El CIS andaluz: algunos nubarrones sobre Susana Díaz

La imagen de la presidenta andaluza ha caído casi un punto desde 2015, pasando del 5,1 al 4,1. Casi un 60% de los encuestados califica como “regular” o “mala” su gestión

Foto: La secretaria general del PSOE de Andalucía, presidenta de la Junta y candidata a la reelección, Susana Díaz. (EFE)
La secretaria general del PSOE de Andalucía, presidenta de la Junta y candidata a la reelección, Susana Díaz. (EFE)

Empieza a resultar tedioso tener que empezar todos los artículos sobre las encuestas del CIS hablando de su presidente. Pero en esta ocasión es inevitable: hace unos días, dijo que la cocina que utilizaba el CIS pre-Tezanos era “brujería” o “psiquiatría”. Su apuesta, en cambio, era ofrecer la intención directa de voto en bruto, tal y como la declaran los ciudadanos en la encuesta (“el único método científico válido”, llegó a decir). Hasta que ha llegado Andalucía y esta métrica perjudicaba al PSOE: si comparamos los datos con la encuesta preelectoral de 2015, en intención directa de voto el PSOE baja del 25,5% al 22,2%. Pero, milagrosamente, en 'estimación' de voto (es decir, metiendo los datos por la no-cocina de Tezanos), sube del 34,7% al 37,4%. ¿Cómo es posible? ¿Acaso la cocina no era como el enano del altavoz de 'El Mago de Oz'? Tal vez haya llegado el momento de preguntarse si la labor del presidente del CIS, que empezó siendo una anécdota para convertirse en un chiste, ha entrado en un terreno distinto: el de las infracciones.

Comparaba hace unas semanas al CIS de Tezanos con el Instituto de Estadística argentino bajo la presidencia de Kirchner. Añadiré ahora que incluso en los momentos de manipulación más flagrante del IPC argentino había maneras de rastrear la realidad. Kirchner enviaba funcionarios a los supermercados donde se recogían los datos para 'persuadirles' de que no subiesen los precios. Pero estos supermercados no siempre vendían todos los productos que integraban la cesta del IPC. Digamos, por ejemplo, que las albóndigas en lata no se vendían en ninguno de estos supermercados 'intimidados' por Kirchner. Los analistas que entonces seguíamos la coyuntura argentina no prestábamos atención al dato del IPC (sabíamos que estaba manipulado). Lo verdaderamente importante era mirar el precio de las 'albóndigas en lata' en la descomposición de la serie del IPC.

Así que les propongo un ejercicio parecido: olvídense del dato de estimación de voto que ofrece el CIS andaluz, a estas alturas no creo que signifique nada. Pero busquemos dentro del CIS el dato de 'las albóndigas en lata'. ¿Qué nos dice?

Lo que nos sugiere es que Susana Díaz puede tener problemas. La imagen de la presidenta andaluza ha caído casi un punto desde 2015, pasando del 5,1 al 4,1. Casi un 60% de los encuestados califica como “regular” o “mala” su gestión. Y también cerca de un 60% dice que “le gustaría que gobernase Andalucía un partido distinto al que gobierna en la actualidad”.

Hay también otros motivos que deberían preocupar a la presidenta andaluza: el paro ha bajado, como es natural, como principal preocupación de los andaluces (62,8% frente a 78,6% en 2015). Curiosamente, sin embargo, la preocupación por la corrupción incluso se ha incrementado (han pasado del 12,3% al 14,9% los que la citan en primer lugar) y se ha disparado la preocupación por la sanidad, del 1,8% al 7,5%. Seguramente, Susana Díaz tenga escrito en su diario de campaña cómo intentar sacar la corrupción de escena, pero apuesto a que tiene menos trabajado cómo responder al deterioro de los servicios públicos que parece preocupar a los andaluces.

Otra de las novedades del CIS andaluz es el alto número de votantes indecisos, que seguramente explica la alta volatilidad que se observa en el resto de encuestas privadas. Si en 2015 un 16,7% de los encuestados decía no saber a quién votaría, este porcentaje ahora sube hasta el 26,6%. La campaña electoral, por tanto, se presenta más decisiva que nunca. El CIS andaluz incluye una pregunta interesante (que también se ha incluido en los últimos barómetros a nivel nacional) sobre cuál es la segunda opción preferida para los votantes en caso de que finalmente decidan no votar a la primera. La respuesta la encabeza Ciudadanos (con un 13,7%) seguido a una distancia notable por PP (9%), PSOE (8,8%) y Podemos (8%). 'A priori', por tanto, parece que la formación naranja es la que tiene más recorrido al alza en la campaña electoral que está a punto de arrancar.

Si tuviese que resumir en dos las principales incógnitas de las próximas elecciones andaluzas, serían estas:

-Cuál es el Gobierno que saldrá tras las elecciones.

-Qué consecuencias tendrá sobre la política nacional.

(En realidad, estas son las mismas dos preguntas que nos hacemos en cada convocatoria electoral, por mucho que la presidenta andaluza se empeñe en calificar la segunda como una desconsideración a los andaluces).

Para responder a la primera pregunta (sobre el futuro Gobierno andaluz), les recomendaría seguir la siguiente secuencia:

-¿Alcanzarán Ciudadanos y PP la mayoría de escaños? Si es así, dejen de hacer cábalas. Habrá cambio de Gobierno en Andalucía por primera vez después de 40 años. Prácticamente ninguna de las encuestas que han aparecido hasta ahora los sitúa por encima de esta mayoría, pero algunas se quedan cerca. Mi impresión es que ambos partidos están menos lejos de esta mayoría de lo que en general se cree, aunque es probable que finalmente se queden por debajo.

-¿Alcanzará el PSOE la mayoría con Podemos y/o Ciudadanos? Aquí, curiosamente, el peor escenario para Susana Díaz podría ser alcanzar la mayoría con ambos partidos. En ese escenario, el líder de Ciudadanos, Juan Marín, no tendría excusa para no cumplir la promesa hecha de no volver a gobernar con Susana Díaz. Y la líder de Podemos, Teresa Rodríguez, podría intentar cobrarse la cabeza de la presidenta andaluza (como también ha anunciado) ante la falta de alternativas. En realidad, una de las pocas escapatorias para la presidenta andaluza es que el único Gobierno matemáticamente viable tras las elecciones sea el del PSOE con Ciudadanos, y que la formación naranja, por responsabilidad, y para evitar una nueva convocatoria electoral, no tuviese más remedio que tragarse el sapo de desdecirse. Pero, incluso en este caso, la tentación de cobrarse la pieza de la presidenta sería muy alta.

¿Y cuáles serán las consecuencias sobre la política nacional? Evidentemente, una eventual pérdida del Gobierno andaluz sería un torpedo contra el Gobierno de Pedro Sánchez, aunque no hay que descartar que este encontrara la forma de reinterpretarlo como un motivo más para postergar la convocatoria de elecciones. El segundo elemento a seguir es si se produce el sorpaso de Ciudadanos al PP. Y, de acuerdo con la encuesta del CIS, este parece cerca de producirse: Ciudadanos está por delante del PP en voto más simpatía (12,4% frente a 11,8%), empatados en intención directa de voto (9,8%), y su líder, Juan Marín, está por encima del candidato popular, Juanma Moreno (3,5 frente a 3,1). Y una tercera variable a seguir por sus repercusiones sobre la arena nacional es la irrupción de Vox. De acuerdo con el CIS, podría conseguir un escaño en Almería y estar en condiciones de disputarlo también en Málaga. Por ahora, parece que la entrada de Vox en la política española será andando, y no a lomos de un caballo desbocado.

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