60 años

60 años. Muchas cosas, que te dan una especie de sabiduría y, sobre todo, una tranquilidad grande, que los viejos hemos de mantener y transmitir

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60 años de matrimonio no se celebran todos los días. Mi mujer y yo no los habíamos celebrado nunca. Y de repente, ella mira el calendario y me dice: "¡Hoy hace 60 años que nos casamos! ¡Habrá que celebrarlo!".

Menos mal que nuestros hijos habían previsto la fecha y organizado un buen festejo.

Decidieron no invitar a nadie porque querían que la fiesta fuera "nuclearmente" familiar, o sea, para el "núcleo" más estricto: padres, hijos, hijas, yernos, nueras, nietos, nietas, biznieta, que se estrenaba en la ocasión.

Misa de una de la tarde, celebrada por un sacerdote joven, hijo de una familia muy numerosa, que se lució en la homilía porque, al ver tanta gente, se acordaba de su familia y sintió que jugaba "en campo propio".

Cóctel muy bueno y muy abundante. Si no lo hubiera sido, habría habido protestas generales porque hay que ver cuánto comen estos mozos. Y estas mozas. Los chavales hicieron muchas veces la pregunta de rigor: "¿Se puede repetir?". Y cuando les dices que sí, se les ilumina la cara y, si me apuras, la habitación.

El celebrante hace un repaso de estos 60 años. Y yo lo hago. Y mi mujer me dice que ella también

Vuelvo a la homilía, por este afán que tengo desde hace unos años de pasar de lo particular a lo general.

El celebrante hace un repaso breve de estos 60 años. Y yo lo hago. Y mi mujer me dice que ella también.

Nos ponemos en Zaragoza, el 25 de octubre de 1958.

Acaba de fallecer Pío XII y ha sido elegido Juan XXIII. Y para colmo, mi mujer y yo, de viaje de novios en Roma, estamos en la plaza de San Pedro cuando, ya anocheciendo, sale la fumata blanca.

Unos años después, ficho por el IESE y me voy a Harvard y viajo mucho y tenemos muchos hijos.

Y Franco sigue, porque aún le faltan muchos años para ese sitio de donde ahora hay que echarle urgentemente.

En 1975, como era mortal, se muere.

Y como todo estaba atado y bien atado, viene el Rey, que no era emérito todavía.

Cuando llevamos 20 años de casados, votamos la Constitución, que en aquellas circunstancias no era una cosa fácil, y los que la redactaron "hicieron una labor y un esfuerzo tendente al entendimiento y al consenso político en unas circunstancias sociales muy delicadas y en cuya tarea antepusieron la responsabilidad de Estado a sus propios intereses políticos e ideológicos" (eso decía el texto del Premio Emilio Barbón que les concedieron en 2005).

Esa Constitución que ahora hay que cambiar urgentemente, porque hay mucho joven que no la votó. Argumento que se repetirá cuando esos jóvenes sean viejos y hayan nacido algunos jóvenes y, si no hay suficientes, hayan venido unos cuantos inmigrantes. Y así cada 20 años.

Esa Constitución que ahora hay que cambiar porque hay mucho joven que no la votó. Argumento que se repetirá cuando esos jóvenes sean viejos

Variedad de gobiernos. Variedad de parlamentarios. Variedad de formación de los parlamentarios, tirando hacia abajo, si nos fijamos en episodios recientes y en personajes actuales.

Y ahora, Gobierno débil, apoyado por su padre y por su madre y por algunos tíos que han visto oportunidades en el apoyo.

Mientras tanto, Cataluña, en la que el 48% ha dicho que se quiere ir, lo que ha dado lugar a que den vueltas por ahí unos personajes a los que calificar de impresentables sería echarles un piropo.

Y mi mujer y yo, casados, que de eso estaba hablando. Más viejecicos, como es natural. Y con una actitud que oscila entre el 'déjà vu' y el "aguantemos lo que dice este tontaina, como aguantamos los discursos de Pepe Solís, secretario general del Movimiento, que, por lo menos, sonreía, porque seguramente en el fondo tampoco se creía lo que estaba diciendo".

60 años de perspectiva. De enriquecimiento de España y de cada uno de los españoles. De quejas, hoy, porque nos podemos quejar y porque todos queremos más, lo cual es muy bueno, mientras sepamos que para conseguir eso que queremos de más hay que trabajar más. Y quizás hay que irse a Singapur, porque la globalización es muy bonita, pero exige una disposición para trabajar en el mundo a la altura de los mejor preparados del mundo, y eso cuesta esfuerzo. Y saber inglés.

Todos queremos más, lo cual es muy bueno, mientras sepamos que para conseguir eso que queremos de más hay que trabajar más

Y saber que el Estado de bienestar no es gratis. Y que tenemos que exigir a los que nos gobiernan que nos digan cuáles son sus prioridades. Porque si las prioridades del alcalde de San Quirico, el Josep, ese señor gordo que fuma puros en su despacho con la ventana abierta y a veces se olvida de abrirla y aquello huele a demonios, si sus prioridades, repito, son hacer puentes colgantes desde la plaza Mayor hasta el pueblo de al lado, nos breará a impuestos, y si la idea de los puentes ha venido por la presión popular, no nos podremos quejar por lo de los impuestos.

60 años. Muchas cosas, que te dan una especie de sabiduría y, sobre todo, una tranquilidad grande, que los viejos hemos de mantener y transmitir.

Porque los jóvenes se han encontrado con Rufián, ejemplar que no habían visto nunca. Los viejos hemos visto a este mozo, pero también hemos oído a doña Dolores Ibárruri, para los amigos la Pasionaria, decir amabilidades tales como "media España debe liquidar a la otra media".

Y puestos a oír, hemos oído decir a Tarradellas: "Me acuerdo del día que Dolores Ibárruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de 'has hablado por última vez', porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo".

Los viejos hemos visto a Rufián, pero también hemos oído a Dolores Ibárruri decir amabilidades como "media España debe liquidar a la otra media"

(Por cierto, Dolores Ibárruri tenía razón. Calvo Sotelo no volvió a hablar en el Congreso, porque los muertos no hablan, ni en el Congreso ni en el descanso de los partidos de fútbol del Zaragoza. Son así).

P.S.

Repaso el artículo y veo que, como le pasó a un escritor, si lo hubiera escrito en inglés, habría ocupado la mitad de espacio, porque 'yo' en inglés —I— tiene la mitad de letras que 'yo' en español. Y él solo hablaba de 'yo, yo, yo'.

Con 'nosotros' en español y 'we' en inglés pasa lo mismo. Más todavía.

Pero si en el 60 aniversario de boda no hablo de 'nosotros', ¿de qué hablo?

Perdonádmelo por hoy. No lo volveré a repetir.

Desde San Quirico
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