Desamor, dudas y vino blanco: un tango electoral

La clave del 28-A​ puede estar en aquellos que, por cansancio con los tintos de siempre, o porque el que probaron acabó en jaqueca, se inclinan por echar una mirada aventurera a la carta

Foto: Foto: EFE.
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En una escena de 'El hijo de la novia', la película de Campanella, el personaje que interpreta Ricardo Darín, propietario de un restaurante, habla por teléfono con su proveedor y le dice: “También mándeme un par de cajas de vino blanco, que siempre hay alguien con mal gusto que lo pide”.

Atentos al vino blanco: porque la clave de las próximas elecciones puede estar en los aficionados a beberlo. Aquellos clientes, o votantes (los de 'mal gusto', los llamaba Darín) que, ya sea por cansancio con los tintos de siempre o porque el vino que probaron acabó en jaqueca, se inclinan esta vez por echar una mirada aventurera a la carta de vinos.

En la encuesta preelectoral antes de los comicios de 2015, previa al inicio de la campaña, el CIS preguntaba si ya se había tomado la decisión sobre el voto: un 57,7% respondía que sí, y un 41,6% decía que no, una cifra de indecisos que no tenía precedentes en nuestra historia electoral. En la encuesta que se acaba de publicar, el CIS hace la misma pregunta. Y la respuesta es asombrosamente parecida: un 57,8% dice que ya ha decidido el sentido de su voto y un 41,6% todavía no lo ha hecho. Cuatro años después, los españoles seguimos igual de confundidos.

Igual de confundidos no quiere decir que todo sea igual. Si en 2015 la confusión venía provocada por el 'enamoramiento' con las nuevas formaciones políticas, el desconcierto de los votantes ahora es más bien fruto del desamor (cuando un artículo empieza con un tango argentino, ya no lo suelta), y de manera más concreta, el desamor con los que tal vez sean los personajes más opuestos y más parecidos que han existido nunca en nuestro firmamento político: Mariano Rajoy y Pablo Iglesias.

El desamor con Rajoy había empezado ya en 2015, cuando el PP perdió casi una tercera parte de los votos cosechados en su histórica mayoría absoluta de 2011. Pero los años de la propina del marianismo no hicieron sino aumentar los agravios. Las causas fueron múltiples: la incomodidad de un Gobierno que nunca interiorizó la transición de la mayoría absoluta a la precaria minoría parlamentaria; su inacción ante el desafío independentista en Cataluña, o la rapacidad de los nacionalistas 'moderados' (el PNV se cargó la reforma del sistema de pensiones en cinco minutos de negociación porque entró en pánico con las movilizaciones de los jubilados en el País Vasco, y si al diputado Quevedo le dan otros Presupuestos que negociar, las aerolíneas habrían acabado llevando a hombros a los pasajeros canarios).

Entre tres y cuatro millones de antiguos votantes de Rajoy están buscando cómo vengar su desamor. Y ahora tienen hasta tres opciones para hacerlo

El caso es que entre tres y cuatro millones de antiguos votantes de Rajoy están buscando la manera de vengar su desamor. Y ahora tienen hasta tres opciones para hacerlo: al principio, muchos se inclinaron por Rivera (la opción más lógica, había sido socio leal de Rajoy, pero al mismo tiempo demostraba más bríos para combatir al soberanismo); después, la elección de Casado como presidente popular ofreció una segunda opción, tentadora para quienes piensan que los trapos sucios, mejor se lavan en casa, y, para rizar el rizo, la aparición de Abascal sirvió una tercera opción en la carta, liberadora para quienes llevaban años escondiendo las escopetas en el armero. A nadie puede extrañarle la confusión. Al votante de centro derecha le sucede lo mismo que al estudiante de pueblo que llega a Madrid para estudiar una carrera: tantos años disfrutando de solo un bar en su pueblo y de repente lo lanzan sin paracaídas a la movida madrileña.

El segundo desamor suena igual de melancólico. Pablo Iglesias, el profesor universitario que iba a transformar la política española, descubrió que la vida es aquello que pasa mientras te empeñas en hacer otros planes, como decía John Lennon; por ejemplo, mientras planeas cómo acabar con tus colaboradores, o buscando casa en la sierra. Ya sea por lo uno o por lo otro, un millón de antiguos votantes de Iglesias habrían decidido apoyar al PSOE, y cerca de otro millón estaría dudando si hacerlo.

