El CIS y la manzana envenenada de la repetición electoral

El barómetro de julio sigue aumentando el apoyo del PSOE. Si fuera cierto, ¿por qué no ir a una repetición electoral que dejaría a los socialistas a las puertas de la mayoría absoluta?

Foto: Pedro Sánchez y Carmen Calvo, durante la sesión de investidura fallida. (EFE)
Pedro Sánchez y Carmen Calvo, durante la sesión de investidura fallida. (EFE)

En la serie de televisión 'Years and years', una de las distopías políticas más inquietantes de los últimos tiempos, unas elecciones en el Reino Unido arrojan un resultado inconcluso: cualquier mayoría, tanto a izquierda como a derecha, depende de un partido político de nuevo cuño (Four Stars, claramente inspirado en el Movimiento Cinco Estrellas italiano). La parálisis política lleva, poco tiempo después, a la repetición de las elecciones: en lugar de un escenario más estable sucede lo contrario: la ganadora es Viviane Rook, la líder del nuevo partido populista, que se convierte en primera ministra británica.

Los españoles conjugamos mejor que nadie la palabra 'excepción' (Manuel Fraga la convirtió en un inolvidable eslogan publicitario para lanzar nuestro sector turístico). En la arena política, una de estas excepciones es que damos por hecho que una repetición de las elecciones daría lugar a un escenario de mayor estabilidad. Lo que en otros países provoca escalofríos, en España tiene una legión de partidarios (hace apenas unos días, abogaba por repetir elecciones el propio presidente de los empresarios). Quizá porque este fue el resultado en los dos precedentes más inmediatos de repeticiones electorales: en 2016, Rajoy incrementó su apoyo tanto en votos como en escaños, consiguiendo finalmente formar Gobierno (aunque para ello fuese imprescindible la abstención socialista, tan necesaria antes como después de la repetición electoral). En 2003, después del 'tamayazo', sucedió lo mismo en la Comunidad de Madrid: el partido más votado, el PP de Esperanza Aguirre, incrementó su apoyo hasta alcanzar la mayoría absoluta (en este caso, también se olvida que la mayoría absoluta de Aguirre fue por un suspiro, exactamente como la de la izquierda antes de la repetición electoral).

Damos por hecho que una repetición de elecciones daría lugar a un escenario de mayor estabilidad. Lo que en otros países da escalofríos, tiene defensores

Para añadir más sal a nuestras heridas, el barómetro del CIS del mes de julio (elaborado dos semanas antes de la investidura fallida de Pedro Sánchez) ofrece más munición para los partidarios de la tesis de la repetición electoral: el PSOE sigue incrementando su apoyo, alcanzando el 41,3% en intención directa de voto según la 'no cocina' del CIS (una técnica que el propio organismo abandona cuando hay elecciones a la vista, lo que evidencia su escaso valor predictivo), mientras Ciudadanos (con una caída de tres puntos en apenas un mes) y Vox (con apenas el 4,6% de intención directa) serían los mayores damnificados.

¿Por qué entonces no ir a una repetición electoral? El PSOE estaría a las puertas de la mayoría absoluta, y la irrupción de Vox en nuestro panorama político iría camino de disolverse como un azucarillo. Ciudadanos, que ha sido un foco de inestabilidad en los últimos meses, pagaría una alta factura en las urnas. Y España volvería al dulce letargo del bipartidismo. ¿O no?

El Congreso de los Diputados, durante la sesión de investidura. (EFE)
El Congreso de los Diputados, durante la sesión de investidura. (EFE)

Pues probablemente no. Solo hay que fijarse en la letra pequeña del CIS. En primer lugar, los ciudadanos sitúan a “los políticos y la política” como uno de los principales problemas en España, tan solo por detrás del paro; casi un 60% de los encuestados califica como “regular o mala” la gestión del Gobierno, frente a solo un 20% que la califica como buena. Y apenas un 56,2% dice que con toda seguridad iría a votar en unas nuevas elecciones (esta es la variable que más se suele aproximar al porcentaje real de participación en las urnas), es decir, casi 20 puntos de participación menos que en los comicios del pasado mes de abril. El divorcio con la política podría provocar una verdadera hecatombe de participación en caso de repetición electoral, que dejaría el resultado de las urnas completamente abierto.

