Carta a un inversor extranjero: ¿qué esperar del nuevo Gobierno?

Hay demasiadas preguntas y no aspiro a poder responderlas todas. Pero sí a dar algunas claves sobre el riesgo político que afrontará España, con esta coalición, en los próximos años

Foto: Pedro Sánchez, flanqueado por Carmen Calvo y Pablo Iglesias, en la primera reunión del Ejecutivo. (EFE)
Pedro Sánchez, flanqueado por Carmen Calvo y Pablo Iglesias, en la primera reunión del Ejecutivo. (EFE)
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Querido inversor: habrás seguido con interés la formación del Gobierno en España. La economía española, se suele decir, es de “beta” alta: cuando crece, es muy rápido. Cuando cae, lo hace a plomo. En cualquiera de los dos casos, es un lugar fantástico para hacer dinero. Siempre, claro está, que se acierte con el 'timing': cuándo entrar y cuándo salir corriendo. Por eso precisamente el contexto político y regulatorio es tan importante.

¿Qué significa el nuevo Gobierno, con la presencia por vez primera de ministros de varios partidos? ¿Cómo afectará al proyecto independentista en Cataluña? ¿Cuánto durará el Gobierno? ¿Habrá presupuestos? ¿Y una contra-reforma laboral? ¿Y eléctrica? ¿Actuará de dique el PNV para evitar ambas? Demasiadas preguntas, no aspiro a responder a todas. Pero sí a dar algunas claves sobre el riesgo político en España en los próximos años.

1. Una legislatura 'larga'. Tal vez hayas leído sobre la precaria mayoría que sostiene al Gobierno. Lo es. Pero no te lleves a engaño. No habrá elecciones dentro de seis meses. Será una legislatura larga, tal vez no de cuatro años, pero muy seguramente se vaya por encima de dos. El PSOE se ha dejado demasiados jirones en la investidura: coalición con Podemos, cuyo líder es ahora vicepresidente (una línea roja para los socialistas hace apenas seis meses), negociación con los independentistas catalanes, e incluso con Bildu. Todo esto no lo han hecho los socialistas para repetir comicios en pocos meses. Resistirán lo que puedan. A su modo, también Unidas Podemos y ERC han arriesgado mucho entre los suyos. Tensarán la cuerda, por supuesto. Pero de momento no la romperán. Basta ver cuál ha sido su reacción a la primera polémica, el nombramiento de la nueva fiscal general del Estado. Han cerrado filas. ERC tampoco ha pestañeado tras la inhabilitación del presidente catalán. Habrá ruido, heridas y sangre. Pero no llegará al río.

2. Habrá Presupuestos. Esta misma estrategia llevará a la aprobación de los próximos Presupuestos, los primeros desde 2018. Todos los partidos que han apoyado la investidura tienen un interés común en que salgan adelante. Serán unas cuentas expansivas, con importantes subidas de gasto público: los gobiernos de coalición en general acarrean mayor gasto, tendencia que se agravará, en este caso, ante la falta de precedentes en España, la cantidad de partidos necesarios (cada uno con reclamaciones de inversiones) y la ausencia de mecanismos institucionales para encauzar esta tensión hacia un mayor gasto. La competencia entre los dos partidos de izquierda por abanderar el rostro social del Gabinete alimentará aún más esta tendencia. Por el lado de los ingresos, habrá subidas impositivas para cuadrar las cuentas. Pero las subidas recaerán sobre figuras con limitada capacidad recaudatoria, como los tramos más altos del IRPF, o tributos de nueva creación, como un recargo sobre la banca, las empresas de hidrocarburos o las apuestas. La recaudación adicional estará muy por debajo de las previsiones del Gobierno, lo que unido a la ralentización de la economía española llevará el déficit por encima del 3%, devolviendo España al brazo correctivo europeo. ¿Crees entonces que hay que salir corriendo? No lo hagas todavía.

María Jesús Montero y Nadia Calviño, en el Congreso. (EFE)
María Jesús Montero y Nadia Calviño, en el Congreso. (EFE)

3. La capacidad de acción política será menguante. El Gobierno tendrá cierto impulso el primer año, gracias a los Presupuestos y a alguna otra medida que concite el apoyo del bloque de la investidura, como la eutanasia. Pero, en primer lugar, cualquier otra iniciativa seguirá siendo un rompecabezas, así que no habrá muchas. Además, dentro de Podemos existen corrientes que se impacientarán con la acción del Gobierno, escorando hacia la izquierda a los ministros de esta formación. Podemos y PSOE irán poco a poco acercándose a la colisión. Es inevitable, porque tienen distintas estrategias y compiten por el mismo electorado. A su vez, conforme se acerque el siguiente ciclo de elecciones autonómicas y locales, los socialistas perderán maniobra en sus negociaciones con los independentistas catalanes (imprescindibles para alcanzar la mayoría). De lo contrario, pondrían en peligro bastiones como Extremadura o Castilla-La Mancha, lo que, unido a Andalucía, se convertiría en un agujero difícilmente reparable para los socialistas. El Gobierno perderá fuelle en su segundo año, pero no necesariamente esto provocará la convocatoria inmediata de elecciones. No descartes que los socialistas rompan la coalición y aguanten un año más gobernando en solitario, buscando el mejor momento para acudir a las urnas, como ya hicieron en 2018.

4. El dique del PNV. Tal vez hayas escuchado que el PNV actuará como dique para las medidas más heterodoxas, por ejemplo las fiscales, o para frenar una contrarreforma laboral, o una profunda reforma eléctrica. Lo más probable es que así sea: que la oposición del PNV a estas medidas y los propios contrapesos dentro del Gobierno, como la vicepresidenta económica, junto con las dificultades para armar cualquier mayoría, actúen como dique natural para la acción del Gobierno. Pero mira de reojo al bloque que forman en el Congreso los partidos más a la izquierda del arco (PSOE, Podemos, ERC, Más País, Nueva Canarias, BNG, Teruel Existe y Bildu). Entre ellos, suman 179 diputados. Las reformas más agresivas no son completamente descartables.

5. En todo caso, en mi opinión, el mayor riesgo no es el de los próximos dos años, sino el que viene después. Para resumirlo, he dibujado tres escenarios:

  • El escenario Caín (65% de probabilidad). La polarización política beneficia a los extremos. En un Gobierno ordinario, los ministros de Podemos, con menos experiencia que los socialistas, de perfil más tecnocrático, perderían rápidamente fuelle. En cambio, en un Gobierno que no gestiona sino que salta de 'batalla cultural' en 'batalla', ganan los perfiles más políticos. Y si Podemos crece, baja el techo de los socialistas. El espacio de la izquierda se divide en dos mitades muy parecidas. En la derecha, la polarización beneficia a Vox, que poco a poco le gana terreno al PP hasta superarlo. En 2022, hacia el ecuador de la legislatura, Vox es ya el principal partido de la oposición. Su amenaza reforzará todavía más a Podemos, más creíble entre los votantes de izquierdas, que desconfían para entonces de los sucesivos vaivenes del presidente Sánchez. Las siguientes elecciones se resumen a esta elección: Podemos o Vox. Ese, querido inversor, es el momento de poner los pies en polvorosa.

  • El escenario Carville-Arriola (30%). Un hecho 'despolitiza' el debate político, bajándolo a la tierra. ¿Cuál podría ser? Principalmente, una ralentización de la economía más severa de lo previsto, por ejemplo, que llevase el crecimiento económico al entorno del 1% (con el consiguiente incremento del desempleo). Un contexto así probablemente desinflase a Podemos en la izquierda y a Vox en la derecha. A Casado, le bastaría con cruzarse de brazos para convertirse en el próximo presidente del Gobierno. Y, en todo caso, en caso de no serlo, la alternativa sería Sánchez, o quien lo sustituyese al frente del PSOE. Así que, aunque parezca contraintuitivo, el deterioro de la economía puede ser una buena noticia… para la estabilidad política.
  • El escenario 'La vaquilla' (5%). Los españoles somos un pueblo raro. Detestamos ser previsibles. El exceso de polarización política acaba provocando una indigestión en el electorado, que se cansa del griterío. Los partidos de los extremos se desinflan. Inés Arrimadas ancla Ciudadanos en el centro del tablero, atrayendo hacia sí a Sánchez y Casado. Después de la ruptura de la coalición de gobierno, estos tres partidos acuerdan llevar adelante una serie de reformas imprescindibles antes de volver a las urnas. Sucede lo mismo que en la película 'La vaquilla': justo cuando tocaba despellejarnos, sacamos lo mejor de nosotros mismos.
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