Que vienen (está vez sí) los 'fachas'

Por paradójico que parezca, Vox sirve en bandeja al Gobierno lo que la exhumación de Franco intentaba, sin hasta ahora conseguirlo: la movilización de los votantes de izquierda

Foto: Imagen del acto de Vox celebrado este domingo en Madrid. (Flickr: Vox)
Imagen del acto de Vox celebrado este domingo en Madrid. (Flickr: Vox)

'En España, 'facha' es el insulto político que más barato cotiza. Inés Arrimadas es 'facha' por no resignarse a que la bandera española sea un objeto extraño en Cataluña, una vergüenza que deba guardarse en el armario para no herir la siempre susceptible sensibilidad nacionalista. Los votantes del Partido Popular, ocho millones en las últimas elecciones, de los que todavía conservan entre cinco y seis millones, según las últimas encuestas, son unos 'fachas' incorregibles, a los que ni una interminable ristra de casos de corrupción hizo replantearse su voto a un partido de ultraderecha. Los socialistas andaluces son unos 'fachas' para muchos simpatizantes de Podemos (su líder, Teresa Rodríguez, dijo que no apoyaría a los socialistas “ni muerta”, como si de la peste bubónica se tratase), y hasta los sectores más moderados de Podemos, los Errejón, Carmena o el propio Pablo Iglesias, son unos 'fachas' a ojos de los Anguita, Monereo e Illueca. Lo verdaderamente sorprendente no es que existan 'fachas' en España, sino que hayan tardado 40 años en llenar el Palacio de Vistalegre. La última movilización de 'fachas' tan multitudinaria se remonta a octubre de 1975, cuando centenares de miles de 'fachas' se congregaron en la plaza de Oriente para defender la dignidad de un dictador moribundo, injustamente atacado en las capitales europeas tras las sumarísimas ejecuciones de varios condenados por delitos terroristas pocos días antes.

Que vienen (está vez sí) los 'fachas'

Una de las primeras lecturas del multitudinario mitin de Vox en Madrid es la misma que en el viejo cuento musical de 'Pedro y el lobo'. A fuerza de llamar 'facha' a Rivera, a Rajoy o a Aznar, nos hemos quedado sin adjetivos para describir a Santiago Abascal. Y no es un problema simplemente semántico. En España, hace décadas que no existe un partido de ultraderecha. Ni siquiera la Alianza Popular de Fraga (cuando todavía la UCD de Suárez era el principal partido del centro derecha) creo que mereciese tal calificativo. Es difícil catalogar como 'de derechas' las políticas seguidas por el Partido Popular cuando ha estado en el Gobierno. Comparándolas con otros países europeos, cuando han tenido también gobiernos de centro derecha, las políticas del Partido Popular han tenido una vocación claramente moderada, incluso de inspiración socialdemócrata en algunos casos. Sin embargo, ha sido habitual escuchar que teníamos en España a la derecha más carca, reaccionaria y ultramontana de toda Europa. Con notable éxito en la percepción de los ciudadanos: cuando el CIS pregunta a los votantes dónde sitúan a los partidos políticos en una escala de 1 (izquierda) a 10 (derecha), en la que por tanto el 5,5 representa el centro político, suelen situar al PSOE entre el 4 y el 5, mientras al PP lo sitúan entre el 8 y el 9. Es decir, que la distancia entre el PSOE y el centro político es de un punto (a la izquierda), mientras la del PP es de más de tres puntos (a la derecha), curiosamente la misma distancia a la que se sitúa Podemos.

A fuerza de llamar 'facha' a Rivera, a Rajoy o a Aznar, nos hemos quedado sin adjetivos para describir a Santiago Abascal

No digo que el surgimiento de un partido de ultraderecha en España sea consecuencia directa de la costumbre de los dirigentes de izquierda de llamar 'fachas' a todos los que no comulgan con ellos. Pero sí creo que es responsabilidad de los políticos, al menos, no inventar problemas donde no existen. En España, hasta ahora, no existía un partido político que mereciese ser llamado 'facha', como por cierto tampoco existe un problema de 'pobreza energética' o no existía una demanda social para un nuevo Estatuto de Autonomía en Cataluña. Hay problemas que nacen primero como sintagmas en las declaraciones de los dirigentes políticos. El de los 'fachas' es uno de ellos.

¿Conviene tomarse en serio al surgimiento de Vox? En mi opinión, sí, con las debidas cautelas, pero con la máxima preocupación.

Las cautelas deben venir de nuestro sistema electoral, que complica la vida a los partidos minoritarios de ámbito nacional, aunque este efecto se difumina en las circunscripciones más grandes, por lo que habrá que estar atentos al apoyo a Vox en lugares como Madrid.

También la experiencia aconseja la cautela. No es el primer proyecto político que se lanza mirando a la ultraderecha. También Jesús Gil y Mario Conde, aunque con connotaciones personales muy distintas, intentaron jugadas parecidas.

Pero hechas estas cautelas, existen motivos para la preocupación. La ultraderecha alemana (AfD, Alternativa para Alemania) tardó cerca de 70 años en entrar en el Parlamento alemán, consiguiéndolo en las últimas elecciones de 2017. A día de hoy, varias encuestas la sitúan en segunda posición, con un respaldo cercano al 20%. El salto cualitativo que se produce cuando un partido extraparlamentario consigue representación en las instituciones es abismal: no solo económico sino también mediático. Basta recordar el precedente de Podemos tras las elecciones europeas de 2014, que sirvió como catalizador de su meteórico ascenso en las encuestas. En un entorno líquido como el actual, cualquier sima en el tablero político puede convertirse en un terremoto.

También Jesús GiL y Mario Conde, aunque con connotaciones personales muy distintas, intentaron jugadas parecidas

Pero es que además, en el entorno multipartidista en el que nos encontramos, unos cuantos escaños pueden resultar decisivos para la formación de un Gobierno. Basta imaginar que Vox se alce con tres o cuatro escaños en las próximas elecciones y que estos resulten decisivos para la investidura, por ejemplo, de Pablo Casado. ¿Cuántas de las reivindicaciones de Vox formarían parte del programa de gobierno? Me atrevería a decir que casi todas.

Y esto entronca con la última pregunta: ¿a quién beneficia políticamente la irrupción de un partido como Vox en nuestro panorama político? Sin lugar a dudas, al Partido Socialista y en menor medida a Podemos. En primer lugar, por una cuestión aritmética: un nuevo partido en el espacio político de la derecha hace que los votos se dividan entre tres formaciones, con efectos que pueden ser decisivos en muchas circunscripciones. Pero, más allá de la aritmética, el surgimiento de Vox permite a los partidos de izquierda abrir una dinámica de confrontación de bloques, de guerra cultural y de batalla ideológica. El escenario sin duda preferido por el Gobierno para espolear sus aspiraciones. Puede que, por paradójico que parezca, Vox sirva en bandeja al Gobierno lo que la exhumación de Franco intentaba, sin hasta ahora conseguirlo: la movilización de los votantes de izquierda. Darles a los votantes que empiezan a estar desencantados con el Gobierno una razón para brindar a Pedro Sánchez una segunda oportunidad (o una primera, según se mire) de gobierno.

Desde fuera

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
86 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios