El Pro-Con, un movimiento recién fundado

Antes de referirme a más prohibiciones, me pregunto quién es el prohibidor. Porque en tiempos de Franco, él tenía la culpa de todo. Pero ahora, no sé a quién hay que echar la culpa

Foto: Caster Semenya. (Reuters)
Caster Semenya. (Reuters)

Comenté con unos amigos lo que me pasó en una conferencia que di en una ciudad española. Conté que, cuando la editorial Espasa me encargó el primer libro, me dijeron que me darían toda la ayuda que necesitase. Yo pensé que me pondrían un 'negro', al que yo le diría unas pocas cosas y él me escribiría el libro.

En ese momento de la conferencia, un señor se levantó y me pidió, por favor, que no ofendiese a los de otras razas. Me defendí diciendo que ese tipo de personas se llaman así. En cuanto volví a Barcelona, me fui al DRAE. Allí comprobé que un 'negro' es "una persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios".

En la conferencia, menos mal, había un chico negro, que se levantó y aseguró que no le había ofendido.

Está prohibido decir que un negro es negro. Ahora se llaman 'de color', aunque sean como el betún. Me encontré con el rector de la parroquia de Sant Feliu de Codines, un negrazo de 1,90 metros. Muy majo. Habla catalán y estuvo de acuerdo conmigo en que él y yo somos 'de color': yo, blanco como la leche, y él, negro como un túnel. Para rematar, se trajo otro negro, rector de otra parroquia, para que le ayudara a confesar en Semana Santa.

Antes de referirme a más prohibiciones, me pregunto quién es el prohibidor. Porque en tiempos de Franco, él tenía la culpa de todo. Pero ahora, 44 años después de su muerte, no sé a quién hay que echar la culpa.

Como siempre, para introducir algo, hay que cambiarle de nombre. Lo que Franco llamaba 'prohibiciones' ahora se llama 'políticamente correcto', pero se ha concretado en muchas cosas que no puedes hacer, porque alguien ha decidido que las cosas sean así.

Se ha decidido que haya dos razas. Blancos y de color.

Lo que Franco llamaba 'prohibiciones' ahora se llama 'políticamente correcto', pero se ha concretado en muchas cosas que no puedes hacer

Se ha decidido 'poner al día' aquello de que había hombres y mujeres. ("¡Y qué bien que nos lo pasábamos!", decían en México).

Hubo una época en la que ser hombre estaba bien visto. Y ser mujer, también.

Cuando nacía un hombre, todos felices, y cuando nacía una mujer, todos felices. Al niño se le vestía de azul y a la niña, de rosa. Y el crío era hombre para siempre y la cría, mujer. Y un día se casaban y tenían niños —de azul— y niñas —de rosa—.

Para la fiesta de Reyes, un camión para el crío y una muñeca para la cría. Y, por supuesto, de vez en cuando, el chaval jugaba con la muñeca, atropellándola con el camión y la niña desahogaba su instinto maternal dándole besos al camión.

También había situaciones especiales. Y las sigue habiendo. A una corredora le han detectado que le sobra testosterona, pero nadie lo ha considerado normal. Creo que ya ha empezado un tratamiento para poner las cosas en su sitio.

Vino el Ministerio de Igualdad y la consideración de que un consejo formado solo por hombres, por definición, era malo. Si estaba formado por cinco hombres y cinco mujeres, por definición, era bueno, e incluso era muy bueno, casi inmejorable, si solo había señoras.

La mujer puede hacer lo mismo que el hombre. Ahora tenemos unos equipos de fútbol femeninos que juegan muy bien, que cuando meten un gol señalan con el dedo índice a la que hizo el pase y luego se tiran al suelo, se revuelcan y se dan besos, como los hombres.

Mis hijos y, claro está, mis nietos han nacido en esta época y no les sorprende. Hace poco, lleno de entusiasmo, dije que antes de cinco años, los equipos de fútbol serían mixtos. O sea, en el Barça jugaría Messi al lado de Felisita, una negra que había ido a clase con Mohamed Salah y que en los recreos había aprendido a jugar al fútbol con él. Mi propuesta fue rechazada. Uno de los nietos no se imaginaba haciendo una entrada dura a su hermana. Cuando le dije que quizá su hermana se la haría antes a él, puso cara de duda.

En la violencia doméstica también tenemos problemas. Las cuchilladas de la mujer al hombre son normales, porque hay que ver cómo le trataba él. Si la cuchillada es del hombre a la mujer, sale inmediatamente una noticia: "La x víctima de violencia de género". A continuación, convocadas por el ayuntamiento, se reúnen personas de ese pueblo, están un rato calladas y luego aplauden. No sé por qué aplauden, como tampoco entiendo por qué se aplaude a los cadáveres.

