"Una reforma eficaz y de justicia fiscal": hay que mirar el IVA, no el IRPF

El IRPF tiene muy buena prensa entre los políticos, aunque mucha menos entre los economistas. Con el IVA sucede exactamente al contrario. Veamos por qué

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Subir el IRPF ahora puede ser tan mala idea como cuando lo hizo el Gobierno de Rajoy, en enero de 2012. Aquel traspié, en uno de los primeros consejos de ministros presididos por Rajoy, tuvo que corregirse apenas seis meses después, cuando la situación de nuestras finanzas hizo inevitable la subida del IVA (de una tacada, se subió tres puntos el tipo general, del 18 al 21%, y dos puntos el reducido, del 8 al 10%).

El impacto de una y otra medida no pudo ser más desigual: la subida del IRPF generó una recaudación adicional de 3.500 millones de euros, mientras la del IVA superó los 10.000 millones, según los informes anuales de recaudación de la Agencia Tributaria.

¿Por qué entonces, si el objetivo era incrementar la recaudación para equilibrar nuestras finanzas, el Gobierno de Rajoy decidió primero incrementar el IRPF? La razón fue una suerte de populismo fiscal, muy habitual en nuestra clase política, que ahora puede ocurrir de nuevo. El IRPF tiene muy buena prensa entre los políticos, aunque mucha menos entre los economistas. Con el IVA sucede exactamente al contrario. Veamos por qué.

En teoría, el IRPF es el impuesto progresivo por excelencia. “Pagan más los que más tienen”, se repite como un mantra. En el IVA, en cambio, todos pagamos el mismo porcentaje, con independencia de nuestra situación. Pero, hay que insistir, esto es solo en teoría. Porque la realidad es muy distinta.

En teoría, el IRPF es el impuesto progresivo por excelencia. “Pagan más los que más tienen”. Pero esto es solo en teoría. La realidad es muy distinta

En el IRPF, hay multitud de desgravaciones fiscales que distorsionan su teórica 'progresividad'. Por ejemplo, la deducción por vivienda habitual (eliminada en 2013 para las viviendas adquiridas con posterioridad a esa fecha, pero que sigue existiendo para las anteriores), todavía uno de los principales agujeros fiscales del impuesto sobre la renta (la REAF calcula que su coste fiscal se acerca a los 1.000 millones de euros anuales). Como son precisamente los contribuyentes con más recursos los que más se benefician de esta deducción (tienen más fácil la adquisición de una vivienda habitual con financiación ajena), el resultado puede alterar la teórica progresividad del IRPF. De hecho, es tal la cantidad de deducciones y beneficios fiscales del IRPF, que en España, pese a que los tipos marginales están entre los más elevados de la UE, los tipos medios se encuentran por debajo de la media, como vienen señalando desde hace tiempo autores como Conde Ruiz.

¿Qué ocurre con el IVA? Como decíamos, suele gustar muy poco a los políticos. Varios años antes de subir él mismo el IVA, Rajoy recogió firmas contra la subida acordada por el Gobierno de Zapatero (un comentario al margen: que entonces pareciese una medida extrema por parte del principal partido de la oposición, recoger firmas, da cuenta de lo mucho que se han deteriorado las formas en el debate político desde entonces). Rajoy denunciaba entonces que la subida del IVA sería absorbida por el pequeño y mediano comercio (algo que tampoco es cierto, porque la carga real del impuesto puede ser diferente para cada producto). Seguramente por ese motivo, y por no querer dar la impresión de ser un Gobierno 'demasiado de derechas' en sus primeros compases de 2012, Rajoy optó por meterle mano primero al IRPF y solo después, cuando no tenía más opción, al IVA (Rajoy también postergó la presentación de los Presupuestos, pese a contar con mayoría absoluta para hacerlo, para 'endulzar' las elecciones andaluzas, aunque la victoria de Javier Arenas resultó a la postre insuficiente),

Ni de derechas ni de izquierdas: el IVA es un impuesto tremendamente eficaz. Los impuestos 'en cascada', que gravan todas las fases por las que atraviesa un bien (en el caso del IVA, por el valor añadido en cada una de las fases) son uno de los grandes inventos de la fiscalidad moderna. Su recaudación se encuentra descentralizada en los propios agentes económicos, a través de un sistema que en cierto modo se ha replicado —precisamente por su éxito— en la tributación directa a través de las 'retenciones'.

En el caso del IVA, tiene dos agujeros principales: el primero, la economía informal y los mercados 'en negro', tan habituales en nuestro país (¿con IVA o sin IVA?), a los que no parece haber prestado la suficiente atención el actual Gobierno, ya que uno de los efectos más previsibles de la pandemia podría ser la menor utilización del dinero en efectivo y la reducción de la economía informal (aunque lógicamente habría que estar atentos a su impacto social, al que oportunamente se ha dirigido el ingreso mínimo vital).

El segundo efecto del IVA es el reguero de tipos superreducidos y reducidos (los primeros, gravados a un tipo del 4%, lo segundos, al 10%), que no responden a ninguna lógica económica, ni tampoco redistributiva, sino a la capacidad de 'lobby' que han demostrado los sectores para lograr acogerse a uno de los tipos reducidos. Como ejemplo, hemos visto la presión ejercida en los últimos años por el sector de la cultura y el ocio (el llamado 'IVA cultural'), que logró recuperar su privilegiado tratamiento fiscal, bajada que, como los datos demostraron después, no se trasladó a los clientes finales.

De hecho, si se calcula el peso relativo en la cesta de la compra de los hogares de menor renta, y se compara con el mapa de tipos reducidos y superreducidos, se concluye que no hay ninguna relación entre los mismos. Un botón de muestra: los dos productos que más pesan (relativamente) en los hogares con menor renta, el tabaco y la electricidad, están sujetos al tipo normal del IVA (asunto distinto es que seguramente tiene sentido que así sea, debido a las externalidades negativas asociadas con estos productos).

Una subida del IRPF ni será suficiente ni será 'redistributiva', sino que recaerá en su mayor parte sobre hogares de rentas medias

Una reforma del IVA que eliminase esta maraña de tipos reducidos no solo sería eficaz sino también de “justicia fiscal”, como anunció el presidente Sánchez hace unos días. Subir los tipos marginales en el IRPF, como ya se demostró en el año 2012, no conseguirá ni lo uno ni lo otro. Es relativamente sencillo convertir rentas salariales en rentas del capital cuando los tipos marginales sobre la renta se incrementan demasiado. Lamentablemente, vamos camino de cometer el mismo error que en 2012. Una subida del IRPF ni será suficiente ni será 'redistributiva', sino que recaerá en su mayor parte sobre hogares de rentas medias. Esta vez, no se podrá decir que no estábamos avisados.

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