¿Con quién no vas a pasar la Navidad?

Tanta limitación al reencuentro familiar, que la pandemia ha vuelto habitual en toda Europa, es especialmente difícil en países como España, donde somos muy de celebrarlo todo

Foto: Montaje del árbol de Navidad en la Puerta del Sol de Madrid. (EFE)
Montaje del árbol de Navidad en la Puerta del Sol de Madrid. (EFE)
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Del árbol navideño cuelga ya un globo sonda. Es el borrador del Gobierno con las restricciones por el coronavirus para Nochebuena y Nochevieja. El límite a seis personas es de momento provisional, porque en las negociaciones por los aforos con las comunidades autónomas puede todavía repescarse algún yerno que tema quedarse colgado. Están los grupos de WhatsApp llenos de silencios incómodos desde que sabemos que no cabremos todos. Las familias mejor avenidas ya están haciendo sus cábalas para repartir los turnos y esperando a la letra pequeña del decreto por si el descansillo fueran aguas internacionales donde no llega el BOE.

¿Con quién no vas a pasar la Navidad?

Tanta limitación al reencuentro familiar, que la pandemia ha vuelto habitual en toda Europa, es especialmente difícil en países como España, donde somos muy de celebrarlo todo haciendo eso que más contagios del virus provoca: juntando mucha gente de todas las edades que come, bebe y acaba pegando voces o, lo que es peor, cantando. El borrador del Gobierno advierte especialmente de que, este año, nada de cantar. Solo música pregrabada, que el 'playback' no lanza aerosoles. Y mejor en la terraza que en el salón.

Los sociólogos tienen estudiado que da igual cuántos años e hijos se tengan, los españoles seguimos considerando hogar no la casa propia sino la de nuestros padres. Al fin y al cabo, es a ella donde siempre vamos a buscar el taladro y el turrón. Si supiéramos celebrar fiestas de otra manera que no fuera comiendo, este año podríamos quedar a un paseo familiar con pandereta. Al aire libre, sería una celebración más segura para todos. El caso es verse, ¿no? Qué va. Si, en vez de a comer, el 25 nos juntáramos a dar un paseo por el campo, mi madre sacaría en un descuido el 'tupper' de lombarda. "Hija, es que es Navidad". Y aquí celebrar siempre ha sido sinónimo de juntarse a comer. Lo malo es que comer es sinónimo de quitarse la mascarilla. Y no está 2020 para tentar la suerte.

Ya sé de trabajos en los que la cena de Navidad la van a celebrar por Zoom. Mandarán a los empleados la comida 'take away' para poder echarse unas risas tomando algo todos juntos a la vez frente al ordenador. La RAE, que ha incorporado este año las palabras 'desconfinamiento' y 'coronavirus', ha perdido la ocasión de incluir también ‘vinollamada’, que va a ser la manera más hipoalergénica de brindar. Este año, quienes se desmadren al acabar la fiesta de empresa, al apagar la pantalla tendrán que conformarse con lo que tienen en casa. No todo va a ser malo en 2020. Frenar el covid incluye también importantes medidas de prevención del ridículo.

Tal vez la hiperregulación de las fiestas esté indignando a algunos. Otros andamos demasiado preocupados por no matar a un ser querido

Evitándonos la cena de empresa, nos evitaremos también sentarnos al lado de los que suelen decir eso de quién es el Gobierno para decirme cuántas copas de vino me puedo tomar (o con cuánta gente me puedo juntar yo por Navidad). Tal vez esta hiperregulación de las fiestas esté indignando a algunos. Otros andamos demasiado preocupados tratando de no matar a ningún ser querido para acordarnos de Hobbes.

Las prohibiciones van a ser, en realidad, la excusa para mucha gente que prefiere quedarse tranquilamente en su casa dudando si ver ‘Qué bello es vivir’ o ‘Estallido’. Sirve la restricción impuesta como recordatorio de que después de la segunda ola puede venir la tercera. Y contagiarse de covid la última semana del año mientras brindamos por la llegada de las vacunas sería como caer víctima de una bala perdida la víspera del armisticio. De ahí que mucha gente no esté tan preocupada por lo que el Gobierno nos vaya a prohibir esta Navidad como por encontrar la manera más segura de celebrarla. Aunque el Gobierno permitirá los viajes por toda la Península, muchos dudan ahora, con razón, si deberían o no volver a casa. El temor es pegarle el virus a sus seres más queridos. Va a ser difícil esto de demostrarle a la familia lo mucho que nos preocupa no pasando juntos la Navidad. Aunque más difícil sería quedar sin comer nada.

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