Miedo a ofender, a no obedecer unas leyes que se nos van imponiendo y que acabamos creyendo que hay que obedecer

Por favor, cuando yo me muera, que nadie aplauda cuando pase el ataúd. Si alguien quiere hacer algo útil, que rece.

Dictadura. Curiosa, pero dictadura. Si se despide de una empresa a un homosexual porque trabajaba mal, se ha de dejar muy claro que es que era muy malo trabajando, porque siempre puede aparecer uno vestido de Orgullo Gay que acuse de discriminación.

Miedo a ofender, a no obedecer unas leyes que se nos van imponiendo y que acabamos creyendo que hay que obedecer.

Precaución. Despachos, con la puerta abierta, por lo que pueda pasar y por lo que puedan decir que ha pasado. En los colegios, entrevistas de los profesores paseando, si se puede, y el profesor con los brazos cruzados o con las manos en los bolsillos, para que nadie piense mal.

En los colegios y en los partidos de fútbol intercolegial, cuidado con los padres y cuidado con las madres. Si en el colegio se riñe a una chica a las 10 de la mañana, a las 11 recibes a sus papás, que vienen a pedir explicaciones. Si al niño le hacen una falta en el partido de fútbol, árbitro, ten cuidado, que ese salvaje que te insulta es el padre de la criatura, que tiene fama de hombre fino y educado en la sociedad en la que se mueve a diario, pero que aquí es una bestia parda.

Se nos llena la boca hablando de libertad. Y a muchos les gusta la libertad dentro de un orden, siempre que el orden lo pongan ellos

También está prohibido que nos gusten los toros, porque ¡pobre animal! ¡A quién se le ocurre matarlo! Y si a alguien le gustan o dice que le gustan, y está en un plató de televisión, desde el otro lado, el siguiente tertuliano se mete en la conversación y le grita al de los toros que cómo se le ocurre. Cuando el de los toros dice, tímidamente, que también le gusta el boxeo, el del otro lado le dice que no entiende el boxeo, pero que allá ellos si quieren matarse. Que a él lo que le duele es el pobre animal, etc.

Acabo de recibir unos vídeos de un nieto que vive en México, toreando y con muy buen estilo. Es un chaval y torea a una chotica, pero apunta maneras y me hace ilusión.

Se nos llena la boca hablando de libertad. Y a muchos les gusta la libertad dentro de un orden, siempre que el orden lo pongan ellos.

Ese orden transforma al que lo ha inventado en progresista y, automáticamente, a los demás en conservadores.

Estos días, como decidí no ver los debates ni seguir las intervenciones de los políticos durante la campaña electoral, leí cosas que decían y, más o menos, me enteré de lo que pensaban. Iba a poner 'lo que ofrecían', pero he preferido poner 'lo que pensaban', porque ofrecer, ofrecer, lo que dice ofrecer, ofrecían poco. Tampoco sé si lo pensaban, pero no sigo planteándome preguntas.

Me parecieron una cuadrilla de rancios ("anticuados o propios de épocas pasadas").

P.S.

Nunca he presumido de progresista, aunque, perdón por el farol, lo podía haber hecho perfectamente. He tenido la suerte de trabajar en equipos rompedores, que dejarían a algunos 'progresistillas' a la altura del barro.

Quiero luchar por conseguir y conservar los valores de honradez, sinceridad, lealtad, nobleza, ayuda a los demás, justicia social, amor a la patria...

Prefiero que la gente me vea conservador, porque hay cosas fundamentales que quiero conservar.

Quiero luchar por conseguir y conservar los valores de honradez, sinceridad, lealtad, nobleza, ayuda a los demás, justicia social, amor a la patria, amor al prójimo, trabajo bien hecho, trabajo bien acabado...

Quiero luchar por conservar mis devociones de chico, las que me enseñaron mis padres, que por algo eran católicos.

En resumen, quiero luchar por conservar todo lo que yo creo que es fundamental y no discutible.

Lo demás, en confianza, me importa poco.

Si se empeñan —ya se han empeñado—, no vuelvo a los toros ni al boxeo.

Si se empeñan, llamo violencia de género a todo, incluyendo al perro o al gato, si hace falta.

Si se empeñan, pido que la cuota de mujeres se multiplique por lo que ellos quieran.

PERO. Aunque se empeñen, no diré nunca que me gustan el divorcio, el aborto y la eutanasia.

Y como estamos en un país libre y ya no hay dictadura y se puede decir, y aun pensar, lo que se quiera, nadie me insultará por mis ideas, nadie las atribuirá a una mala educación familiar y, por el contrario, recibiré mucho correo felicitándome por mi actitud Pro-Con, que así se llama el movimiento que acabo de crear y que, por ahora, ya tiene un miembro: yo.

Desde San Quirico
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