“¡Vivan las cadenas!” (ecos de una noche electoral)

Los socialistas han optado por el “sí se puede”, el “no pasarán” y el “con Rivera, no”. Y a Rivera, la verdad, no parece importarle

Foto: Simpatizantes socialistas celebran el resultado del PSOE en las elecciones generales, en la sede socialista en la calle Ferraz de Madrid. (EFE)
Simpatizantes socialistas celebran el resultado del PSOE en las elecciones generales, en la sede socialista en la calle Ferraz de Madrid. (EFE)

Los gritos de festejo en la calle Ferraz evidenciaron la aspereza que ha tenido la campaña electoral: en lugar de seguir la máxima de Maquiavelo (“en la victoria, magnanimidad”), los socialistas optaron por lo contrario: “Con Rivera, no”. Y para dejar claro por dónde respiran estos días, lo acompañaron de dos gritos sacados de las catacumbas de nuestra historia: de las del pasado más remoto (“no pasarán”) o del más cercano (“sí se puede”).

Por un momento, se echó en falta el grito con el que festejaron los madrileños el regreso de Fernando VII: “¡Vivan las cadenas!”. Porque si la victoria socialista brillaba era precisamente por la oportunidad que brindaba para dejar de depender de los independentistas catalanes (el Fernando VII de esta historia). Los eufóricos militantes socialistas, en cambio, arrojaban con jolgorio la llave de sus grilletes por el desguace, aunque fuese a costa de abrazarse a sus socios de Podemos y a los independentistas catalanes.

El triunfo del PSOE ha sido claro (hay que reconocer el mérito de una estrategia que durante mucho tiempo pareció kamikaze), aunque no haya sido una victoria inapelable. Durante la campaña, los socialistas hablaban de alcanzar 130 diputados (y en sus momentos de mayor euforia, hasta 140). Ello les hubiese permitido no solo armar una mayoría sólida, sino también gobernar en solitario. Ahora, en cambio, por mucho que en sus primeras declaraciones la vicepresidenta Calvo haya sugerido que su intención es seguir gobernando en solitario (un formato mucho más cómodo para los socialistas), es poco probable que Iglesias deje pasar la oportunidad de entrar en el Gobierno, su única tabla de salvación política.

“¡Vivan las cadenas!” (ecos de una noche electoral)

Podemos pondrá toda la carne en el asador para entrar en el Gobierno y recuperar a través de su acción en los ministerios el brillo perdido. Y los socialistas tendrán dificultades para encontrar excusas con las que negarse. Además, está el resto de apoyos necesarios para sacar adelante las iniciativas (nacionalistas vascos, canarios o regionalistas cántabros). Con todos ellos, no alcanzan los 176 diputados necesarios para aprobar leyes orgánicas, por ejemplo (la investidura seguramente sea mucho más sencilla, porque puede salvarse con la abstención de algunos grupos). Así que lo cierto es que para la futura acción del Gobierno, los socialistas seguirán dependiendo del concurso de los independentistas catalanes. Que no es el mejor augurio, con lo que se otea en el horizonte (sobre todo, la sentencia sobre los líderes procesados).

Gobernará Sánchez, y será una legislatura más larga y con menos extravagancias que los últimos 10 meses: pero no será una legislatura fácil ni exenta de desgaste para los socialistas. Sus compañeros de coalición, los ministros de Podemos, son mucho más habilidosos cuando están en el escenario que cuando se mueven entre bambalinas, como tuvo ocasión de demostrar Iglesias durante los debates. Para los socialistas, un Gobierno de coalición en el que los ministros de Podemos son los que proponen los brindis al sol, y los ministros socialistas los que estropean la fiesta y recuerdan nuestras obligaciones, es exactamente lo contrario de lo que han disfrutado durante el último año.

Por su parte, los nacionalistas vascos y canarios (que aunque hayan anunciado su no a la investidura, volverán con el zurrón cuando se negocien las cuentas públicas) tampoco son hermanitas de la caridad cuando se trata de negociar Presupuestos. Y no se puede decir que los socialistas hayan gestionado sin rasguños las veces que se han sentado a negociar con los soberanistas catalanes en los últimos meses. Así que auguro curvas para el nuevo Ejecutivo. Basta dar un dato para ponerlo de manifiesto: entre PSOE y Podemos, en el nuevo Congreso sumarán exactamente los mismos diputados que tenían PP y Ciudadanos después de las elecciones de 2016. Y no se puede decir que Rajoy viviese un camino de rosas en su segunda legislatura.

¿Es que, entonces, no es posible otro Gobierno alternativo, uno que también permite el resultado electoral, el de PSOE y Ciudadanos? Lamentablemente no. Digo lamentablemente porque creo que en términos objetivos sería un Gobierno mucho mejor que el alternativo. Pero creo que las condiciones subjetivas no lo permiten. El resultado tanto del PSOE como de Ciudadanos ha sido demasiado bueno como para que estas formaciones reediten el abrazo que se dieron a principios de 2016.

“¡Vivan las cadenas!” (ecos de una noche electoral)

El PSOE, que ha construido su victoria electoral movilizando a su alrededor al electorado de izquierda (para lo que ha contado con la inestimable ayuda de la irrupción de Vox en nuestro mapa político), y que durante los últimos días de campaña giró su discurso a la izquierda (seguramente por temor a que el eficaz desempeño de Iglesias en los debates hubiese pasado mayor factura a los socialistas), tendría ahora dificultades para dar un súbito volantazo y ofrecer un Gobierno de coalición a Ciudadanos.

Para la formación naranja, que hizo del no a los socialistas su carta de presentación en estos comicios (decisión, por cierto, que se ha demostrado bastante eficaz, pese a que fueron muchas las voces que la recibieron con escepticismo), la presa de Casado está demasiado a tiro para dejarla escapar, renunciando a liderar la oposición por un Gobierno que ni unos ni otros desean.

Quién sabe si dentro de dos años, a mitad de legislatura, si las fuerzas de unos y otros dejan de estar tan parejas, puede plantearse otro escenario

Así que descartaría la posibilidad de un Gobierno entre PSOE y Ciudadanos, al menos de momento. Quién sabe si dentro de dos años, a mitad de legislatura, si las fuerzas de unos y otros dejan de estar tan parejas (ya sea por el desgaste del Gobierno o porque Ciudadanos no culmine su liderazgo en la derecha), puede plantearse otro escenario. O, lo que es más probable, que las próximas elecciones sean un duelo directo entre Sánchez y Rivera.

Así que, en el fondo, quizá los seguidores socialistas congregados en Ferraz tenían tantas opciones como los madrileños cuando recibieron a Fernando VII. Quizás gritaban “¡vivan las cadenas!” porque, por mucho que la noche electoral dibujase otro espejismo, las cartas en la mesa estaban echadas desde hace mucho tiempo. Los socialistas han optado por el “sí se puede”, el “no pasarán” y el “con Rivera, no”. Y a Rivera, la verdad, no parece importarle.

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