Que salga España

Mucha gente. No sé si 1.800.000 personas o dos millones o los que sean. Muchos. Cuando veo manifestaciones, no hago caso de lo que dicen los

Mucha gente. No sé si 1.800.000 personas o dos millones o los que sean. Muchos. Cuando veo manifestaciones, no hago caso de lo que dicen los organizadores (millones) ni de lo que dice la Guardia Urbana (tres personas). Utilizo otra unidad de medida: mucha gente, poca gente. El pasado 9 de noviembre, en Cataluña, mucha gente. Y ya está.

Veo a Artur radiante de gozo. Leo que le ha hecho un sorpasso a Oriol J., que, sin duda, entretenido por el trabajo de ser jefe de mesa en su pueblo, ha descuidado las cosas importantes y, por lo que dicen, ha perdido el primer puesto. Es que uno nunca se puede distraer, Oriol.

Las fotos de Artur, elegante, con traje de Furest, fotos de ganador. Su entrada en el edificio de CDC, con gesto pujoliano sénior, como si dijera: “No aplaudan demasiado; un poco, sí, pero no se pasen”. 

El partit del president, en marcha.

La actitud del president, actitud de chuletilla, en la mejor de las acepciones del término. Por eso no he puesto chulesco, porque esa palabra tiene una connotación desagradable. Chuletilla, chulo simpático.

Me voy a Madrid, que me resulta más barato que irme a Australia, donde a estas horas o está Mariano o está al caer.

Mariano será muchas cosas, pero chuletilla, no. Un registrador de la propiedad no se puede permitir ese lujo. Debe ser un señor serio, bien vestido, pero sin pasarse; corbata oscura, a ser posible con barba canosa, que se permita pocas chuletillerías, vocablo que acabo de inventarme y cuya vida será más bien corta. Señor que, antes de contestar, piensa lo que va a decir y mira lo que antes se llamaba el Aranzadi, y que ahora no sé cómo se llama, porque mi amigo Estanis Sr. se murió hace años y sus descendientes vendieron la empresa a unos extranjeros.

Si ese registrador es gallego, además de pensar lo que va a contestar, piensa también lo que no va a contestar, y vuelve a consultar el Aranzadi, con lo que el proceso de toma de decisiones se hace más largo y el otro, el chuletilla, abre el buzón todos los días a ver si hay carta de Madrid y se lo encuentra vacío y se pone nervioso.

Mientras tanto, Pedro, estrenando su puesto de trabajo, se pone a viajar. Estuvo en Barcelona, y antes en Toledo y antes no sé dónde. Este mozo piensa que el taxi es para el que lo trabaja y ha decidido ganarse el sueldo. Me parece muy bien. Así, de paso, ve cómo están las cosas en su partido, que sigue intentando recuperarse de aquel chaval que vivió en la Moncloa durante unos largos (para mí) años y que dejó el partido, España y, si se descuidan, el equipo de baloncesto de su pueblo, hecho unos zorros. (El otro día vi una foto suya con dos amigos, Pepe Bono y Miguel Ángel Moratinos, cenando en Guinea. Si tuviera el teléfono de Obiang, le llamaría: “¡Teodoro, ten cuidado, que este chico, muy sonriente, se te lleva por delante!”.)

Pasan muchas cosas.

Los titulares de los periódicos agobian a algunos amigos míos. A mí me dejan muy tranquilo, porque pienso que se veía venir. Y cuando uno piensa que se ve venir algo y ese algo viene, uno se queda tranquilo y pone cara displicente: “¡Ya lo decía yo!”

Todos hablan. Mariano, más bien poco, porque en Santiago de Compostela deben ser de hablar poco. Pero habla. Y algunas veces se podía callar.

Artur habla. Y algunas veces se podía callar.

Pedro habla. No digo que se podría callar, porque el pobre se está ganando el puesto y, si no habla, la gente va a pensar que para qué le hemos elegido.

Cuando veo Cataluña, veo a Artur, veo a Oriol J. (ahora le veo un poco menos, por lo del sorpasso), no veo a Alicia (estuve el otro día en La Camarga, pero no estaba, y no había flores en las mesas), no veo a Josep Antoni –viaja mucho– y veo un poquico en la lejanía a Albert, con quien he coincidido dos veces y me parece un tío majo. (En casa, dicen que todos/as me parecen tíos/señoras majos/as). Todos se podrían callar alguna vez. (En este todos vuelvo a incluir a Artur, pero él sabe que no hay nada personal. Es que el párrafo me ha salido así).

