Diez años no es nada

Diez años de Lehman. Decir ahora que "se veía venir" suena a farol, a "ya lo decía yo y no me hacían caso"

Foto: Imagen que muestra la sede del banco de inversiones Lehman Brothers en Nueva York. (EFE)
Imagen que muestra la sede del banco de inversiones Lehman Brothers en Nueva York. (EFE)

Me llaman para hablar del décimo aniversario del hundimiento de Lehman Brothers. Repaso lo que escribí entonces. Todo sigue siendo muy sencillo. Decir ahora que "se veía venir" suena a farol, a "ya lo decía yo y no me hacían caso".

Pues no, no lo decía, aunque tengo colgado en mi despacho un recorte de una entrevista que me hizo un periódico de San Sebastián el 2 de junio de 2008, bajo el titular "Nos encontramos en una supercrisis que va a ir a peor". ¡Toma el profeta!

Aquel día remaché: "Si yo fuera ministro de Economía, diría lo que dicen los políticos, primero que es una desaceleración y luego una desaceleración rápida; pero es una supercrisis".

Hace unos días, a Nadia Calviño, ministra de Economía, le preguntaron por la evolución del PIB de los últimos meses, y contestó en el mejor de los estilos, relativizando los signos de desaceleración, y haciendo una llamada para evitar “mensajes alarmistas”. Calviño rechazó de plano hablar de un 'frenazo' en la actividad económica y lo definió como “una tendencia a la moderación del crecimiento económico”. (Ay, madre, que esa película ya la he visto).

Añadió que no tiene previsto rebajar la previsión de incremento del PIB para este año —fijado por el anterior Ejecutivo en un 2,7%—. “De momento, los indicadores que vamos viendo no hacen sino confirmar esta previsión. Si hay que revisarlo, tampoco es un drama”. (Ay, Señor).

10 años de Lehman. Si contamos desde la crisis de las 'puntocom' y de la reducción de tipos de interés y de la fabricación y venta de las hipotecas 'subprime' y de su extensión por el mundo y de que todos los bancos y cajas estaban 'pringaos' en el mejor sentido ("persona que se deja engañar fácilmente") y de que ya se veía y de que se vio y de que muchos bancos, cajas y —lo peor— personas se fueron a la porra, no son 10 años. Son 17.

Pilar, la periodista que me entrevista, me pregunta lo que me preguntan siempre: si hemos aprendido algo. Luego, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Luego, si esto de la deuda pública es preocupante.

Empiezo por el final, con la esperanza de que si me enrollo lo suficiente, se le olvide lo demás.

Y le digo que la deuda pública sí es preocupante, porque algún día habrá que pensar en ir devolviendo algo; porque, mientras tanto, el Tesoro tiene que ir buscando dinero para pagar los vencimientos y, en tercer lugar, porque estamos pagando muchos intereses anuales y, si los suben, nos pueden meter un gol por la escuadra.

Aprovechando que estoy lanzado y que Pilar es muy educada y me deja hablar, le digo que este chico que nos gobierna —me refiero a Pedro—, como no tiene los votos necesarios, se apoya en Podemos, PNV, los separatistas catalanes, etc. Y, como es natural, cada uno cobra por el voto. Para no llamarlo 'compra del voto' y quedar bien, esas exigencias se llaman 'voto social'. Y el voto social, como el no social, cuesta dinero. Y ese dinero se saca o de reducción de gastos, o de privatizar (o sea, vender algo que tengamos) o de endeudarnos más... o de subir los impuestos.

Y ahí vamos, a los impuestos. A por los bancos, que queda bien. A por las tecnológicas, que también queda bien. A por las multinacionales, que queda mejor. A por todo hijo de vecino, que queda mal, pero que si decimos que es un gasto social, propio de un Gobierno de izquierdas, esperamos que se reciba con entusiasmo.

Un amigo me envía unas "sugerencias para afrontar el trabajo al regreso de vacaciones". Supongo que quiere ayudar a aminorar eso que ahora llaman "el síndrome posvacacional", que cuando yo era chaval se llamaba vagancia.

Entre otras, recoge una frase de Henry Ford y, luego, una de Winston Churchill. Empiezo por Winston. Parece que la ha pronunciado esta mañana: "El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes".

Y Henry: "Pensar es el trabajo más duro, lo que es la probable razón de que pocos lo practiquen".

Con las frases de estos señores, he conseguido no contestar todas las preguntas de Pilar. Como aún me queda espacio, las contesto en dos líneas:

1. Sí, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (Pilar también. Y tú. Y yo).

2. Hemos aprendido algo, pero no demasiado.

Esto de contestar por escrito tiene la ventaja de que dices lo que quieres y no te contradicen, aunque luego te pongan verde en los comentarios. Pero prefiero hablar y no seguir el consejo de Mark Twain: "Es mejor mantener la boca cerrada y dejar que la gente piense que eres tonto, que abrirla y despejar toda duda".

Desde San Quirico

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