Un millón de antiguos votantes de Pablo Iglesias habría decidido apoyar al PSOE, y cerca de otro millón estaría dudando si hacerlo

Andan estos días con el pecho henchido los estrategas socialistas, y no es para menos. Hace un año, andaban perdidos en las catacumbas electorales, y ahora, en cambio, no solo han disfrutado de nueve meses de Gobierno en solitario (“que les quiten lo volado”), sino que se encaminan a ser primeros en las próximas elecciones y (tal vez) a seguir gobernando. Pero me voy a atrever a bajarles un poco los humos: porque las mayorías sociales más sólidas se articulan en el medio y largo plazo, no en el regate corto; se construyen uniendo a los ciudadanos, no dividiéndolos, y se edifican aprobando medidas, no simplemente anuncios.

Así que ni a los más entusiastas les debería extrañar que dijese que la mayoría socialista tiene los pies de barro. Se sostiene sobre lo que podríamos llamar la 'izquierda mitológica', un colectivo siempre hambriento de referencias colectivas, que andaba con un rey muerto (Iglesias) y necesitaba poner un rey. Y aunque Pedro Sánchez despertaba dudas (a fin de cuentas, ya prefirió una vez gobernar con Ciudadanos a hacerlo con Podemos), la irrupción de Vox, la foto de Colón y la fulminante convocatoria electoral liquidaron estos remilgos. Mala suerte, Errejón. Esta vez, o saliste tarde o te apuntaste a la carrera equivocada.

¿Qué puede hacer que un votante de Iglesias decida no votar a Sánchez? ¿O que otro que fue votante de Rajoy, decida hacerlo a Rivera, Casado o Abascal?

Y es aquí donde el tango entra en el compás de las dudas. ¿Qué puede hacer que un antiguo votante de Iglesias finalmente decida no votar a Sánchez? ¿O que otro que fue votante de Rajoy decida hacerlo a Rivera, Casado o Abascal? Sobre los segundos, ya se ha escrito lo suficiente. Las dudas que se plantean son sobre la 'utilidad' de votar a Vox, sobre si votar a Casado es realmente castigar a Rajoy o elegir al mismo político que hubiese sido Rajoy naciendo 30 años después, y si Rivera volvería a estar tentado de pactar con los socialistas, algo que ha negado reiteradamente. Pero ¿y en el otro lado? ¿Cuáles son las dudas?

Al contrario de la opinión generalizada, no creo que la foto de Colón haya pasado factura a la derecha, ni siquiera a Ciudadanos (tal vez algunos votantes marginales situados en la frontera naranja con los socialistas, pero en todo caso un número menor). Pero su efecto, en cambio, fue atronador para movilizar a los votantes descontentos de Podemos, que se arremolinaron en torno al PSOE como si fuese el flautista de Hamelín. Mantener la antorcha de Vox encendida, por ello, se ha convertido en el primer objetivo de campaña de los socialistas (e inmediatamente, el mago Tezanos se ha puesto a ello, como ha explicado con claridad Ignacio Varela). El segundo: que no cunda la impresión de que finalmente los socialistas pactarían con Ciudadanos. Esto sería un torpedo para un antiguo votante de Podemos que piensa en votar a Sánchez. De nuevo, en este caso, el anuncio de Ciudadanos de no pactar con el PSOE seguramente no ha perjudicado a los naranjas, pero en cambio creo que ha beneficiado al PSOE. Ha hecho que los votantes de Podemos se pasen en masa, sin asomo de dudas.

Entonces, ¿qué podría jugar en contra de los socialistas? En primer lugar, como se ha dicho, la confianza. Las encuestas son tan favorables que muchos votantes pueden estar tentados de quedarse en su casa. Insisto, porque además no son votantes convencidos, son votantes 'prestados'. Y no lo digo yo: hasta la nota metodológica del mago Tezanos (20 paginas para explicar por qué el hombre que nunca iba a cocinar se ha puesto el delantal) reconoce que la menor capacidad predictiva del modelo del CIS es precisamente sobre los votantes socialistas.

¿Puede pasar algo más? Sí, que a los socialistas se les suba el champán a la cabeza. Que de verdad piensen que las encuestas les sonríen por el perfil 'presidenciable', 'centrista', de su candidato, que dejen de hablar de Vox para no bajar al barro. En definitiva, que crean que el tango versa sobre una historia de amor, y no sobre dos llagas.

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