Más preguntas que respuestas en el CIS

Tiene fácil el CIS despejar todas las dudas: bastaría con que hiciese público el método de estimación de la 'cocina' y explicar, cuando se produce algún cambio metodológico, a qué se debe

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Vaya un apunte previo sobre el 'cómo' del barómetro del CIS antes de analizar el 'qué'. Como ya se ha comentado en esta columna, es inaudito que el CIS esté dirigido por quien hasta hace poco era encargado de las encuestas en la ejecutiva socialista (más aún, que se empeñase en compatibilizar ambos cargos, algo a lo que, afortunadamente, al final renunció). Es un precedente que proyecta una sombra sobre la institución, y que aconseja extremar la corrección en las formas. Sin embargo, ha sucedido exactamente lo contrario.

El CIS llevaba más de dos décadas ofreciendo sondeos con intención de voto de forma trimestral. Esta costumbre ha cambiado de la noche a la mañana (a partir de ahora, serán mensuales). Desconocemos los motivos para este cambio repentino, porque se ha informado a través de una escueta nota de prensa apenas 24 horas antes de publicar el sondeo. Huelga decir que existen argumentos a favor y en contra de los sondeos mensuales: el CIS ya hace barómetros cada mes, aunque sobre otros temas, por lo que el coste extra de incluir preguntas sobre la intención de voto no debe ser excesivo. Por otro lado, precisamente de 'sondeos políticos' está el mercado lleno, y es discutible que los recursos públicos deban destinarse a algo que está cubierto.

Pero como les decía, no se trata de comentar las virtudes o defectos de los sondeos mensuales, sino de que este cambio no se debería adoptar sin discusión ni transparencia, en lo que constituye un ejemplo más de lo rápido que se pueden deteriorar nuestras instituciones cuando no se respetan las más elementales reglas de funcionamiento.

Más preguntas que respuestas en el CIS

Vayamos ahora al qué: la foto fija es que el PSOE rebasa la barrera del 30%, mientras PP y Ciudadanos se mantienen prácticamente empatados alrededor del 20%. Los cambios respecto al anterior sondeo (correspondiente al mes de julio) son mínimos. Si nos creyésemos los datos ahora publicados (más adelante explicaré las razones para mi escepticismo), el resultado en escaños sería el siguiente: PSOE 127, PP 79, Ciudadanos 68 y Podemos 47. O dicho de otro modo: ni siquiera con un resultado tan generoso con el Gobierno (ningún otro sondeo privado publicado en las últimas semanas le da al PSOE una ventaja de 10 puntos), el PSOE alcanzaría la barrera de las 134 diputados que en la actualidad tiene el PP (y que tantos problemas le dio a Rajoy para formar una mayoría de gobierno). Ni siquiera este CIS, almibarado para los socialistas, le permitiría alcanzar la mayoría absoluta junto con su socio preferente, Podemos (entre ambos, sumarían 174 diputados, rozando pero por debajo de la mayoría absoluta).

Creo que este es un elemento que está pasando relativamente desapercibido: debido a las características de nuestra ley electoral, el partido que queda en cuarto lugar (ahora mismo, Podemos) sufre un notable castigo en términos de escaños. Con los datos del CIS, Podemos perdería alrededor de un 20% de su apoyo electoral respecto de las elecciones de 2016 (pasando de cinco a cuatro millones de votos), pero una tercera parte de sus escaños (pasaría de los actuales 71 a 47).

La segunda derivada es que esta caída complica sobremanera que PSOE y Podemos alcancen entre ellos la mayoría absoluta para gobernar. Para entendernos, Sánchez está ahora en la posición en la que estaba Rajoy en 2016, y Podemos desempeña el papel que entonces representaba Ciudadanos (el de cuarto partido). Y basta recordar que en aquellas elecciones Rajoy superó el 33% del apoyo electoral, y ni siquiera así consiguió formar una mayoría con Ciudadanos (necesitó la traumática abstención de los socialistas para resultar elegido).

Sánchez está ahora en la posición en que estaba Rajoy en 2016, y Podemos desempeña el papel que entonces representaba Ciudadanos (cuarto partido)

O dicho de otra manera, si Pedro Sánchez quiere mantener su despacho en La Moncloa, tendrá que sumar a Podemos y a uno o seguramente varios partidos independentistas. Y pueden apostar a que las condiciones que unos y otros pondrían para una investidura de Sánchez no tendrían nada que ver con las facilidades que pusieron para la moción de censura a Rajoy.

