El CIS preelectoral: "Viva quien gana" frente al remordimiento de los votantes

Es posible que los votantes decidan "compensar" en los segundos comicios su voto en los primeros, una variante del "arrepentimiento del comprador", un comportamiento psicológico contrastado

Foto: Pablo Casado, junto a Paco Nuñez. (EFE)
Pablo Casado, junto a Paco Nuñez. (EFE)

No debo ser el único que, al escribir hoy sobre política en España, lo hace con los dedos acongojados, pendiente de las noticias que llegan sobre la salud de Alfredo Pérez Rubalcaba. Sirvan unas breves líneas para enviarle un fuerte abrazo a su familia y desearle una completa recuperación. Decía Luis Araquistain, de quien se ha escrito que era un “socialista elíptico”, descripción que haría justicia también a Rubalcaba, que “había que alejarse de España como esfuerzo de aproximación”, marcharse lejos para entenderla mejor. Seguramente Rubalcaba es uno de los políticos que mejor ha entendido la España de los últimos treinta años, así que me van a permitir pedirle desde aquí un penúltimo favor: no te vayas lejos, que te necesitamos entre nosotros. Todavía no te toca.

Y ahora, como diría Rubalcaba, al grano. Al CIS recién publicado. No es muy habitual que dos procesos electorales se produzcan en tan poco espacio de tiempo. Entre el 28 de abril (elecciones generales) y el 26 de mayo (europeas, municipales y varias autonómicas) habrá transcurrido menos de un mes. Además del lógico cansancio que esto produce en los ciudadanos (que seguramente se traduzca en una menor participación, como el propio CIS anticipa –apenas un 61.1% de los votantes muestra su intención de votar en las próximas elecciones europeas-), esta aglomeración de citas con las urnas puede dar lugar a comportamientos poco habituales.

Una posibilidad, por ejemplo, es que los votantes decidan “compensar” en los segundos comicios su voto en los primeros, una variante del “arrepentimiento del comprador” ('buyer’s remorse' en inglés), un comportamiento psicológico contrastado. Es decir, pudiera suceder que los (antiguos) votantes del PP que se han pasado a Vox, o los de Podemos que han votado por el PSOE (las dos transferencias de voto más importantes de las pasadas elecciones) decidiesen “deshacer” su cambio, volviendo a sus apuestas originales.

Pero también podría ocurrir lo contrario: otro comportamiento contrastado es el “sesgo de confirmación” (interpretamos la información de la manera más favorable a nuestras decisiones previas) o el “efecto ganador” ('bandwagon effect'), que Sancho Panza describió con la más castiza expresión del “¡Viva quien gana!”. En general, los partidos que salen victoriosos de una cita con las urnas automáticamente incrementan sus expectativas de voto gracias a todos aquellos que se suben al carro ganador. Este segundo efecto apuntaría en el sentido contrario: a favor de PSOE y Ciudadanos (los ganadores en los respectivos bloques en los pasados comicios) y en contra de PP, Vox y Podemos.

En general, los partidos que salen victoriosos de una cita con las urnas automáticamente incrementan sus expectativas de voto gracias a todos aquellos que se suben al carro ganador

¿Cuál de estos dos efectos va a pesar más en la próxima cita con las urnas? La evidencia histórica es limitada. Quizás el caso más parecido en nuestra historia política reciente se produjo en 2004: el PSOE de Zapatero ganó sorpresivamente las elecciones en el mes de marzo, y pocos meses después, en el mes de junio, se celebraron elecciones al Parlamento Europeo, en las que el PSOE volvió a ganar, aunque su diferencia respecto al PP se redujo a menos de la mitad (de 4.8 a 2.2 puntos). Es decir, hubo efecto “ganador” (el PSOE incrementó su apoyo respecto a las generales) pero también efecto “compensación” (el PP tuvo una subida todavía mayor).

En Francia, tras las elecciones Presidenciales se celebran, pocos meses después, las legislativas. Lo habitual es que predomine el “efecto ganador”: el partido del candidato que ha resultado victorioso en las presidenciales, suele arrastrar también a los votantes en las legislativas. Así sucedió recientemente con En Marche, el partido del Presidente Macron, que tuvo que improvisarse tras su imprevista victoria en las últimas presidenciales.

Quizás lo primero que hay que advertir sobre el macro CIS preelectoral es que su trabajo de campo es anterior a las elecciones generales, así que no puede capturar ninguno de los efectos descritos. Lo que no quita para que deje algunos datos interesantes: el principal de ellos es que el impulso electoral al PSOE se traslada a todos los territorios. Las elecciones municipales en España históricamente han sido un preludio de los cambios de color político en las generales: el PP ganó por goleada las elecciones municipales de 1995 (antes de la victoria de Aznar el año siguiente) y de 2011 (anticipo de la victoria de Rajoy pocos meses después).

A su vez, las elecciones municipales de 2015 anticiparon que aunque el PP conservaría el primer puesto, tendría dificultades en las negociaciones postelectorales. Esta vez la secuencia ha cambiado (las generales han ido antes que las municipales), pero la conexión sigue presente. Cuando un votante apuesta por unas siglas, lo normal es que lo siga haciendo al menos durante un ciclo electoral completo.

Cuando un votante apuesta por unas siglas, lo normal es que lo siga haciendo al menos durante un ciclo electoral completo

Lo segundo más destacado es que el CIS dibuja movimientos de calado en las próximas elecciones: el PP podría perder gobiernos que ha controlado durante décadas, como la Comunidad de Madrid, Castilla y León o Murcia. En Canarias, los nacionalistas canarios no serían necesarios para la formación del Gobierno, algo que no sucede desde los ochenta. Y las mayorías en los ayuntamientos de Madrid o Barcelona estarían pendiendo de un hilo.

Las consecuencias políticas de estos cambios de mayorías pueden ser sísmicas: Casado ha encajado la sonora caída en las generales, gracias al hilo de vida que le da el poder territorial que todavía conserva el PP. Si lo pierde en los próximos comicios, es posible que haya movimientos en el PP, algo que por otro lado tampoco será pacifico, dada la legitimidad que Casado considera le dio el proceso de primarias celebrado hace menos de un año.

Lo tercero más destacado es que nuevamente vuelve a estar de actualidad la “cocina del CIS” (algo verdaderamente notable, dados las reiteradas declaraciones de su Presidente anunciando que la “cocina” había pasado a mejor vida). Porque, en una decisión metodológicamente muy cuestionable, el CIS utiliza para ponderar sus estimaciones el voto de las pasadas elecciones generales del 28 de abril, a pesar de que la encuesta que ahora se publica es anterior a esta fecha. El resultado, en algunos casos es sorprendente: por ejemplo, en el CIS preelectoral a las generales, Vox obtenía una intención directa de voto del 3.8%, que la cocina del CIS subía hasta el 11.9% (finalmente Vox obtuvo un apoyo del 10.3%).

Ahora, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, Vox obtiene una intención directa de voto del 3.1% (es decir, muy parecida a la de las generales), pero la cocina del CIS es mucho menos generosa con la formación de Abascal: apenas le da un 5.7% de la estimación de voto, es decir, menos de la mitad del que le daba en las generales. Tal vez haya razones en la cocina del CIS que la razón no entiende, pero la apariencia es que las expectativas de Vox se inflaron en demasía antes de las generales, y ahora se están pinchando, seguramente también en exceso.

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