El riesgo de empezar a vacunar en Navidad
  1. España
  2. Cronicavirus
Marta García Aller

Cronicavirus

Por

El riesgo de empezar a vacunar en Navidad

Aumenta el riesgo de confundir las ganas de que todo pase con las ganas de celebrar que todo ha pasado ya

placeholder Foto: Un paciente británico recibe la vacuna de Pfizer. (EFE)
Un paciente británico recibe la vacuna de Pfizer. (EFE)

Estas no van a ser las primeras navidades del coronavirus. La primera alerta de covid-19 se dio el pasado 31 de diciembre. Y a finales del mes de enero, cuando muchos aprendíamos dónde estaba Wuhan, China canceló la celebración de su Año Nuevo porque una enfermedad respiratoria desconocida había causado la muerte de unas 20 personas en la provincia de Hubei. En Pekín, se cerraron la Ciudad Prohibida y demás atracciones turísticas. Se cancelaron los fuegos artificiales y los estrenos cinematográficos. El Gobierno chino pidió a toda la población quedarse en casa e impuso un bloqueo al transporte para evitar desplazamientos en el día festivo más importante del año, que es como su Navidad, cuando cientos de millones de personas aspiraban a viajar por todo el país para reunirse con sus familias y darse regalos. Las felicitaciones del Año de la Rata tuvieron que hacerse por teléfono por miedo al virus ese del que por entonces se contabilizaban apenas unos 2.000 contagios. La gala del Año Nuevo chino en la televisión estatal incluyó una conexión en vivo con un hospital de Wuhan. El año y la pandemia acababan de empezar.

Han pasado 11 meses desde aquel extraño Fin de Año lunar y el coronavirus sigue aquí, solo que ahora está por todas partes. Los muertos han pasado de 20 víctimas a 1,7 millones de fallecidos y los contagios globales se estiman en 73 millones. Pero hay algo que no ha cambiado. La tentación de juntarse para celebrar el Fin de Año por la necesidad de contacto social y emocional que tenemos los humanos. Por eso, a los virus les encanta la Navidad, porque la aprovechan para propagarse.

Foto: Hospital del Henares, en Coslada. (EFE)

Aunque a estas alturas sepamos mucho mejor que hace un año cómo de mortal es este coronavirus, cuando la fiesta familiar que se cancela no es ajena sino propia, surgen las dudas de si la nuestra no merecerá una excepción. ¿No está ya todo controlado? Si dicen que desciende la incidencia acumulada y además han dicho en el telediario que después de Navidad ya llegan las vacunas. Este es el mayor riesgo que enfrentamos las próximas semanas, el de confundir las ganas de que todo pase con las ganas de celebrar que todo ha pasado ya. Los mensajes que advierten del peligro llegan a la vez que los mensajes triunfalistas asociados a la vacunación. Normal que haya cierta confusión anímica.

A la vez que se anuncia la llegada de las vacunas, las restricciones en toda Europa se están haciendo mucho más estrictas de lo previsto inicialmente para las fiestas navideñas, porque a medida que avanza el invierno lo hacen también los contagios. Muchos hospitales vuelven a estar cerca de la saturación. Las tasas de infección del continente han quebrado la esperanza de vivir unas fiestas sin toques de queda ni restricciones de movilidad de Londres a Praga, de Atenas a Berlín. Bélgica solo permitirá a las familias invitar a su casa a una sola persona, o dos el que viva solo. Francia echó para atrás su tregua en Nochevieja y ha impuesto el toque de queda a partir de las ocho de la tarde. Italia no permite salir del municipio y estudia un confinamiento para Navidad. También Alemania y Países Bajos han impuesto un confinamiento casi total, cerrando todos los establecimientos no esenciales, incluidas las escuelas, durante un mes.

La vacunación contra el covid podría adelantarse

Crece el miedo a una tercera ola, que pueda ser más mortífera que las anteriores, a raíz de las fiestas. En Estados Unidos, la semana más mortífera de toda la pandemia han llegado justo unos días después de Acción de Gracias, cuando han empezado a mostrar síntomas los contagios de las reuniones familiares. Y mientras en Europa los gobiernos están aumentando las restricciones para no evitar el mismo error, en España todavía se llama a la cautela sin atreverse a imponer restricciones tan severas como en los países vecinos. Pero como las medidas tendemos a tomarlas por imitación, es probable que se terminen endureciendo.

Foto: Test de covid-19 en Madrid. (EFE)

Aquí, el Gobierno de momento delega en las comunidades el aumento de restricciones y las comunidades hacen lo propio en la responsabilidad ciudadana. Entre tanto, a una semana de las fiestas navideñas, los contagios han repuntado en varias comunidades. El Consejo Interterritorial de Salud se reúne este miércoles para reconsiderar algunas restricciones, pero también para organizar los planes de vacunación. Y el anuncio de la vacunación puede contagiar el espejismo de que esto ya está casi controlado, eclipsando la llamada a la cautela justo cuando más peligro de rebrotes corremos.

Hace casi un año que los chinos cancelaron sus reuniones familiares, sus reservas en los restaurantes y tuvieron que posponer sus viajes fuera de la ciudad. Las restricciones siempre parecen más razonables cuando son otros los que tienen que cerrar sus negocios, dejar de ver a su familia y encerrarse en casa en Navidad. Apenas una semana más tarde de aquel último Año Nuevo, China superaba los 300 muertos por covid-19 y Wuhan inauguraba aquel hospital construido en siete días que no tardó en llenarse de enfermos. Veíamos todo esto por televisión sin alcanzar a entender cómo se puede confinar una ciudad de 11 millones de habitantes y luego un país entero. Faltaban cinco semanas para que en marzo lo comprobáramos nosotros mismos. Esperemos no tener que volver a comprobarlo. Ahora ya sabemos que a los virus también les encanta la Navidad.

Coronavirus Fiestas Navidad Pandemia Vacunación