Varias tormentas perfectas

En plena posverdad, hay que reconocer que, a veces, cuesta saber lo que ha sucedido realmente

Foto: Foto: EFE.
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Estamos en periodo preelectoral. Siempre estamos en periodo preelectoral, lleno de intervenciones curiosas y frecuentes. (Iba a decir 'normales', olvidándome de mi vieja manía de que lo anormal, cuando se repite muchas veces, no se convierte en normal, sino en anormal frecuente).

Cuando era chaval, pensaba que un periodo preelectoral era el que se desarrollaba antes de las elecciones. O sea, el preelecciones. Ahora, con más experiencia, me doy cuenta de que no hace falta que se hayan convocado elecciones para que unos cuantos —bastantes— hablen mientras miran de reojo unas urnas vacías que tienen en su despacho y que, en sus sueños locos, ven rebosantes de votos.

No hace falta que se hayan convocado elecciones para que unos cuantos hablen mientras miran de reojo unas urnas vacías que tienen en su despacho

Criterio. Otra de mis manías. Consiste en saber distinguir el trigo de la paja, las frases llenas de palabras que puestas en otro orden tendrían el mismo significado —o sea, NINGUNO— de las frases —pocas— con significado y con consecuencias reales en la vida de la sociedad, o sea, en tu vida y en la mía.

En el Hotel de las Letras, en Madrid, me ponen una botella de agua de cortesía encima de un libro, que supongo que también es de cortesía. Me lo llevo cortésmente. El libro está dedicado a la música y la poesía y reproduce unas cuantas canciones escritas por diversos escritores.

Recojo unas líneas de dos canciones:

1. Una de Bertolt Brecht: "Lo que uno atesora también caduca".

2. Otra de Pablo Neruda: "Me gustas cuando callas".

La primera me lleva al tema de reinventarse, del que oigo hablar mucho y del que, lleno de atrevimiento, también hablo, porque, sin querer, a mis muchos años, me reinventé. O me reinventaron, pero yo 'me dejé'.

Hay muchas cosas 'atesoradas' por partidos de todo tipo que se repiten continuamente sin enterarse de que caducaron hace mucho tiempo

Me parece que es un asunto serio y que hay muchas cosas 'atesoradas' por partidos políticos y por organizaciones de todo tipo que se repiten continuamente sin enterarse de que caducaron hace mucho tiempo. Me parece rancio y apolillado lo de las derechas y las izquierdas, lo de progresistas y conservadores, lo del gasto social que acaba en un aumento de los impuestos, por supuesto para los ricos... Viejo, viejo, viejo.

Peor aún, cuando esas cosas representan un auténtico adanismo, que consiste en pensar que eso que acabas de decir no se le había ocurrido a nadie, cuando, en realidad, es más viejo que el betún, como dicen en mi tierra. Lo que pasa es que, como eres tan ignorante, piensas que tú eres el 'number one' (namber uán), que es todo el inglés que dominas a la perfección.

Por eso, cuando oigo decir esas cosas, me acuerdo de la línea que he copiado a Pablo Neruda, porque muchos de estos señores están mucho más guapos cuando se callan, porque callados y serios tienen aspecto de intelectuales.

En esta utilización de lo viejo como si fuera un descubrimiento, me tropiezo con la posverdad, que me pone de los nervios. Porque si a todo lo anterior le añadimos la sustitución de la verdad por la mentira, y, peor aún, la mentira dicha con desfachatez, se crea un clima inaguantable, en el que cuando llegas a un acuerdo con alguien y le das la mano, cuesta mucho mirarle a la vez a los ojos, porque los ojos no suelen mentir y se nota demasiado.

Por ejemplo, Quim habla "en nombre del pueblo de Cataluña", en vez de decir "en nombre de casi la mitad del pueblo de Cataluña", que es bastante gente, pero no es toda la gente.

