CIS catalán: salmorejo y butifarra, la receta de Arrimadas para ser presidenta

Cuando decidió el menú en el programa de Bertin Osborne, Inés Arrimadas pareció entender perfectamente cuál era la clave para el éxito electoral en Cataluña: salmorejo y butifarra

Foto: La candidata a la presidencia de la Generalitat, Inés Arrimadas. (EFE)
La candidata a la presidencia de la Generalitat, Inés Arrimadas. (EFE)

El barómetro preelectoral del CIS deja como principal titular la posible victoria de Ciudadanos en Cataluña. No se trata, sin embargo, del único elemento importante que refleja la encuesta. Repasemos brevemente otros, junto con las necesarias cautelas:

El efecto de la (no) lista única independentista. Normalmente, una coalición electoral tiene un inconveniente (que raramente uno más uno suman dos) y una ventaja (aprovechar mejor los restos de la ley d’Hondt). En mi opinión, en este caso, se daban las circunstancias óptimas para que los independentistas repitiesen la coalición electoral: los inconvenientes eran mínimos (la difuminación ideológica entre las opciones independentistas hace que prácticamente abarquen el mismo espectro ideológico juntos que por separado) y las ventajas, en términos de restos, son incluso mayores en Cataluña debido al particular reparto provincial de escaños (inalterado desde hace casi 40 años). Los resultados están a la vista: según mis cálculos, con el mismo apoyo que les da el CIS, si se presentasen en una lista única, los independentistas obtendrían entre tres y cuatro escaños más, situándose en 70-71 y asegurando por tanto la mayoría absoluta. Al presentarse por separado, el CIS les estima 67 escaños (según mis cálculos, además, entre dos y tres de estos diputados podrían estar en peligro).

La 'trumpización' de Puigdemont y el encarcelamiento de Junqueras. Dos fenómenos paralelos están provocando que la batalla interna independentista se haya equilibrado entre ERC y JxCAT (la lista de Puigdemont). Por un lado, lo que podríamos llamar la 'trumpización' de Puigdemont, que consiste en que cuantos más disparates dice (como proponer un referéndum sobre la permanencia de Cataluña en la UE o insinuar la complicidad del CNI en los atentados en las Ramblas), más sube en las encuestas. Al mismo tiempo, la decisión del juez Llanera de mantener la prisión incondicional para el líder y número uno de la lista de ERC, Oriol Junqueras, impidiéndole participar en la campaña y dejando el foco en una política 'amateur', Marta Rovira, está jugando en contra de los republicanos. El resultado de esta pinza es que la distancia entre ERC y JxCAT es mucho menor de lo que anticipaban las encuestas hace solo unas semanas (según el CIS, 20,8% para ERC y 16,9% para JxCAT). El efecto de este cuasi-empate puede ser letal para el independentismo: por un lado, al mantener encendida la batalla interna, impide el discurso unitario, tan efectivo para los intereses soberanistas, y puede provocar el desánimo de sus votantes. Por otro, dificulta el voto útil dentro del independentismo (¿hacia quién habría de producirse?), que normalmente tiene un papel importante en las últimas semanas de campaña.

Se mantienen los bloques. Pese a todo lo ocurrido en los últimos meses, las transferencias de votos entre bloques (independentistas y constitucionalistas) son mínimas. Ciudadanos crece fundamentalmente al apropiarse de casi la mitad del voto del PP en las anteriores elecciones, y de algunos pellizcos en el granero del PSC (12,9%) y en menor medida de Podem (7,1%). Pero prácticamente no captura ningún voto entre los antiguos votantes de JxS (apenas el 0,9%). Al contrario ocurre lo mismo.

Dentro de cada bloque, tiene interés identificar al rival más débil, aquel por cuyos votantes se lanzarán en tropel el resto de competidores, marcando el devenir de la campaña electoral. Entre los independentistas, el votante de la antigua JxS está muy movilizado (el 45% votará a ERC y cerca del 40%, a JxCAT), pero en cambio el de la CUP está 'en el mercado' (apenas la mitad de los votantes manifiesta su intención de repetir su voto). Es de esperar por tanto una campaña en la que los independentistas compitan en radicalismo, por parecer los 'guardianes' de las esencias del 'procés'. Por su parte, entre los constitucionalistas, el voto de Ciudadanos está muy fidelizado (cerca de un 80%), y bastante menos el del PSC (65%) y PP (45%). Es esto lo que explica el cuerpo a cuerpo, especialmente entre naranjas y socialistas, que estamos viendo en los prolegómenos de la campaña.

