Un problema de prioridades, o sea, de justicia

Muchas veces he dicho que nos tenemos que quitar la boina, en el sentido de no pensar solo en mí, conmigo y por mí, y en mi pueblo, que es tan majo y donde se vive tan bien

Foto: El Gallinero, en Madrid. (EFE)
El Gallinero, en Madrid. (EFE)
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Veo a la gente inquieta, según el último informe del CIS, por a) el paro; b) la corrupción y fraude; c) los políticos y la política; d) la economía; e) la sanidad.

Veo que el 53,3% piensa que la situación económica general de España es mala o muy mala; y que el 71,1% considera que es mala o muy mala la situación política general.

Veo mis apuntes:

1. El déficit, que hace seis años era de 91.000 millones, ha pasado a 48.229 en 2016.

2. La deuda pública es de 1,095 millones de millones, superior al PIB, cosa que no ocurría desde 1909, cuando reinaba Alfonso XIII y gobernaban, primero, Antonio Maura y, después, Segismundo Moret.

3. El número de personas sin empleo, según la Encuesta de Población Activa, ha pasado de 5.427.900 en el 2° trimestre de 2015, que es cuando empecé a apuntármelo, a 3.914.300 en el 2° trimestre de este año.

4. La prima de riesgo, que llegó a más de 600 en 2012, está ahora a 100 o menos.

5. El crecimiento de la economía española está alrededor del 3%.

Desayuno con unas crías majísimas, de unos 20 años. Les encanta el voluntariado. Entusiasmadas, me cuentan sus experiencias en Vilnius, Lituania, Tánger y en Santa Marta, Colombia. Me acuerdo de una canción de cuando yo era chaval, en la que se afirmaba que Santa Marta (bis) tiene tren, pero no tiene tranvía. Por lo que se ve, ahora no tiene ni tren.

Otros mundos. Allí, ser pobre es ser pobre. Y ser pobre quiere decir no tener nada. No importarles en absoluto la prima de riesgo, ni el déficit ni las predicciones del Fondo Monetario Internacional. Allí se roba para comer, con lo que aquello no es robo.

El agua corriente, un lujo. La luz, pinchada. Una vía de tren donde debían jugar los niños. Y lo peor es que juegan allí. La comida, una aventura diaria

El agua corriente, un lujo. La luz, pinchada. Una vía de tren, en el sitio donde debían jugar los niños. Y lo peor es que juegan allí.

El techo, permeable, por decirlo de una manera políticamente correcta. La comida, una aventura diaria.

Me cuentan sus conversaciones con narcotraficantes, que les dicen: "Si no nos compraseis vosotros, no os venderíamos nosotros".

Me cuentan y me cuentan... hasta que una de ellas empieza a hablar del Gallinero. Pienso: "¡Otro país de desastre!". Pregunto dónde está y me contestan rápido: "En Madrid". Ríete de Vilnius, Santa Marta y de Tánger y de la miseria mundial. ¡En Madrid! Desde el Gallinero se ven las cuatro torres.

Estas crías me hablan del metro que cogieron, del empalme con un autobús y... allí están, en el Gallinero. Como si llegaran a Santa Marta o a Tánger, narcos incluidos. Es un barrio de rumanos. Me cuentan cosas que harían sonrojar a mis amigos de Burkina Faso. Miseria absoluta... ¡y se ven las torres!

Mientras tanto, nosotros quejándonos de la situación económica general, porque la reducción del déficit nos ha hecho daño

Mientras tanto, nosotros quejándonos de la situación económica general, porque la reducción del déficit nos ha hecho daño. Quejándonos —con razón— del reparto desigual de la riqueza. Quejándonos de que no llegamos a fin de mes... Y desde el Gallinero se ven las torres.

Nosotros preocupados por el Catexit y por la posibilidad de que España sea una nación de naciones y las huelgas salvajes, muy salvajes, justo cuando nos vamos de vacaciones...

De vez en cuando, en la tele, aparecen niños con la cara llena de moscas en algún país africano, junto con los dígitos de una cuenta corriente para que mandemos dinero, aunque todos sepamos que esas moscas y ese hambre son consecuencia de que uno de los señores de la guerra que luchan en ese país ha decidido cortar el suministro a los desgraciados que les ha tocado estar en la otra parte.

Hace tiempo publiqué un artículo con datos que me proporcionó Unilever. La comida que se tira a la basura en Europa daría para dar de comer a miles y miles de personas.

El dinero que se tira en nuestro modelo de Estado —17 nacioncitas, todas con sus derechos— ayudaría a que esos miles pudieran por lo menos tomar postre

El dinero que se tira —he dicho que se TIRA en nuestro modelo de Estado,17 nacioncitas, todas con sus derechos, sus políticos, sus... sus...— ayudaría a que esos miles pudieran por lo menos tomar postre, del rico.

