracia y la aceleración del cambio tecnológico en el mundo post-covid. La conversación que el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, mantuvo hace unos días con el famoso escritor israelí en el Athens Democrátic Fórum es un ejemplo más de lo mucho que podría aprender el Gobierno español de un vecino al que hasta hace no mucho mirábamos por encima del hombro. También en la construcción del relato que tanto le preocupa.

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