En plena posverdad, hay que reconocer que, a veces, cuesta saber lo que ha sucedido realmente. El caso de quién paga el impuesto de las hipotecas clama al Cielo, aunque no creas en el Cielo. El Tribunal Supremo, que era "el más alto de la Justicia ordinaria", parece el rey del balancín:

1. El impuesto lo pagarán los clientes.

2. Los bancos.

3. Los clientes.

Y va Pedro, lo lleva al Consejo de Ministros que se celebra hoy y supongo (escribo el jueves) que saldrá que otra vez los bancos. Lo ha hecho al grito de "¡vamos a ofrecer una salida!". Y luego, otro grito: "¡Nunca más los españoles, los ciudadanos de a pie, lo pagarán!"

Resumiendo, tres cosas:

1. El hastío al oír cosas viejas con cara de que son lo último de lo último.

2. La mentira como nueva cultura.

3. La inseguridad jurídica.

Esto es lo que se llama la tormenta perfecta. Y esto lo percibe la gente. Por eso, cuando digo que el déficit ha mejorado mucho, que la deuda ha subido y que el número de personas sin empleo ha bajado en unos dos millones, o sea, que la situación económica no va mal, me miran con aire de compasión, pensando que no me he enterado del hastío, la nueva cultura y la inseguridad jurídica.

Y lo comprendo, porque los vaivenes del TS marean a cualquier hijo de vecino, las continuas mentiras desmoralizan a la gente y el aburrimiento general quita la ilusión al más pintado.

Los vaivenes del TS marean a cualquier hijo de vecino, las continuas mentiras desmoralizan a la gente y el aburrimiento general quita la ilusión

Lucas Alcaraz es el nuevo entrenador del Real Zaragoza. La situación del equipo, angustiosa. Lucas, recién llegado, habla y dice que cualquier arreglo será un parche. Hablando de tormenta perfecta, esa es la situación: mucha deuda, sin dinero para fichar, jugadores regularcicos...

Lucas dice que hace falta una reforma en serio. Lo que podríamos llamar una reforma estructural. Siempre he pensado que lo ideal sería vender el equipo a alguien con mucho dinero, con un cierto conocimiento del negocio (el fútbol no es más que un negocio) y que, a fuerza de tratar con aragoneses, se diera cuenta de lo majos que somos.

En España, necesitamos otra reforma estructural. No podemos vender la Patria a un jeque árabe, pero sí podemos aprovechar que, gracias a Dios, estamos en Europa; que Europa nos tiene que aprobar el Presupuesto, que Europa supervisa nuestros bancos, que Europa nos controla y que cuando en San Quirico reciclo las basuras, lo hago feliz porque pienso que estoy construyendo Europa.

Reforma estructural que ayude a que seamos un país de primera línea y que, junto con Francia y con Alemania, seamos los que tiren de Europa, en un momento en que Trump no nos quiere, Reino Unido se va, mi amiga Angela empieza a desaparecer y unos cuantos dicen que eso de Europa no les gusta y que prefieren ser de pueblo (del suyo).

Paralelamente, hace falta una reforma estructural 'por dentro'. Es la más difícil y exigirá que se vayan unos cuantos.

Ahora se ha ido la pobre Cospedal. (Coro de voces: "Sí, sí, pobre").

Mª Dolores se quería enterar de cosas de gente de su partido. No la conozco, pero me parece una chica maja, con buena pinta y estilosa. Por lo que leo, debe ser también bastante cotilla y quiere enterarse de todo lo que pasa a su alrededor, y su marido también debe ser curiosón, y tienen un amigo, que fue comisario, que es un 'crack' en eso de enterarse de todo. La conjunción planetaria de estos tres seres produce otra tormenta perfecta, y van... Venga a sonreír, venga a besuquear, y venga a encargar a Método 3 que haga informes sobre los sonreídos y los besuqueados. Como es natural, Mª Dolores se ha ido para no perjudicar (más) a su partido.

P.S.

1. Fe de erratas. Dentro de tres semanas, elecciones en Andalucía. Resulta que sí estábamos en periodo electoral.

2. El Tribunal Supremo tiene que juzgar a los independentistas. Le cogen mal preparado y desprestigiado.

3. Algunos podemos pensar que les condenará/les absolverá/les condenará.

4. Y en ese momento, Pedro anunciará una reforma exprés, pedirá autocrítica al TS y les indultará.

5. Me parece que Lucas Alcaraz tiene razón. Estamos poniendo parches.

Desde San Quirico
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