Me tengo que 'empoderar'

Estamos muy preocupados por intentar que la mujer, bien preparada, no se distinga profesionalmente del hombre bien preparado

Foto: Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

Nunca se me ha ocurrido pensar que yo podría ocupar un sillón en la Real Academia de la Lengua, la que "limpia, fija y da esplendor" al idioma que hablamos. Me manejo bastante bien, no tengo dudas ortográficas —me basta escribir una palabra de dos maneras para ver cuál me 'chirría'— y, cuando me entero de un cambio de normas, procuro obedecer.

Quito el acento a la palabra 'solo' cuando significa 'solamente', pongo acentos en las vocales mayúsculas y acepto nuevas palabras, aunque alguna vez me parezcan una pérdida de tiempo.

Como no juego al 'baseball', ni lo entiendo, no sabía que ahora se escribía 'béisbol', y, por supuesto, no tenía la menor idea de que, "si hubiera sido bateador y hubiera golpeado la pelota enviándola fuera del campo, lo que me habría permitido recorrer todas las bases y anotar una carrera", habría 'jonroneado', o sea, habría hecho un 'jonrón', que es lo que se llamaba 'home run' durante la temporada que viví en Boston.

Estamos muy preocupados por intentar que la mujer, bien preparada, no se distinga profesionalmente del hombre bien preparado. No hace mucho estuve con Concha, la primera chica que hizo el máster en el IESE. Han pasado 50 años, la chica es menos chica, lo mismo que Luis, su marido, a quien conoció entonces. No les he seguido durante estos años, pero me hizo ilusión reencontrarme con el matrimonio, recordar nuestros tiempos del máster y, como los dos estaban en mi equipo, presumir de que yo les había casado.

Estamos muy preocupados por intentar que la mujer, bien preparada, no se distinga profesionalmente del hombre bien preparado

Concha, una mujer estupenda ("admirable, asombrosa, pasmosa", según el Diccionario de la Real Academia), se casó con Luis, un hombre estupendo (sirve el mismo paréntesis), y 50 años más tarde, ya jubilados, vienen a Barcelona a celebrar el aniversario y me invitan. Un auténtico honor. Una auténtica ilusión por mi parte.

Vuelvo a la Real Academia. Han aprobado una palabra que me parece muy fea: 'empoderamiento'. No hace falta ser Shakespeare para ver detrás la palabra 'empowerment', que no sé por qué, me parece que se está aplicando sobre todo a las mujeres, ignorando que muchos hombres —muchísimos, casi todos, TODOS— necesitamos que nos empoderen, o sea, que nos ayuden a ser mejores personas, mejores profesionales, mejores padres de familia, mejores hijos, mejores yernos, mejores primos, mejores compañeros de trabajo, mejores en TODO.

Pues nada, a empoderarse. Que la palabra es muy fea, que la traducción se ve demasiado, pero que 'lo de dentro' es muy importante.

A empoderarse, sí. Todos.

Eso exige:

  1. No creer que lo sabemos todo.
  2. Determinar qué nos falta.
  3. Saber dónde lo podemos aprender.
  4. Y cuánto cuesta.
  5. Ver de dónde sacamos el dinero y en qué condiciones (vendemos algo que heredamos, nos lo dan, nos lo prestan, en qué plazos y con qué intereses, conseguimos una beca...).
  6. Nos inscribimos.
  7. Estudiamos, estudiamos, estudiamos.
  8. Seguimos estudiando.
  9. Y quizás aprobamos. Pero si no aprobamos, nadie nos quita el esfuerzo que quizá se nos había olvidado que hay que hacer en la vida y, también, algo que nos habrá quedado de lo que hemos estudiado.
  10. Porque el título es importante, pero lo otro, más.

Estamos en Cuaresma, tiempo litúrgico de preparación de la Pascua de Resurrección. Es un "tiempo fuerte", según la Iglesia (por favor, no aprovechéis esta cita para criticar a los curas, que conozco muchos MUY buenos).

Hablo del 'tiempo fuerte' porque las 10 cosas que acabo de poner no las regalan en una rifa. Aquí me va bien recordar el viejo chiste. Unos cuantos intentaban subir un mueble pesado en un camión. Como no podían, el capataz los apartó, empujó fuerte y subió el mueble. Uno de los que no podían se quejó: "¡Hombre, haciendo fuerza, cualquiera!".

Pues nada, a empoderarse. Que la palabra es muy fea, que la traducción se ve demasiado, pero que 'lo de dentro' es muy importante

Hay que hacer fuerza. Vuelvo a aprovechar para hablar de los PGE, los Presupuestos Generales del Estado, que se han puesto de moda como antes se pusieron la 'prima de riesgo', las 'hipotecas subprime' y la 'crisis ninja'. Todos hablamos de los PGE, viendo los sucesivos chantajillos que el pobre Pedro intenta capear.

Empalmo el tiempo fuerte, las 10 cosas y añado otra, el criterio, que ya sabéis que es una de mis manías y que consiste simplemente en pensar: "Con el esfuerzo que me está costando 'empoderarme' y con el dinero que estoy metiendo, ¿voy a aguantar con la sonrisa en los labios que Pedro, para mantener su sillón y los sillones que van adheridos al suyo, se meta en gastos que no son necesarios ignorando, una vez más, que no somos ricos, sino que somos pobres 'engrasados'?".

(Porque una familia que debe todo lo que produce en un año no es rica, y es muy bueno que reconozca que sobrevive gracias al engrase. Y cuando uno lucha por la supervivencia no se puede permitir lujos innecesarios. Y si, además, son lujos para pagar los chantajillos, los que han hecho el esfuerzo —pagado— para empoderarse se deberían preguntar si ha valido la pena).

Desde San Quirico
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