La última piedra
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Leopoldo Abadía

Desde San Quirico

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La última piedra

La última piedra exige no conformarse con hacer algo más o menos, o dejarlo "prácticamente acabado", porque esos enfoques no quitan las cintas de las puertas y el ascensor no funciona

placeholder Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)

Viene tarareando: "De piedra ha de ser la cama, de piedra las cabeceras...". Me dice, riéndose, que, como publicidad para una fábrica de colchones, la vieja ranchera sería un desastre.

Le veo rejuvenecido. Mi amigo de San Quirico es un poco más joven que yo, pero hoy, con su pantalón corto, se ha quitado unos años de encima.

Ha traído un amigo, que quiere asistir en primera fila a "ese derroche de ideas" que se produce en cada desayuno nuestro. (Lo del "derroche de ideas" me preocupa, porque lo importante no es el derroche -cantidad- sino la calidad, y esa es muy discutible. O sea, que ese amigo puede no volver nunca, desilusionado. Lo malo será que, además, lo cuente por ahí).

Mi amigo vuelve a la ranchera. Dice que la venía cantando porque ha leído una noticia que le ha sorprendido. En una estación han hecho una obra, que consiste en un ascensor que te recoge a pie de tren, te baja, pasas andando por un corredor subterráneo debajo de las vías y subes por otro ascensor. No es el colmo de la comodidad, pero "menos da una piedra", dice mi amigo.

Y continúa: "Hablando de piedras, el único problema que tiene el sistema es que ninguno de los dos ascensores funciona. Las puertas están cruzadas con unas cintas que dicen que sigas haciendo lo de siempre: bajar las maletas a pulso, pasar por el corredor a pulso, subir las escaleras a pulso".

La primera piedra, simbólica, perfecta. La que ha fallado es la última

El paso subterráneo se inauguró no hace mucho. Lo contaron los periódicos y la tele local puso la imagen del alcalde, sonriente, cortando una cinta -ninguna de las que hoy impiden subir y bajar-. Otra distinta.

La primera piedra, simbólica, perfecta. La que ha fallado es la última.

Me meto en Google a ver qué dice de la última piedra, en general, porque me parece que es la fundamental, la que dice que aquello está acabado del todo, que para que funcione no hay que hacer nada más que quitar las cintas, apretar el interruptor y los ascensores se ponen a subir y a bajar. Y se acabó el llevar las maletas a pulso, porque todo funciona de maravilla.

La entrada en Google, sorprendentemente, me lleva a Frank Sinatra, lo que me llena de ilusión. Y, por si fuera poco, me lleva a 'My Way', que para mí es LA canción, porque lo dice todo.

Lo dice todo, porque Frank hace un repaso de su vida, cuando está cayendo el telón, cuando uno ve lo que ha pasado con las primeras piedras que puso en su vida y con las últimas, que no siempre se correspondieron con las primeras. Porque hubo primeras que se quedaron en primeras, y primeras que, a fuerza de trabajo, y de poner otra y otra y otra, al final, 'exigieron' la última, que se puso mientras el que la ponía decía: "Se acabó".

La última piedra, que exige no conformarse con hacer algo más o menos, o dejarlo "prácticamente acabado", o "terminado aprox." o "en teoría resuelto", porque ninguno de esos enfoques quita las cintas de las puertas y, en consecuencia, el ascensor no funciona.

Sigo con Google y, sobre todo, sigo con Frank, que era bastante sinvergonzón, pero me caía muy bien y en algunas cosas era un tipo muy serio. Por ejemplo, en lo referente a su trabajo, con mucho ensayo, mucho repetir, o sea, hacer todo lo necesario para que cuando entraba en un escenario, aquello funcionase como un reloj. Y todos sabemos que nada funciona como un reloj si no se le da cuerda o si no se pone una pila nueva, probándola previamente, para no decir cuando falle: "Me dijeron que era nueva".

Como mi amigo es como es, se lanza, bajo la mirada del que ha venido a desayunar con nosotros y ante quien me parece que no estoy dando la talla esperada, porque mi amigo, hoy, arrasa y se está quedando con el 'show'.

El responsable de TODO lo que pasa en una empresa es el de arriba, "el de más arriba"

Pasa a hablar de responsabilidad y, como nunca se queda a un nivel bajo, sube a las alturas y empieza a decir que el responsable de TODO lo que pasa en una empresa es el de arriba, "el de más arriba". Se dirige a mí y me dice: "El que en el IESE llamabais 'el hombre de vértice', antes de lo de la paridad y, después, cambiasteis a 'la persona de vértice".

Y sigue: ese es el responsable de todas las últimas piedras que hay que poner, no solo de las primeras que salen en 'Expansión'. O sea, si se consigue el pedido de construir las nuevas esclusas del Canal de Panamá, el que ha salido sonriente el primer día tiene que saber que debe volver a salir sonriente el día que los barcos pasen como tienen que pasar y la empresa haya ganado el dinero que presupuestó... y haya cobrado hasta el último céntimo. Y si, por la buena gestión, gana más, más sonrisa, porque se lo merece. Y si, además, consigue un acuerdo de mantenimiento de las esclusas por 25 años, miel sobre hojuelas, o sea, fantástico.

