Vuelve el déficit de tarifa

Imagine que cada consumidor, junto con su factura, hubiese recibido desde 1997 un cupón de descuento por, digamos, el 10%. Más que un descuento, se trataba de una compra a plazos

Foto: Varias bombillas.
Varias bombillas.

Den le bienvenida (mejor dicho, el bien-retorno) a un viejo conocido del sector eléctrico: el déficit de tarifa. El déficit de tarifa es un invento bastante español. De manera muy resumida (seguro que la historia la han leído antes), el déficit de tarifa se inventó en el año 1997, cuando se produjo la (presunta) liberalización del sector eléctrico, y se convirtió en una bola de nieve a partir de 2005, cuando los precios energéticos se dispararon en los mercados internacionales.

De forma simplificada, el déficit de tarifa consiste en que una parte de la electricidad no se paga ahora sino en el futuro. Imaginemos que cada consumidor eléctrico, junto con su factura mensual, hubiese recibido desde 1997 un cupón de descuento por, digamos, el 10%. En realidad, más que un descuento, se trataba de una compra a plazos. Ese cupón decía: “Te descontamos el 10% de tu factura, que pagarás en cómodas cuotas a lo largo de los próximos 10 años”.

Ese cupón imaginario era muy real: lo recibieron sin saberlo los consumidores eléctricos cada mes desde 1997. En algunas facturas, el descuento fue del 10%, en otras del 5%. La bola de nieve se fue acumulando a lo largo de los años. En su momento cúspide, en 2012, la deuda acumulada llegó a superar los 30.000 millones de euros. En la actualidad, se sitúa por debajo de los 20.000 millones y terminaremos de pagarla dentro de aproximadamente una década.

¿Cómo nació el déficit de tarifa? En 1997, España vivía bajo la presión de los denominados criterios de Maastricht. Uno de ellos establecía que la tasa de inflación no podía superar en más de 1,5 puntos la media de los tres países menos inflacionistas de la UE. En 1996, la media de la tasa de inflación en estos tres países (Suecia, Finlandia y Alemania) fue del 1%, por lo que el límite de Maastricht era del 2,5%. España cerró 1996 con una inflación del 3,6%. En 1997, la inflación en España descendió hasta el 1,9%, cumpliendo por tanto el objetivo. ¿Qué pasó entre medias?

Vuelve el déficit de tarifa

Pasó sencillamente que el Gobierno hizo todo lo posible para controlar los precios. Acuciado por la necesidad de reducir el diferencial de inflación, el Gobierno echó mano de todos los precios que estaban a su alcance. El precio eléctrico era uno de los candidatos más obvios. Así que el Gobierno, como parte de la liberalización eléctrica, decidió que los precios se congelasen, a cambio de reconocer a las empresas el derecho a recuperar este desajuste en el futuro. Había nacido el déficit de tarifa.

¿Qué consecuencias tuvo el déficit de tarifa sobre el sector eléctrico? Muchas, casi todas negativas. Al mantener los precios artificialmente bajos, el déficit de tarifa incentiva el consumo excesivo y, en consecuencia, incrementa de manera injustificada los beneficios de las empresas eléctricas. Adicionalmente, traspasa de manera insolidaria (e inconsciente) el coste de la electricidad actual a los consumidores futuros. Por último, hay que financiar el déficit. Alguien debe aportar la liquidez necesaria para financiar el desajuste. En España, se optó primero por que fuesen las propias empresas las que asumiesen esta financiación, reconociéndoles un derecho de cobro en sus balances. Cuando la bola se incrementó demasiado, y coincidió con un contexto de restricciones financieras, hubo que arbitrar otros mecanismos para su financiación. Al final, se creó un fondo de titulización (FADE) que, con la garantía del Estado español, acudió a los mercados internacionales para colocar esta deuda acumulada mediante instrumentos de renta fija.

El Gobierno decidió que los precios se congelasen, a cambio de reconocer a las empresas el derecho a recuperar este desajuste en el futuro

El déficit de tarifa, como se ha explicado, creció exponencialmente hasta 2012. Una pregunta que normalmente acalora las discusiones en el sector eléctrico es quién es el culpable del déficit eléctrico. Al ser un desajuste entre los ingresos y los gastos del sistema eléctrico, en realidad la 'culpa' proviene de ambos sitios. Por el lado de los ingresos, la 'culpa' consistió en aislar a los consumidores de los incrementos de los precios energéticos hasta 2006. A partir de este año, la 'culpa' provino del lado de los costes, fundamentalmente del incremento de las primas a las renovables.

En 2012, el déficit ascendió a más de 5.000 millones de desequilibrio, solo ese año. Para hacer freno al agujero, solo había tres caminos: que pagasen los consumidores eléctricos, que lo hiciesen las empresas o los contribuyentes. La reforma de 2012 decidió que el agujero lo pagasen en su mayor parte los consumidores eléctricos. Pero lo hizo a través de un camino indirecto: en lugar de subir el precio de la luz, se estableció un impuesto sobre las empresas del 7%, que automáticamente estas repercutieron sobre los consumidores.

¿Había otras maneras de hacerlo? Sí, por ejemplo, se podría haber eximido de este impuesto a las tecnologías marginalistas (carbón y gas). Aunque parezca contraintuitivo, al eximir del impuesto a determinadas plantas, acaban siendo las empresas las que soportan el impuesto en lugar de los consumidores. Lógicamente, no es sencillo argumentar por qué unas tecnologías deben estar exentas del impuesto y otras no. Los abogados del Ministerio de Industria hubiesen pasado un mal rato, y es discutible si los tribunales lo hubiesen aceptado. Pero el resultado es que las empresas hubiesen soportado el impuesto.

También había una tercera vía: hacer que el agujero lo soportasen el conjunto de los contribuyentes, por ejemplo, financiando determinadas partidas de la factura eléctrica a través de los Presupuestos Generales del Estado.

¿Había otras maneras de hacerlo? Sí, por ejemplo, se podría haber eximido de este impuesto a las tecnologías marginalistas (carbón y gas)

¿Qué supone la 'suspensión' del impuesto eléctrico? El efecto más inmediato es una bajada en la tarifa que pagan los consumidores, que la propia ministra ha cifrado en un 2%. El segundo efecto es que automáticamente se produce un desajuste entre los ingresos y gastos del sector eléctrico: según la Comisión de Competencia, la recaudación del impuesto eléctrico ascendió en 2017 a cerca de 1.500 millones. Este es el agujero que automáticamente se produce en el sector eléctrico.

La ministra ha estado hábil, porque ha anunciado la suspensión del impuesto eléctrico apenas unos días después de que Pablo Casado propusiese su eliminación, lo que deja ahora en un brete al PP. El ministerio también ha anunciado que en el plazo de seis meses presentará un conjunto de medidas estructurales sobre el sector eléctrico. Otra manera de decirlo es que de aquí a entonces debe encontrar la manera de recortar 1.500 millones de euros en el sector eléctrico para equilibrar las cuentas (y la experiencia indica que no es una empresa fácil). Como diría su colega de gabinete, la ministra de Economía, lo fácil es bajar los impuestos. En el sector eléctrico se acaba de anunciar una bajada de impuestos. Ahora toca recortar el gasto. Si no se hace, lo verdaderamente estructural será el regreso del déficit de tarifa.

Fe de errores: En una primera versión de este artículo se decía que la recaudación por el impuesto eléctrico es de 3.000 millones cuando en realidad son 1.500 millones. 3.000 millones es la transferencia del Ministerio de Hacienda al sistema eléctrico, que incluye la recaudación de otras tasas y conceptos.

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