Por qué Madrid no es de derechas ni de izquierdas, pero siempre gana la derecha

Madrid es un microcosmos político, donde se acumulan muchas de las tendencias que caracterizan la evolución de la izquierda en nuestro país

Foto: Almeida (i) y Carmena (d). (EFE)
Almeida (i) y Carmena (d). (EFE)

¿Es Cádiz una ciudad de derechas? Durante mucho tiempo estuve convencido de que lo era. Me acompañaban los datos (Teófila Martínez, del PP, fue alcaldesa durante 20 años) pero también las explicaciones, que eran muchas y de peso. El carácter del gaditano, desenfadado y libérrimo, es esencialmente individualista, quizás como reacción a una estructura socioeconómica muy homogénea. Debido al alto desempleo y la falta de oportunidades, Cádiz siempre ha sido una tierra más de emigrantes que de inmigración, convirtiendo en romos los contornos de la sociedad hasta hacerla cada vez más uniforme.

El mercado laboral también fomenta el individualismo: a algunos les sonará a chiste, pero el desempleo y los trabajos "en negro", hacen de Cádiz una ciudad de autónomos, de emprendedores. La excepción son los gaditanos que trabajan por cuenta ajena y tienen un jefe. La gran mayoría, en cambio, rige sus propios destinos y se despierta cada día sin ver con claridad la línea del horizonte. Hasta las fiestas más populares en Cádiz son los carnavales, que es la antítesis de la Semana Santa. Si esta es una expresión de emoción colectiva, los Carnavales son una forma de celebrar el individuo, de festejar los apetitos y las personalidades. El riesgo de las hipótesis más sugerentes es que caigan como un castillo de naipes. Porque Cádiz, mi ciudad natal, a la que siempre vi como una madrastra de derechas, se despertó hace cuatro años súbitamente de izquierdas, eligiendo como alcalde a José María González, "el Kichi". Y para terminar de destrozar mi hipótesis malherida, hace unas semanas, pese al desplome general del partido de Pablo Iglesias, los gaditanos le devolvieron al Kichi una mayoría incluso ampliada: el 44% de los votos, situándolo al borde de la mayoría absoluta.

A pesar, del desplome general del partido de Pablo Iglesias, los gaditanos le situaron al Kichi al borde de la mayoría absoluta

Hace unos días, en un artículo en este medio, Fernando Caballero formulaba una hipótesis sobre "por qué Madrid es una ciudad de derechas". Cómo es posible, se preguntaba el autor, que pese a los casos de corrupción del PP, los votantes de centro derecha sigan siendo mayoría en la Comunidad madrileña. La explicación que ofrecía es que desde hace décadas los gobiernos del PP han construido un modelo social y económico que ha "generado unas lógicas de comportamiento liberal-conservadoras": barrios de poca densidad, bloques cerrados con piscinas e hileras de chalets. Pocas tiendas, zonas bien comunicadas, y "circunvalaciones para que los coches lleguen rápidamente a los centros comerciales, universidades y colegios concertados".

Al parecer, la clave de bóveda del triunfo de la derecha en Madrid fue la ley del suelo del Gobierno de Esperanza Aguirre, que limitaba a tres alturas la construcción de edificios de viviendas. Porque "las personas que viven en áticos con terraza y en bajos con jardín son potenciales votantes de derecha". Y cuantos más bajos sean los edificios, más habrá que construir. Y más madrileños vivirán en jardines y áticos. Una lógica tan aplastante como el peso de las grúas.

La clave del triunfo de la derecha en Madrid no estaría en la "España de las banderas", en las guerras culturales, sino en la "España de las piscinas", de los chalets y los jardines. Una hipótesis sugerente, pero que sin embargo apenas tiene asideros en los datos: basta mirar el mapa con los resultados electorales para comprobar, que el voto de la derecha se concentra en zonas poco densamente pobladas, como Pozuelo o Aravaca, pero también en otras como el centro de Madrid, Salamanca o Chamberí, donde los edificios superan con mucho las tres alturas y la mayor parte de los jardines están en las plazas públicas. O basta con mirar a otros sitios: la repentina conversión de Cádiz a una ciudad de izquierdas no se produjo porque despareciesen los áticos y las piscinas. En Cádiz nunca los hubo.

