Lo que nunca existió

Lo que existió, existió. Y que el que piense que no existió, allá él. Pero que no se lo diga a los chavales, porque les está falseando la realidad. Y la realidad es la que es. Punto

Foto: Defensa retira la estatua ecuestre de Franco del patio de Herrerías del Arsenal Militar de Ferrol. (EFE)
Defensa retira la estatua ecuestre de Franco del patio de Herrerías del Arsenal Militar de Ferrol. (EFE)

Aún me estoy riendo. Me cruzo el otro día con una chica, que le dice al chaval que le acompaña, hablando de otro chico: "En persona es muy divertido, pero en WhatsApp es tan soso...".

No conozco ni a la chica ni al soso por WhatsApp, pero me dio la impresión de que a la chica el que le gusta es el que no existe, el virtual. Y que el que existe y se pone majo para salir con ella, no existe.

Mientras la chica hablaba, en la Universidad de Princeton los estudiantes han ocupado la oficina del rector para pedirle que retire todas las placas y menciones que haya del presidente Woodrow Wilson, que fue rector de esa universidad y al que acusan de racista. Este señor vivió de 1856 a 1924, pero ahora, por sus ideas, los chicos de Princeton han decidido que nunca existió.

En España, hemos retirado los bustos, esculturas ecuestres, nombres de calles, etc. de Franco. Incluso algunos ayuntamientos están eliminando todas las referencias a escritores, artistas, militares de los que se pueda decir -póngase aquí cara de asco- que tuvieron alguna relación con el franquismo. Como la tuvimos millones de españoles que, en esa época, crecimos, estudiamos, trabajamos y montamos empresas e instituciones que aún están majas y lozanas, a pesar de haber vivido en -ahora, póngase cara de desprecio- la España que gobernaba aquel señor que nunca existió.

Tan nunca existió que el candidato de Podemos a la Generalitat catalana ya no se llama Lluís Franco Rabell. Se llama Lluís Rabell, porque Franco nunca existió.

En una de nuestras múltiples campañas electorales, he visto que el PSOE ha decidido que José Luis Rodríguez Zapatero no existe y, como no existe, se ha ido a Venezuela a controlar las elecciones de allí, invitado por Maduro.

Busco en Google la Fundació Trías Fargas, y me sale la Catdem. No busco Convergència Democràtica de Catalunya, porque me saldrá Democràcia i Llibertat.

Todo es nuevo, con el afán de decir, no que se ha mejorado lo anterior, sino con la obsesión de jurar que lo anterior no existió

Todos sabemos que en España nunca existió la peseta, porque la metieron en una cesta con otras monedas europeas, les dieron pesos distintos y apareció lo que a mis nietos les parece el euro de siempre.

Euro que puede desaparecer en cualquier momento, absorbido por la cesta en la que están él mismo acompañado por el dólar, la libra, el yen y, desde hace cuatro días, el yuan chino. A lo que salga, que me temo que será la nueva moneda mundial, le llaman por ahora SDR, derechos especiales de giro, pero enseguida tendrá un nombre más presentable.

(Digo que me temo que va a ser la nueva moneda mundial, porque con lo que me ha costado discurrir en euros sin traducir a pesetas y ver que he pagado por un café en un hotel no de lujo cuatro euros igual a 665,55 pesetas, como me pongan el SDR no tendré manera de manejarme con una cierta soltura. Y si un gurú económico como yo no se maneja, los pobres no gurús lo van a pasar muy mal).

Todo es nuevo, con el afán de decir, no que se ha mejorado lo anterior, sino con la obsesión de jurar que lo anterior no existió. Con ello, en Cataluña nos vamos a Felipe V, que por los insultos que recibe parece que sí existió, y de ahí saltamos a la añorada Segunda República, que se empalmará con la República catalana que ha instituido la inefable Carme Forcadell. (Inefable = que no se puede explicar con palabras).

Relacionado con Carme, que es la presidenta del Parlament, leo que la decisión de ruptura con España que a mí me parecía que se aprobó el 9 de noviembre tampoco existió. Fue simplemente "una declaración de intenciones", "la expresión de un deseo", "una aspiración sin carácter vinculante" y, en el peor de los casos, "una simple instrucción indicativa". Lo otro, lo de romper con España, no existió.

Estamos en plena reescritura de la historia, incluida la historia del mes pasado.

Pero.

Las reescrituras cuestan dinero.

Y no lo tenemos. Ni lo tiene España ni lo tienen La Rioja, Ceuta y Melilla, Cataluña o cualquier otra comunidad autónoma.

Tenemos deudas, algunas, miles de millones, producidas por el que no existió y ahora está en Venezuela. Y nos cuesta aprender que cualquier locura del Gobierno central o de los gobiernos autonómicos cuesta dinero.

Estamos en plena reescritura de la historia, incluida la historia del mes pasado

Llega Cristóbal y hace lo que haría yo con un hijo malgastador. Darle dinero, exigiéndole que me trajera los recibos y las vueltas. Si, como es lógico, ese hijo malgastador tiene mala fama, y en el barrio no le fía nadie y los tenderos le califican de bono basura, más a mi favor, como decía un amigo mío cuando quería acabar una discusión.

Si, además, ese hijo riñe a diario con su propia familia, y da espectáculos patéticos y tiene un amigo que me dice que correrá los 100 metros lisos, que se pondrá de rodillas delante de mí, pero que tengo que soltar el dinero rápidamente porque el hijo malgastador se lo ha gastado en expresiones de un deseo y en aspiraciones sin carácter vinculante, y no puede comer, me callaré por no romper la baraja. Pero le daré dinero cuando me venga bien.

Y quizás, a ese hijo y a todos los demás, jóvenes y viejos, les diré que me tienen que firmar un papel que diga:

1. Que después de Felipe V ha habido cosas. Muchas cosas. Muchísimas.

2. Que la Segunda República fue un periodo manifiestamente mejorable.

3. Que Francisco Franco gobernó España desde 1939 a 1975, o sea, 36 años, y en esos 36 años muchos hicimos muchas cosas. Más que muchos otros, por supuesto. Aquí se puede poner una línea de puntos, para poner nombres de los que hicieron pocas cosas. Se puede añadir otra línea de puntos para los que no hicieron nada, que también los hay.

4. Que si empezamos a quitar estatuas y placas de uno habrá que quitarlas de otros y nuestras ciudades y nuestros pueblos se quedarán hechos unos eriales, con monumentos abstractos que nadie entenderá, excepto los autores, o con monumentos genéricos -a la mujer trabajadora, al jamón, al agua- que no molestan a nadie y que el día que ganen otros las elecciones no habrá que cambiar, porque seguirá habiendo mujeres que trabajen, dentro o fuera de casa, seguirá habiendo jamones, agua, todas esas cosas, y para qué vamos a cambiar el monumento. (¡Vaya párrafo!).

5. Que lo que existió, existió. Y que el que piense que no existió, allá él. Pero que no se lo diga a los chavales, porque les está falseando la realidad. Y la realidad es la que es. Punto.

Mientras firman el papel, yo buscaré el dinero, que ahora me cuesta muy poco, no como hace cuatro años, cuando el que está en Caracas vivía en la Moncloa. Pero ese dinero lo administraré yo, porque les tengo miedo y porque solo les entra el sentido común si les aprieto.

Y chillarán, y llevarán los temas al Supremo y el Supremo decidirá, con criterios jurídicos y con sentido común.

Cosa, la del sentido común, que no les gusta a los reescribidores de la historia, porque en el adanismo se vive muy bien.

Desde San Quirico
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