Volvamos al CIS. ¿Por qué mi escepticismo sobre los resultados? En primer lugar, hay un problema de composición de la muestra (lo que no es extraño tras un cambio de Gobierno, y que obliga a tomarse los sondeos publicados inmediatamente después con pinzas): según el sondeo ahora publicado, el PSOE hubiese ganado las últimas elecciones generales de 2016. Por cada 100 votantes que recuerdan haber votado al PP, hay 103 que dicen haber votado al PSOE. Si nos vamos al barómetro del CIS del mes de abril (el último antes de la moción de censura), la composición de la muestra era la inversa: por cada 100 votantes que recordaban haber votado al PSOE, había 107 que decían haberlo hecho al PP (algo más parecido a la realidad de aquellas elecciones). La composición de una muestra es fundamental para los resultados de un sondeo: no es lo mismo irte a hacer la encuesta a un bar de la calle Ferraz que a uno de la calle Génova.

Si comparamos este sondeo con el anterior, el correspondiente a julio, encontramos que el PSOE ha bajado casi 5 puntos en intención directa de voto

Mi segundo conjunto de razones para el escepticismo tiene que ver con la 'cocina' del CIS: si comparamos este sondeo con el anterior, el correspondiente al mes de julio, encontramos que el PSOE ha bajado casi cinco puntos en intención directa de voto (ha pasado del 23,9% al 18,6%), también en voto más simpatía (del 27% al 22,4%), mientras tanto PP como Ciudadanos suben en ambas variables. A su vez, el conjunto de los ciudadanos se ha desplazado ideológicamente a la derecha (la media de ubicación ideológica pasa del 4,46 al 4,67), un indicador que normalmente se mueve hacia la izquierda cuando el PSOE incrementa su apoyo y hacia la derecha cuando lo hacen PP y Ciudadanos. Y quizá lo más sorprendente es que es el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien más ha incrementado su popularidad (pasa de 3,35 a 3,93) mientras la del presidente Sánchez apenas se ha movido (pasa de 4,04 a 4,11), incluso menos que la de Pablo Iglesias (pasa del 2,96 al 3,07). Y pese a todo, una vez metidos los datos por la 'cocina', es el PSOE quien incrementa su intención de voto mientras PP, Ciudadanos y Podemos retroceden. Algo chirría en estos resultados.

Voy a expresarlo de otra manera: si me hubiesen dado el sondeo del CIS 'a ciegas', sin incluir la estimación de voto en la última página (sin la 'cocina', para entendernos), mi resumen hubiese sido que se advierten los primeros síntomas de desgaste en el Gobierno, aunque todavía leves (el trabajo de campo está hecho antes de la dimisión de Montón, de las dudas sobre la tesis de Sánchez y de las grabaciones que ahora acechan a la ministra de Justicia, aunque después del viaje en Falcon al festival de música y las primeras rectificaciones del Gobierno, que no parecen haber pasado factura en la valoración del presidente), algunos indicios de recuperación en Ciudadanos y de estabilización en Podemos, mientras que el 'efecto Casado' habría pasado prácticamente desapercibido.

Pero esta lectura, insisto, hubiese sido antes de conocer la estimación del voto. Porque la foto final en nada se parece a estas conclusiones. Tiene fácil el CIS despejar todas las dudas: bastaría con que hiciese público el método de estimación de la 'cocina', y explicar, cuando se produce algún cambio metodológico respecto a anteriores sondeos, a qué se debe.

Ciudadanos es la segunda opción preferida por cerca de un 16% de los votantes, seguido de Podemos (11,2%), PP (9,7%) y PSOE (8,7%)

Por último, y como no todo van a ser preguntas, conviene también decir que el CIS ha incluido una interesante pregunta en su sondeo sobre “el segundo partido preferido”, pregunta que va a hacer las delicias de los analistas (y de los partidos) a la caza de los indecisos. Para los más curiosos, Ciudadanos es la segunda opción preferida por cerca de un 16% de los votantes, seguido de Podemos (11,2%), PP (9,7%) y PSOE (8,7%). Una pista del potencial de mejora de cada uno.

Un último apunte: con los resultados de este sondeo, las crisis que van azotando como una plaga a los ministros y el camino de los Presupuestos tapado, el presidente Sánchez perdió ayer una oportunidad sin parangón para convocar elecciones, después de la decisión de la Mesa del Congreso: tal vez fuese su última ocasión de conservar un pellizco de una iniciativa política que se le está escapando a jirones a un Gobierno con claros síntomas de descontrol.

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