— Los votantes de Podem constituyen el único elemento de transversalidad, la única fuente de la que están bebiendo todos los partidos. Además, son los votantes más indecisos. Solo el 65% ha decidido ya su voto. Hasta el momento, es el PSC el que se está llevando el gato al agua, consiguiendo el 21,5% del apoyo de los antiguos votantes morados, seguido por ERC (8,6%) y en tercer lugar Ciudadanos (7,1%). En cómo se reparta el voto de Podem está una de las claves de las elecciones.

— La importancia de la movilización. Al ser las transferencias entre bloques mínimas, la partida se va a jugar en el terreno de la movilización. Y a este respecto estamos llegando al límite: más de un 90% de los encuestados afirma que votará “con toda seguridad” en las elecciones, y un 5% adicional, que “probablemente” lo hará. Como comparación, en el CIS preelectoral de las elecciones autonómicas de 2015, estos porcentajes eran del 77,5% y 14% respectivamente. Es decir, que estamos alcanzando unos niveles de movilización sin precedentes y seguramente nos vayamos a una participación superior al 80%. Dicho lo cual, no se observa en la encuesta una mayor movilización constitucionalista que soberanista, aunque el discurrir de la campaña pueda provocarla.

— Conviene advertir, por último, que el porcentaje de indecisos (15%) y de voto no revelado (10%) sigue siendo relevante. En mi opinión, existen razones para pensar que los patrones de ocultamiento del voto han cambiado respecto al comportamiento tradicional de los electores en Cataluña. Si esto fuese así, el voto soberanista podría estar ligeramente infraestimado.

Los colectivos que Ciudadanos tiene más a mano de cara al 21-D son los abstencionistas tradicionales del PSC y los votantes de Podem

Cuando decidió el menú en el programa de Bertín Osborne, Inés Arrimadas pareció entender perfectamente cuál era la clave para el éxito electoral en Cataluña: salmorejo y butifarra. Si se me permite una comparación político-culinaria, movilizar al votante del cinturón industrial de Barcelona que tradicionalmente se ha abstenido en las elecciones autonómicas (lo que podríamos denominar 'salmorejo') y al mismo tiempo arrancar algún voto entre el votante pequeño comerciante que siempre ha apoyado al nacionalismo moderado ('butifarra'). Es cierto que Arrimadas parece haber levantado el pie del acelerador, rebajando el torno de su discurso territorial, pero hasta el momento sigue haciendo más hincapié en el salmorejo que en la butifarra. Una estrategia con sentido, porque los colectivos que Ciudadanos tiene más a mano de cara al 21-D son los abstencionistas tradicionales del PSC y los votantes de Podem. Pero, para Ciudadanos, ganar las elecciones no es suficiente. La aritmética parlamentaria no le favorece. Con los números en la mano, me atrevería a decir que solo García Albiol tiene menos posibilidades que Arrimadas de formar una mayoría de diputados que voten a su favor en una eventual investidura.

Si el objetivo de Ciudadanos no es llegar primero a la meta el 21-D, sino gobernar en Cataluña, Arrimadas necesita abrir una brecha en el bloque soberanista, añadir la butifarra al menú. Poco ayuda a este fin la participación activa de Albert Rivera (de hecho, me atrevo a decir que el único momento del programa de Osborne en el que Arrimadas pareció incómoda y fuera de plano fue mientras compartía mesa con Rivera, que demostró una cierta tendencia a monopolizar la conversación).

No se puede subestimar el efecto emocional que tendría una victoria de Ciudadanos en Cataluña, un zarpazo al discurso emocional del proceso soberanista que podría acelerar su descomposición. Tal vez la victoria de Ciudadanos sería un elemento necesario para recomponer los puentes en Cataluña, pero no es suficiente. Salmorejo y butifarra constituyen la fórmula mágica que durante tanto tiempo persiguió sin éxito el PSC (ni siquiera Maragall fue capaz de mantener el salmorejo en el menú). Si lo consigue, Inés Arrimadas acabará siendo presidenta de la Generalitat… aunque eso probablemente no ocurra hasta dentro de cuatro años.

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