Muchas veces he dicho que nos tenemos que quitar la boina, en el sentido de no pensar solo en mí, conmigo y por mí, y en mi pueblo, que es tan majo y donde se vive tan bien.

Pues dentro del quitarse la boina está saber que mientras en Barcelona ponemos y quitamos el carril bici, y ponemos y quitamos (por ahora a nivel de discusión, gracias a Dios), el tranvía por la Diagonal, hay gente en el mundo —también en Barcelona— que pasa hambre. Y cuando mis amigas me cuentan sus heroicidades —porque eso son— sin darle importancia, se me caen los palos del sombrajo y pienso que la humanidad lo está haciendo muy mal.

Muy mal, en cuanto:

1. Injusticias gravísimas en el trato entre las naciones.

2. Injusticias gravísimas en el trato entre las personas de una misma nación.

3. (Incluido en el punto anterior). Robos a mansalva 'espectaculares'. Por ejemplo, aquel personaje que mandó que le pusieran los fondos reservados en la caja de caudales de su despacho, para tenerlos más a mano, nunca mejor dicho. Por ejemplo, naciones paupérrimas con dictadores jubilados viviendo de película en Europa. Por ejemplo, los banqueros responsables de la 'crisis ninja'.

Hace unas décadas, la relación entre el sueldo del principal directivo de una empresa y el salario medio de los empleados era 30 a 1. Hoy es 300 a 1

4. (Incluido en el punto anterior). Robos a mansalva 'más sutiles'. Por ejemplo, lo que dice Antón Costas, catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona: "Hace unas décadas la relación entre el sueldo del principal directivo de una empresa y el salario medio de los empleados era de 30 a 1. Hoy esa relación es, cuando menos, de 300 a 1". ('La Vanguardia', artículo "Ejemplaridad empresarial", 30.11.16. Cité hace tiempo estas frases en otro artículo, pero, cuando veo algo importante, lo utilizo las veces que haga falta).

5. Ninguna prisa por resolver la situación, a pesar de que este es un caso en que lo urgente coincide con lo importante. Por ejemplo, no sé dónde están los refugiados sirios. Hace una temporada solo hablábamos de ellos. Nos los repartíamos teóricamente y discutíamos el número que nos íbamos a quedar. El Ayuntamiento de Madrid colgó un cartel: 'Welcome refugees'. Luego llegó el Día del Orgullo Gay y cambiaron el cartel. El otro día pasé por allí y creo que había otro cartel, pero no me acuerdo. No sé dónde están los sirios. O se han vuelto a su país o se han buscado la vida por su cuenta.

Hay noticias buenas.

1. Veo que se ha definido lo que es sufrir la pobreza extrema. En sí, esto no es una noticia buena, pero, por lo menos, es una unidad de medida, que no sé de dónde ha salido, pero ahí está. 'Pobre extremo' es el que vive (¡?) con menos de 1,9 dólares al día.

2. En función de esa cifra, estamos muy contentos, porque resulta que las Naciones Unidas fijaron los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), suscritos por la mayor parte de los gobiernos del mundo, que marcan 2030 como el año de erradicación total de esa pobreza extrema.

3. La noticia buena es que el porcentaje de personas en el mundo que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de la mitad.

4. Como siempre, no me gusta hablar de porcentajes y prefiero números absolutos, porque en estos años ha crecido la población del mundo y aquellos porcentajes no son estos porcentajes.

5. Y dicen los entendidos que el planeta tiene hoy al alcance, y por primera vez en su historia, la eliminación total de la pobreza extrema. Y que se puede conseguir ese objetivo antes de 2030.

Pero, como siempre digo, 'el planeta' no existe. Somos los hombres del planeta.

Me desmoraliza un poco ver que 'los hombres del planeta' estamos más preocupados de nuestras cosas, de mis cosas, que de los objetivos de la ONU

Y me desmoraliza un poco ver que 'los hombres del planeta' estamos más preocupados de nuestras cosas, de mis cosas, que de los objetivos de las Naciones Unidas, que, por cierto, yo no sabía que existían. Pero nunca es tarde.

Nos deberíamos enterar. Nuestros políticos se deberían enterar. Recibo un wasap que me dice que en España tenemos 445.568 señores y señoras que viven de la política. Puede ser cierto.

Pero como alguno de ellos quizá no tenga mucho trabajo, se le podía ascender a ministro sin cartera y con el mismo sueldo que ahora y ponerle a las órdenes de las Naciones Unidas. Debería rendir cuentas mensuales de su trabajo y del avance en la consecución de sus objetivos.

Preferiría que no hiciese vacaciones para demostrar que este es un tema urgente, muy urgente, e importante, muy importante.

Porque desde el Gallinero se ven las cuatro torres, pero me gustaría que desde las cuatro torres se viera el Gallinero.

Desde San Quirico

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