Pensando en el pasado

Cuando uno es mayor, recuerda muchas cosas. Y con mucha frecuencia, adorna los recuerdos. A base de contar muchas veces lo mismo, le pones más 'sabor'

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Hace años, escuché una conferencia de mi amigo Mario Alonso Puig. Tomé algunas notas, que hoy repaso. Me llama la atención una, que ya me debió interesar entonces, porque por algo la apunté.

Decía Mario: "No cambia el pasado. Cambia la experiencia del pasado". Cuando uno es mayor, recuerda muchas cosas. Personales, familiares, profesionales. Y con mucha frecuencia, adorna los recuerdos. A base de contar muchas veces lo mismo, le pones más 'sabor'. Lo peor viene después, cuando cada uno de la familia lo cuenta a sus amigos. El suceso adquiere tonalidades nuevas y, si te descuidas, irreconocibles.

He recibido piropos de personas importantes a las que di clase en el IESE, atribuyéndome a mí frases que estoy absolutamente seguro que nunca dije. Peor aún, sé qué profesor las dijo. Como estos son recuerdos de hace muchos años, no aclaro la confusión, porque es muy probable que alguien atribuya a esa persona algo que dije yo y, más aún, que diga que aquello le convirtió en el profesor que tuvo más impacto en su vida profesional.

No cambia el pasado. Es verdad. Cambia la experiencia del pasado. También es verdad.

Me pasa muy a menudo. Me acuerdo de cosas profesionales y pienso: "no entiendo por qué me contrataron para aquel Consejo o, una vez contratado, por qué no me despidieron fulminantemente". Peor aún, por qué estuve allí 16 años, y me fui porque consideré que me debía ir, no porque me echaran.

Me sigo acordando de cosas. Como ahora rompo carpetas viejas, encuentro papeles que no rompería, si tuviera sitio. Pero meter una vida profesional en una vivienda es una tarea imposible.

Encuentro una carta de felicitación, que me alegra el alma. Dice -fue en 1973- que lo hice bien y que, gracias a eso, la empresa mejoró sustancialmente su cuenta de resultados. Y me sube la moral y pienso que, por lo menos una vez, mi actuación dio buen resultado.

Hago una trampa y extrapolo: si una vez lo hice bien y durante años, muchos años, gracias a mi trabajo pudo comer mi familia, señal de que lo hice bien más veces.

PERO

Estoy seguro de que muchas cosas no me salieron bien. Estadísticamente, eso es lo que sucede. Me acuerdo de algunas y de otras, no, quizá por ese mecanismo automático que dicen que tenemos y que oculta en una nube espesa lo que no hicimos bien. O diciendo claramente las cosas, lo que hicimos MUY MAL, que seguro que de todo hubo.

En este sentido, un amigo mío, al que de vez en cuando le apetece hablar en latín, con lo que me desconcierta en grado superlativo, me dijo que teníamos que dar gracias a Dios por todas las cosas buenas, 'etiam ignotis', incluso por las desconocidas. De ahí deduje que tendré que pedir perdón por todas las malas, 'etiam ignotis'.

Me tranquilizo dejándolo así, porque prefiero no profundizar en lo que hice mal, recordando aquello de Les Luthiers: "¡yo era un pecador!" Eso ya lo sabe la gente y no hay por qué recordárselo continuamente. Y como 'el pasado no cambia', porque eso sucedió así, me quedo tranquilo.

Luego, me vuelvo a intranquilizar cuando veo personas, fundamentalmente políticos, que cambian el pasado, la experiencia del pasado y fabrican un pasado, falso, en el que ellos y, los de su partido, quedan muy bien y son los salvadores de la Patria y los que van a salvarla otra vez y no sé cómo hemos podido vivir sin ellos tantos años.

Pienso que hice mal muchas cosas. Ellos piensan que todo lo hicieron bien. 'Etiam ignotis'.

Yo soy más inofensivo.

Desde San Quirico
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