Como sigo callado, porque este hombre ha cogido hoy carrerilla y no hay quien le pare, me da tiempo para pensar, sabiendo que mi turno tardará bastante.

Pongo cara de atención mientras me acuerdo de Antonio, el primer director del IESE, que me aguaba el día cuando me recordaba: "No te olvides que del dicho al hecho hay mucho trecho", refrán que también decía mi abuelo, recordando sus caminatas cuando era 'peatón', o sea, cartero de varios pueblos, a los que iba andando, porque si no, no hubiera sido 'peatón' y, fundamentalmente, porque no había vehículos.

Mi abuelo cubría los siete pueblos que le correspondían en unas cuantas horas. Y, por la noche, cuando llegaba a casa con la valija vacía, podía decir que había puesto la última piedra. Había entregado TODO el correo, no prácticamente todo ni todas las cartas aprox. TODO. No quedaba ni una carta por entregar.

Y, por supuesto, si lo hubiera hecho muy mal, le habrían despedido, pero el responsable último era su jefe, que no tendría la excusa de decir que si no hubiera sido por aquel chaval...

Cuando algo se concreta en seis cosas, me gusta, porque si se aceptan, sabes lo que aceptas, y porque es muy fácil controlar su avance hasta la última piedra

Mi amigo pone ejemplos: Ana Botín, Paco González, Ángel Ron. Todos responsables de todo. Si pasa algo en el banco, la responsabilidad es suya. Nunca podrán decir que mi abuelo no entregó las cartas.

Porque todos ellos aparecen sonrientes cuando los resultados han sido buenos.

Consigo meter baza. Hoy ha sido difícil.

Albert y Mariano se han reunido para ver si se puede desatascar el lío en que ellos - y otros- se han metido. Albert concreta seis cosas. A mí, por principio, cuando algo se concreta en seis cosas, me gusta, porque si se aceptan, sabes lo que aceptas, y porque es muy fácil controlar su avance hasta la última piedra.

Las seis cosas no son nada del otro mundo, lo que no quiere decir que a Mariano le hagan mucha gracia. Y también pueden no gustar a Pedro y Pablo, por aquello de las barbas de tu vecino.

Mariano llevará las seis cosas a la dirección de su partido, pero como el día 15 es la Virgen de Agosto, les dejará que hagan puente, que bien se lo han ganado. Y con el tiempo que llevamos con un Gobierno en funciones, unos días más, como dicen en Cataluña, "no vienen de aquí".

A los miembros de la dirección de su partido, las seis cosas tampoco les acabarán de convencer, pero supongo que acabarán diciendo que sí. Y luego... a por la última piedra, o sea: a concretar:

1. El día XX habrán salido de las listas los siguientes señores imputados por corrupción política: ...

2. El día XX se habrán eliminado los aforamientos de los siguientes señores: ...

3. El día XX se habrá constituido una comisión de trabajo, presidida por don XX para proponer una nueva ley electoral. Esa comisión deberá presentar su propuesta el día XX.

4. Hoy se anunciará que los indultos por corrupción política se han eliminado.

5. Los encargos políticos (no quiero llamarlos 'mandatos') tendrán una duración máxima de ocho años o dos legislaturas.

6. El día XX se habrá constituido una comisión parlamentaria sobre el caso Bárcenas, presidida por don XX. Esta comisión deberá presentar sus conclusiones el día XX.

Como consecuencia de la aceptación de esas condiciones, se fijará la fecha y hora para un debate de investidura.

Acabo de escribir esto y, como siempre, leo el artículo de Enric Juliana en 'La Vanguardia'. Dice que los puntos 2, 3 y 5 son "de relleno", porque para eso hay que reformar la Constitución.

Pues entonces, la redacción de esos puntos que he puesto arriba se debería cambiar:

"En el plazo de dos meses se decidirá el grupo de personas a las que se les encargará la revisión de la Constitución. Se les dará un año de tiempo para que presenten su propuesta, en la que no deberán faltar puntos correspondientes a:

1. Eliminación de los aforamientos.

2. Nueva ley electoral.

3. Duración máxima de los encargos políticos".

Son las 12 del mediodía. Los clientes del bar han cambiado. A las 9:30 estaban los que van a desayunar. Ahora ya van llegando los que toman un aperitivo. Pronto vendrán otros a comer. Nosotros seguimos.

El amigo de mi amigo, supongo que cansado de tanta ciencia (¡?) dice: "Son las 12. Habrá que irse".

En ese momento, mi amigo añade: "Estábamos hablando de la última piedra. Hace tiempo que no la ponemos".

Llama al camarero y pide que nos traigan unas copas de Cardhu.

Las trae, las bebemos con gran paz. Y nos vamos.

Cuando voy a coger el coche, tengo la sensación de que, quizá por la conversación, quizá por el Cardhu, hoy hemos intentado poner la última piedra.

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