 Y en Cataluña veo dos cosas:

  1. Deseo compulsivo de euros, muchos euros, todos los que podamos conseguir.
  2. Un sentimiento patriótico-cultural-histórico-emocional.

(Nota: Esto lo he repetido muchas veces, pero como todos siguen hablando siempre de lo mismo, solo se me ocurre contestar lo mismo. Iba a decir: “A ver quién gana”, pero no lo digo).

Hace tiempo, el chuletilla le escribió una carta al registrador de la propiedad pidiéndole dinero. Ya sé que esto puede molestar a mi amigo Joan, un independentista majísimo (otro majo) al que quiero mucho y del que soy pariente no muy lejano y que se deja la piel yendo en bicicleta, comprobando que todo –las urnas, las papeletas, los voluntarios, el merchandising– todo, está en su sitio. Pero Joan, esto que digo es verdad, que yo he leído la carta –salió en los periódicos– y de 23 apartados, 22 hablaban de dinero.

El registrador no se la ha contestado, supongo que por tres razones:

  1. Porque es gallego, que es una característica que marca para toda la vida y hay quien dice que para después, también. (Sin ir más lejos, ahí tenemos, como ejemplos, a Franco y a Pablo Iglesias –el otro–.)
  2. Porque piensa que, si no se la contesta, le pone de los nervios y, de paso, le desprestigia ante su sociedad (la parte de sociedad ante la que tiene prestigio; de esa parte, una parte puede pensar que tenemos un president que es un mindundi, que escribe una carta y no se la contestan).
  3. Porque no le da la gana, que vendría a ser una síntesis de las dos anteriores y de alguna más que no se me ocurre ahora.

Mientras tanto, Pedro dice que hay que ir a una España federal, cosa que creo que él no sabe lo que significa (Pedro, si lo sabes, perdón), y que no sabe qué diferencia hay entre una España federal y lo que ahora tenemos, donde cada uno hace lo que le da la gana: el que quiere, obedece, y el que no quiere, no obedece. Y así sucesivamente. Todos, en nombre de la Patria, como es natural y como está mandado. Cada uno, llamando Patria a lo que le apetece: la Patria de verdad, la Patria más pequeña, la acera de su calle en San Quirico, etc.

La cuestión económica se arregla fácil, como todas las cuestiones económicas. No se arregla chillando, porque todos los que tenemos uso de razón sabemos que, en la historia, la de verdad, nunca se ha arreglado nada gritando más que el otro.

Nota: Digo “el otro” y no digo “el adversario”, porque en mi España, adversarios, ni uno. Personas con opiniones distintas, todas.  Eso es muy bueno. Y el que no lo sepa, que se entere. Y el que no lo admita y, además, vea “adversarios” por todas partes, que vaya a un psiquiatra corriendo. Yo le puedo recomendar dos.

Otra nota: Antes se chillaba chillando. Ahora se chilla en portadas de periódicos. El resultado es el mismo: empate a cero.

Llega Mariano y dice que está dispuesto a revisar la Constitución, pero que pasarán por su venerable cadáver si pretenden romper España.

Total, que esa es la situación, mientras vemos un montón de corruptelas, palabra amable con la que intento disimular las sinvergonzonerías vergonzosas de mucha gentuza, que han dado lugar a que Pablo, con su coleta y su seriedad –este mozo no sonríe ni cuando habla de su novia–, vaya diciendo que no hay derecho. Cosa con la que estoy de acuerdo yo, que no llevo coleta ni tengo novia, porque la última que tuve se casó conmigo hace 56 años. Me parece que es en lo único en que estoy de acuerdo con él, porque, en otros temas, dice cosas que no sé si se las cree. Si se las cree, y a la vez es profesor universitario, me deja preocupado el destino final de su universidad.

Dos puntos para Mariano y Artur, por enésima vez:

  1. Llegad a un acuerdo sobre los dineros, sabiendo (Artur) que la Generalitat está sobreviviendo gracias al dinero que el “adversario” le manda. No se lo envía por giro postal, sino por transferencia del FLA.
  2. Revisión de la Constitución, que más difícil fue hace 36 años y salió, por una única razón: porque los que se encargaron de redactarla sabían y querían. Y por otra razón: porque empezaron por el principio y no por el final.

Empezar por el final es lo que hace Pedro, al que me parece que le falta un hervor, porque quiere negociar dando previamente la solución. O sea, revisemos la Constitución de España de manera que salga una España federal.

Puestos a empezar por la solución, me gusta más otro planteamiento: revisemos la Constitución de España de manera que salga España.

Desde San Quirico
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