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Catexit XXIX: ¡ole mi niño!

Quizá los problemas no están en la relación de Cataluña con la malvada España, sino en la relación entre las dos Cataluñas

Foto: La agrupación de Sabadell de la Plataforma por l'Autonomía de Barcelona saca un cartel para reivindicar la autonomía de Tabarnia. (bcnisnotcat)
La agrupación de Sabadell de la Plataforma por l'Autonomía de Barcelona saca un cartel para reivindicar la autonomía de Tabarnia. (bcnisnotcat)

Mi niño tiene 52 años, está casado, tiene siete hijos y una brillante carrera profesional. No digo que, además, es máster del IESE porque no quiero que penséis que escribo solo para presumir.

Yo estoy siempre muy orgulloso de todos mis hijos. Digo 'siempre' y 'todos' porque es así. Y les río las gracias, aunque supongo que hay 'gracias' que a otras personas no les caen bien.

Vivimos en Cataluña, esa región de España machacada por unos cuantos que han conseguido que, a base de falsedades, se vayan muchas empresas, las familias se dividan y los amigos no se saluden.

A mi hijo Carlos eso le molesta, como le molesta a cualquier persona decente.

Es listo, y por eso discurre y discurre bien. Y se encuentra con la democracia que sufrimos aquí, con la ley electoral y con la traducción a escaños de los votos conseguidos en cada una de las provincias españolas que forman Cataluña.

"Canadá puede partirse, pero igual puede hacerlo una provincia. Si Canadá es divisible, también lo es Quebec". "Si España es divisible, también Cataluña"

Y con cosas que nos van diciendo, que pasan de ser mentiras a ser mentiras muchas veces repetidas —nunca verdades—.

Leo pocos periódicos, porque no tengo mucho tiempo y, además, me lío. Me manejo con 'La Vanguardia', en papel y digital, 'Expansión' y 'Heraldo de Aragón', que para eso nací donde nací. Y antes de dormir, El Confidencial. Pero el día de Reyes, en San Quirico, encontré 'ABC', lo que es una prueba de la amplitud de miras de los que viven allí. Y leí un artículo de José Cuenca, exembajador en la Unión Soviética, Bulgaria, Grecia y Canadá. No es un cualquiera. Si fuera hijo mío, también estaría orgulloso de él.

El artículo se titulaba 'Tabarnia', ese invento divertido basado, según el embajador Cuenca, en la solución quebequesa, que parece que gusta bastante por aquí. Lo que pasa es que el Tribunal Supremo canadiense dictaminó en 1998 que el derecho a decidir corresponde a Quebec y a cualquier otra provincia o entidad territorial.

El embajador resume: "Canadá puede partirse, pero igual puede hacerlo una provincia. Para entendernos, si Canadá es divisible, también lo es Quebec". Se podría traducir: "Si España es divisible, también lo es Cataluña".

Y ahí viene la conjunción planetaria del embajador con mi hijo Carlos. El embajador habla de Tabarnia. Carlos, de Tractoria. Algo bueno debe haber en esta conjunción cuando Daniel Pérez Calvo, el articulista del 'Heraldo de Aragón' que hace referencia a un artículo de mi hijo, dice que ha molestado a algunos que, después de soltar los consabidos insultos, han soltado más.

Ya he visto mapas de Tabarnia y Tractoria. Incluso la división por comarcas. Habría que afinarla, pero la idea está muy clara. La liga de fútbol quedaría bien, porque los principales clubes actualmente catalanes, convertidos en tabarneses, serían los de primer nivel y, como consecuencia, ¡Messi no se iría!

Tabarnia y Tractoria, la antigua Cataluña. Tabarnia, con una ley electoral en la que una persona, un voto, con su consecuente reflejo en los escaños. Tractoria, que se las arregle como quiera.

Queda el Valle de Arán, que parece que quiere irse a Aragón, lo que es una señal de buen gusto y, quizás, el primer paso para rehacer el antiguo Reino de Aragón, cuyo archivo se quedaría en Tabarnia.

Ya he visto propuestas de bandera para Tabarnia. En cuanto pueda, me compro una para ponerla en el balcón, al lado de la española.

Y de los actuales gobernantes (¿?) de la actual Cataluña, ¿qué? Como pasarían a mandar en Tractoria, que hagan lo que quieran. Si los fugados quieren volver, que vuelvan a Tractoria. Si no quieren, que no vuelvan. Si quieren jurar por su padre que acatan la Constitución española y que les encanta el artículo 155 y que no saben cómo han podido vivir sin él hasta ahora, formidable. Y si no, formidable también. Tractoria es la tierra de la libertad y cada uno hace lo que quiere.

Tabarnia seguirá viviendo según la Constitución española. En España seguirá habiendo 17 autonomías, porque, al desaparecer Cataluña, habrá sido sustituida por Tabarnia.

Tractoria, repito, que haga lo que quiera. Pedir el ingreso en la UE o donde les dé la gana a los que manden allí.

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Esto de llevar las cosas a las últimas consecuencias tiene ventajas e inconvenientes. De los inconvenientes, hoy no hablo, no vaya a ser que sean tantos que me desmoralice. Ventajas, que ayuda a echar sentido común y a plantearse preguntas tales como:

1. Si admitimos que 'Catalonia is not Spain', ¿por qué no admitimos que 'Tabarnia is not Catalonia'?

2. Si unos cuantos están jugando a cargarse Cataluña, ¿por qué no les damos una nación nueva y más pequeña donde podrán jugar todo lo que quieran?

3. ¿Por qué hago un esfuerzo para ir a votar en Barcelona, donde las distancias son más largas y, a la vez, en un pueblín de Tractoria, un señor va al colegio electoral, a 10 metros de su casa y vota igual que yo, pero allí se necesitan 20.915 votos para un escaño y aquí 48.521?

Tractoria y Tabarnia. Suenan a nombres medievales. Las dos tienen unos monumentos preciosos. Las dos tienen mar. Las dos tienen personas con formación.

En las dos abunda el 'seny'. Lo que pasa es que el no 'seny' ha arrollado el 'seny' en algunas partes de la antigua Cataluña.

Pues separémonos. Tractoria y Tabarnia, entes distintos, con la misma lengua, las mismas costumbres, distintos gobernantes. Y tan contentos. Y España lo sentirá y los españoles lo sentiremos.

Pero tractorianos, comprendedlo. Es molesto vivir en el chantaje. Es molesto no poder pensar distinto. Es molesto que unos piensen que los otros son malos y es molesto que los otros piensen que los unos son los malos de verdad.

Pues Tractoria por un lado, Tabarnia por otro, el Valle de Arán por otro y todos amigos. Como hace unos años.

P.S. 1

1. Ya sé que las cosas no son tan fáciles.

2. Pero ¿por qué no lo pensamos?

P.S. 2

1. Es bueno leer los periódicos. Gracias a mi hijo Carlos y a Daniel Pérez Calvo en el 'Heraldo' y al embajador Cuenca (¡menudo currículo, don José!) en 'ABC', he visto que quizá los problemas no están en la relación de Cataluña con la malvada España, sino en la relación entre las dos Cataluñas.

2. Ninguna de las dos malvada, por cierto.

Desde San Quirico

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