Viernes Santo

Lo de las campañas electorales​ permanentes me desconcierta. Y la coincidencia de varias elecciones, aún más

Foto: Numerosas personas acuden a una oficina de correos para depositar su voto de cara a las elecciones generales del 28 de abril. (EFE)
Numerosas personas acuden a una oficina de correos para depositar su voto de cara a las elecciones generales del 28 de abril. (EFE)

Empecé a ver el debate entre unos representantes de partidos políticos y no seguí. Comprendo que alguien diga que tengo la obligación de estar al día, mejor al minuto, de lo que está sucediendo, pero también he de pensar en mi salud mental. Yo ya sé que, según todos, los otros 'todos' son unos inútiles; pero, como lo sé, no hace falta que me lo recuerden constantemente.

Prefiero pensar que algo tendrá el agua cuando la bendicen y que si están allí Rufián, Álvarez de Toledo, Montero 1, Montero 2, etc., será porque valen y porque algo tienen que ofrecer a España para que les votemos.

Pero me canso. Lo de las campañas electorales permanentes me desconcierta. Y la coincidencia de varias elecciones, aún más. Pensar que voy a votar a unos para el Congreso, a otros para el Senado, o para las municipales, o para las autonómicas, o para las europeas, hace que, como no me dedico a las votaciones a tiempo completo, me entre una especie de nihilismo, y cambie de canal, donde, sorprendentemente, me encuentro con el partido Real Zaragoza-Alcorcón, que me interesa mucho más por lo del patriotismo deportivo.

Con la mente en blanco, pensé meterme en los programas económicos de los partidos. Como soy muy simple y me falta una cierta sofisticación, reduzco mis análisis a ver cómo aplica cada uno de ellos una serie de preguntas que pienso que las familias se hacen, en primer lugar para vivir y, si es posible, para construir algo para el futuro.

1. La primera pregunta va por las prioridades. Necesito que el partido me defina qué considera que es lo más importante, y luego lo menos importante. Esto me interesa porque así veo lo que hay detrás de afirmaciones brillantes, de las que, si les quitas el brillo, no queda nada.

2. La segunda va por la asignación de euros a cada prioridad. Hace muchos años, cuando el inefable Zapatero vivía en la Moncloa, no hacían más que hablar de igualdad. Hasta José Luis creó un ministerio y nombró una ministra, otra inefable, Bibiana. Y luego otra, Leire. Pero la asignación presupuestaria era muy baja, 77 millones, 10 veces la asignación del Rey. De donde se deducía que la igualdad, al buen José Luis, no le importaba nada.

3. Es posible que, al llegar aquí, ya haya decidido yo no votar al partido X, porque su prioridad es montar embajadas, con sus embajadores correspondientes, sus secretarios de embajada correspondientes, sus edificios correspondientes, sus... sus... sus... Y quizás ese partido se olvida de la sanidad y tiene a los enfermos en algún hospital por los pasillos como sardinas en lata, esperando que alguna obra social privada se haga cargo de esos gastos, porque con las embajadas se nos acabó el dinero.

Hasta ahora, las preguntas son de sentido común, como si estuviera pensando en mi familia. No digo "como si estuviera pensando en mi empresa" porque está prohibido. La doctrina oficial, que hay que seguir obligatoriamente, es que la manera de administrar una familia no tiene que ver nada con el modo de administrar un país y que lo mismo pasa cuando intentas poner sentido común en la política como cuando lo haces en una empresa. Te dicen que "la política es la política" y "la técnica es la técnica", con lo que pretenden dar OK a cualquier salvajada económico-financiera.

1. Y como a las familias alguna vez se les va la olla y se meten en gastos desproporcionados, habrá que mirar en qué gastos se meten estos señores, partido por partido, y ver de dónde van a sacar los euros. Y, además, recordar nuestros compromisos con Europa, que nos obligan a no sobrepasar un déficit del 2,3% sobre el PIB, que redondeando nos llevan a unos 23.000 millones. Por tanto, hay que vigilar la ecuación gastos = ingresos + 23.000, y así Bruselas nos vuelve a querer y no nos mete otra vez en el proceso de vigilancia de manirrotos.

2. Hablando de Europa, yo me escaparía de los pueblerinos, que dicen que como en casa, en ningún sitio, a no ser que por 'casa' entiendan Europa. Al que piense y defienda que San Quirico es lo mejor del mundo le diré que sí, a efectos de cariño, y que no, a efectos de construir algo superior, de lo que, por cierto, ya hemos construido mucho.

3. Hay cosas fundamentales en las que es difícil que los partidos no patinen, porque una cosa son los principios y otra, los votos.

4. Si me guío por lo que yo pienso del aborto, no votaré a ningún partido, aunque ese partido defienda una versión restrictiva, concretada en que te puedes cargar al niño si no pasa de la semana no sé cuántas.

5. Si me guío por lo que yo pienso de la eutanasia, me pasará lo mismo, aunque me insulten por falta de caridad, porque el pobre eutanasiado y su mujer estaban pasándolo muy mal.

6. En cualquier caso, el calificativo de 'facha' me lo ganaré a pulso.

7. Tampoco me quitaré la calificación de 'retrógrado', cuando no acabo de ver por qué son 'progresistas' los que matan niños, al grito de "¡mi cuerpo es mío!, y por eso me quito de encima una excrecencia que me ha salido y que en nueve meses se convertirá en niño".

8. O, en el caso de la eutanasia, otro grito: "¡Lo mato por amor!".

9. Cambio de tema. Me parece prematuro hablar del indulto a los golpistas, porque todavía no les han condenado a nada. Cuando les condenen, hablaremos. Sí me gustaría que, si les indultan, no salgan chulitos a la calle, como si no hubieran hecho nada, porque el golpe de Estado que dieron no iba en broma.

10. Y me encantaría —lo he dicho muchas veces— que les inhabilitasen a perpetuidad para desempeñar cargos públicos. Privados, los que quieran. De paso, viendo los empleos que les hubieran ofrecido, comprobaríamos el nivel real de estos señores para trabajar en la vida normal, donde no hay un partido detrás, que se responsabiliza de darles de comer.

P.S.

1. Iba a seguir cuando me doy cuenta de que este artículo se publicará el Viernes Santo.

2. Fiesta fundamental para los católicos, porque celebramos y recordamos el aniversario del día en que el Hijo de Dios murió por nosotros.

3. Fiesta agridulce, porque a la pena de ver morir al Dios hecho hombre se une la alegría de su Resurrección al tercer día.

4. Pienso que, para un católico, la Semana Santa es un acontecimiento anual que hay que cuidar.

5. Siete días para estar con la familia, para descansar, para irse por ahí, para cargar las pilas.

6. Y, fundamentalmente, para recordar que lo que celebramos es algo muy serio.

7. No vaya a ser que, con el ruido normal de la calle, al que se añade el de las elecciones, se nos olvide lo fundamental.

8.Para ayudar, he puesto 'Viernes Santo' como título del artículo, aunque no case con el contenido.

Desde San Quirico

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