Lo que no quita pertinencia a la pregunta de fondo: ¿por qué sigue ganando la derecha en Madrid? Una pregunta distinta, conviene subrayar, que la de clasificar a Madrid como una ciudad de derechas o de izquierdas. Porque los madrileños, como la gente de Bilbao, o los gaditanos, son de donde les da la gana.

Pero volvamos al cogollo: ¿qué pasa en Madrid? En mi opinión, Madrid es un microcosmos político, donde se acumulan muchas de las tendencias que caracterizan la evolución de la izquierda en nuestro país en los últimos años o incluso décadas:

—El erial del debate sobre las políticas públicas. Es difícil exagerar la intrascendencia de los partidos de izquierda en el debate sobre políticas públicas, especialmente, lo que no deja de ser curioso, del PSOE, el partido que ahora gobierna a nivel nacional. Probablemente la última idea que salió de la factoría socialista para agitar este debate fue (ni más ni menos) cuando Zapatero defendió un tipo único impositivo en un debate presupuestario. Podemos ha sido mucho más facundo en este aspecto y de hecho muchas de las medallas que ahora se arrogan los socialistas (como la subida del salario mínimo) tienen su origen en la formación morada (una relación similar, parasitaria en materia de políticas públicas, existe entre PP y Ciudadanos).

Quizás uno de los ejemplos más evidentes de la esterilidad del debate es precisamente en políticas de vivienda. Durante las últimas décadas hemos vivido varías fases expansivas en el mercado de la vivienda. Para atajar el crecimiento de los precios, se han formulado dos tipos de propuestas: el intento de control del mercado del alquiler (que en puridad es un tipo de política articulada en el franquismo) y la construcción de viviendas públicas (eso, en el mejor de los casos; Carmena simplemente se limitó a anunciarlas, porque no fue capaz de llegar a ejecutarlas), tanto en propiedad como en alquiler. El problema de la vivienda es similar en muchos países europeos, cuya evolución demográfica precede en aproximadamente una década a la española. El catálogo de medidas que se han implantado en algunos países es interminable: en Suecia, por ejemplo, hay listas de espera públicas para adjudicar alquileres privados, grandes empresas que gestionan carteras de viviendas (una de las singularidades del mercado español es la atomización de la oferta), seguros públicos contra el impago, y un largo etcétera. Algunas de estas políticas han funcionado, otras no. Es inevitable en un mercado tan complejo equivocarse varias veces antes de acertar. Otras ciudades, como Viena o Berlín, son verdaderos laboratorios en políticas públicas sobre vivienda. En España, sin embargo, este debate, como tantos otros está dominado por apriorismos ideológicos. La izquierda solo sabe proponer más vivienda pública; la derecha, liberalizar más suelo. Tener áticos y jardines es de derechas. Y así, un interminable bostezo intelectual, mientras se asiste impávido a que una generación entera de jóvenes, precarizados laboralmente, se enfrenten a precios de la vivienda que no pueden pagar.

Madrid es un microcosmos, donde se acumulan muchas de las tendencias que caracterizan la evolución de la izquierda en nuestro país

Las luchas cainitas de la izquierda. La explicación más obvia de por qué ha ganado la derecha en Madrid no está en las piscinas sino en las empanadillas. Si Carmena hubiese dedicado sus desvelos a las labores propias del ayuntamiento (por ejemplo, en materia de vivienda), que es lo que hacen los alcaldes más exitosos, seguramente hubiese tenido un mejor resultado. En lugar de ello, se enredó junto con Íñigo Errejón, en jugar a operaciones de mayor envergadura, como si la política madrileña les quedase pequeña a ambos. Dos nuevas víctimas en la larga ristra de damnificados que han dejado los enfrentamientos cainitas en la izquierda madrileña.

—La selección de los candidatos: Fernando Moran, Tomás Gómez, Antonio Carmona o... Pepu Hernández. Basta repasar la lista de candidatos presentados por los socialistas en Madrid a lo largo de los últimos años para concluir que no se trata de un problema puntual sino de uno de mayor enjundia, de fondo (de quiénes son los candidatos) y de forma (de cómo se seleccionan).

¿Pasa algo en Madrid? Sí, pasa algo. Pero en mi opinión no son los áticos, ni los jardines ni las piscinas. Se trata, más bien, de imaginarte bosques donde solo hay árboles. De buscar explicaciones alambicadas, forzando una sofisticación imaginaria, para una realidad que es mucho más sencilla: que los partidos de izquierda hace tiempo que dejaron de tener en el primer lugar de sus preocupaciones los problemas de los madrileños

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