Hoy cambio de tema

Lo importante no es qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos sino qué hijos vamos a dejar a este mundo

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Cuando escribo un artículo, lo que más me cuesta es encontrar el tema. Muchas veces pregunto a amigos: "¿De qué escribo hoy?". Nadie me ayuda, porque la contestación normal es: "De cualquiera de los cientos de temas que hay. Pocas veces te encontrarás con tantos".

Con esa 'ayuda', uno tiene el peligro de volver a hablar de la deuda mundial, del Brexit, del Catexit, de la guerra arancelaria entre China y Estados Unidos, de la próxima crisis... Y cuando has escrito algo así, te queda un regustillo de 'déjà vu' e incluso de que en el artículo de hoy repites lo mismo que en el de hace dos semanas y, peor aún, con las mismas palabras.

Pues así estaba yo anteayer, mirando periódicos y enterándome otra vez de lo mismo, que si lo lees en 'ABC' no es lo mismo que si lo lees en 'La Vanguardia' y menos 'lo mismo' que si coges el 'Ara', periódico catalán con otro enfoque. (¡Estoy cada vez más fino!).

Y me resigné a hablar de lo mismo, dándole, si fuera posible, algún toque de novedad.

Mientras tanto, vi los correos que tenía sin contestar. Había uno de Marta, una amiga, joven, ingeniera industrial, que está haciendo un máster de los de verdad. Cuando llegó el 'mail', hace una semana o así, lo leí 'en diagonal', o sea, que no lo leí. Esta vez me metí a fondo... y descubrí que ya tenía tema. Tema que no tenía nada que ver con la deuda, el Brexit, etc., pero que es de rabiosa, y triste, actualidad: la anorexia.

Marta ha sufrido esta enfermedad durante seis años y dice dos cosas: que es muy dura y que es muy poco entendida por la sociedad.

Ha abierto una cuenta en Instagram, @martita_athlete, contando su historia, con un triple objetivo:

1. Ayudar a las personas que tienen esta enfermedad.

2. Ayudar a las familias que tienen un caso en casa y no saben qué hacer.

3. Evitar que la anorexia sea tabú, que sea una enfermedad 'mal vista', de esas que da vergüenza tener. (Yo he tenido lumbago estos días y, aunque veía las estrellas, casi presumía con mi bastón. Pues con la anorexia no presumes).

Lo mejor es que Marta cuenta cómo y por qué pasó lo que pasó.

La llamo para pedirle que me dé más datos. Está en clase. Me los dará luego.

Aprovecho la espera para pensar un poco sobre el tema. Ya sabéis que siempre me ha parecido muy productivo sentarme con una hoja de papel en blanco a ver qué se me ocurre. Se me ocurre lo siguiente:

1. Que Marta es un modelo de mi nueva definición de 'optimismo', que, a fuerza de repetirla, está volviéndose vieja (la definición).

2. La nueva definición empieza dejando claro que el optimismo no quiere decir que aquí no pasa nada, porque aquí pasan muchas cosas: la deuda pública, el Brexit, el Catexit... la anorexia.

3. Y termina diciendo que el auténtico optimismo consiste en luchar con uñas y dientes para salir de una situación concreta.

4. El Brexit y cosas similares nos las podemos 'repartir' entre todos. La anorexia se la tragan la persona enferma y su familia.

5. Además, el Brexit, el Catexit, etc. le pueden venir bien a alguien. Si ponen frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda del Sur, el 'fabricante de fronteras' (barreras, luces, concertina, etc.) puede sacarse unos euros. En la anorexia, todo pérdidas. Morales y económicas.

6. Que Marta es un modelo de generosidad, de preocuparse por los demás, de aprovechar lo que ha aprendido a fuerza de pasarlo mal para transmitírselo a los que también lo están pasando mal.

Marta es un modelo de generosidad, de aprovechar lo que ha aprendido a fuerza de pasarlo mal para transmitírselo a los que lo están pasando mal

Siempre he tenido manía —creo que de la buena— con las virtudes humanas, las que hacen que una persona sea persona. Algunas no están de moda. La lealtad no se lleva mucho. La sinceridad, con este invento de la posverdad, las 'fake news' y los hechos alternativos, se ha quedado arrinconada.

La solidaridad está de moda. El voluntariado no es más que eso.

Y dentro de la solidaridad, Marta, ayudando con su cuenta en Instagram a los que lo necesitan.

Hablo con ella, a la salida de sus clases del máster. Oigo la voz de la Marta que yo recuerdo, maja, alegre, simpática. Me dice que está prácticamente curada. Y que tiene mucho cuidado porque no hay que fiarse del 'prácticamente'. Que no hay que bajar la guardia hasta llegar al 'totalmente'. Y entonces, tampoco.

Me dice que está prácticamente curada. Y que tiene mucho cuidado porque no hay que fiarse del 'prácticamente'

Que como lo ha pasado tan mal, lo quiere contar. Y que lo que escribe está gustando mucho. Que la gente le da las gracias porque lo entienden y quieren seguir leyendo, y que está muy contenta con el resultado porque "solo quiero ayudar y erradicar las falsas creencias sobre los trastornos de conducta alimentaria".

Me hace ilusión que me cuente esas cosas. Y vuelvo a acordarme de lo que he dicho muchas veces. Que lo importante no es qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos (aquí, póngase cara triste) sino qué hijos vamos a dejar a este mundo (aquí, cara alegre, divertida, llena de esperanza).

P.S.

1. Ya sé que, poniendo la cuenta de Instagram de Marta en el texto del artículo, le estoy haciendo publicidad.

2. También, en otros artículos, hago publicidad de Theresa May, Quim Torra y, desde ayer, de los del PP, Ciudadanos y, perdón, Vox, porque han ganado en Andalucía.

3. También sé que mucha gente necesita hablar con Marta y nadie —he dicho NADIE— con ninguno de los que acabo de citar.

4. O sea, que, socialmente, la importante es Marta.

5. Y como es amiga mía, yo, ¡a presumir!

Desde San Quirico

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