El segundo matiz es que el CIS no predice un hundimiento de Unidas Podemos, sino todo lo contrario: la formación de Pablo Iglesias incluso incrementa su intención directa de voto en cuatro décimas respecto al anterior sondeo (del 12,7 al 13,1%). Es verdad que el trabajo de campo del CIS se produjo antes del esperpéntico esprint final en la negociación de la investidura, pero los datos sugieren que al menos hasta unos días antes, los votantes no hacían culpables a los de Iglesias del bloqueo en la formación del Gobierno. Y este dato es clave: porque, más allá de las ilusiones ópticas de utilizar los datos en bruto, si no media un hundimiento casi total de Podemos en una repetición electoral, el resultado de las urnas no será muy distinto: en lugar de ser 123 y 42 los diputados socialistas y morados, serán 145 y 20 respectivamente (los de Podemos, tal vez repartidos a medias con el nuevo partido de Íñigo Errejón).

Por mucho que crezca el PSOE, lo más probable es que tras una repetición electoral siga necesitando a Podemos para formar una mayoría

Cualitativamente, la situación será muy parecida.Y si cambia (por ejemplo, porque sean 155 y 20, y entre ambos alcancen la mayoría absoluta), los socialistas perderán una de las excusas que más han utilizado para resistirse a un Gobierno de coalición con los morados. En resumen: por mucho que crezca el PSOE, lo más probable es que tras una repetición electoral siga necesitando a Podemos para formar una mayoría; y cuanto más débil se encuentre Podemos, más urgente será para los morados su entrada en el Gobierno.

El CIS y la manzana envenenada de la repetición electoral

El tercer detalle de la letra pequeña del CIS tiene que ver con Ciudadanos. La estrategia del partido de Albert Rivera está provocando un doble efecto: por un lado, está levantando un muro entre los votantes socialistas y la formación naranja. Casi el 60% de los votantes socialistas en las pasadas elecciones afirma que “con toda seguridad, nunca votaría a Ciudadanos”, una cifra sin precedentes (por ponerla en contexto, es exactamente la misma cifra de votantes del PP que nunca votarían al PSOE). La valoración de Rivera entre los votantes socialistas es de 2,9 sobre 10 (de nuevo muy parecida a la de Pedro Sánchez entre los votantes del PP, que es del 2,8). Es decir, Rivera se ha convertido en la verdadera 'bestia negra' de la izquierda española (como ya le ocurriese a Alejandro Lerroux hace 80 años, como escribía en esta misma columna hace algunas semanas).

Teodoro García Egea, junto a Pablo Casado, en el debate de investidura. (EFE)
Teodoro García Egea, junto a Pablo Casado, en el debate de investidura. (EFE)

La paradoja es que cuanto más se convierte en un 'antihéroe' de la izquierda, más cerca se encuentra Rivera de convertirse en el héroe de la derecha española. Su valoración entre los votantes del PP es muy alta (roza el aprobado, con un 4,8; al revés, la valoración de Pablo Casado entre los votantes de Ciudadanos es de apenas el 4,2). Gracias a este tirón entre los votantes populares, Rivera se sitúa en segunda posición en la pregunta “¿quién preferiría que fuese el presidente del Gobierno en estos momentos?”, tan solo por detrás de Pedro Sánchez. ¿Funcionará la estrategia de Rivera? Es arriesgadísima, jugándose su futuro político a todo o nada en el espacio de la derecha. Pero puede beneficiarse de la vuelta al “arriolismo” de Pablo Casado (analizaré esta estrategia de Casado en más detalle en los próximos días). En todo caso, parece ya claro que Rivera ha blindado su suerte a convertirse en el líder del centro derecha. No sé si lo conseguirá, pero a estas alturas creo que está más cerca la abstención de Casado en un hipotético nuevo intento de investidura de Sánchez en el mes de septiembre que la del propio Rivera.

En definitiva, la brocha gorda del CIS es una razón más para los apóstoles de la repetición electoral. La letra pequeña, en cambio, contiene tres avisos: la previsible caída de la participación, que puede ser histórica, la resistencia de Podemos, que parece haber aprendido a sobrevivir a sus propios errores, y la encarnizada batalla en el centro derecha, donde las espadas siguen en todo lo alto. En la Moncloa deben elegir: ajedrez o mus, órdago o sacarse los amarracos en el juego. Mientras tanto, solo nos cabe decir como una de las protagonistas de 'Years and years', la abuela que conserva más memoria que todos sus nietos juntos: “Está siendo duro este siglo”.

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