Yo nací antes

Aunque soy bastante mayor, aún se me ocurren cosas. No son originales, porque gente a la que le repugna el aborto ya existía antes de que yo escribiera artículos y se fundase Vox

Foto: El dirigente de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso. (EFE)
El dirigente de Vox, Santiago Abascal, en el Congreso. (EFE)

Últimamente, me ha dado por escribir lo que podríamos llamar mi programa político. Lo he repasado ahora y me parece que es un programa político-económico-social. He escrito lo que me ha apetecido. Como, además, no lo voy a utilizar porque no tengo veleidades político-económico-sociales, me ahorraré tener que negociar con los propietarios de otras veleidades para que acepten mis propuestas, con los adecuados sobornos, como es lo frecuente.

A primeros de mayo, escribí en El Confidencial un artículo titulado "El Pro-Con, un movimiento recién fundado". Un amigo me escribió adhiriéndose en seguida, con lo cual ya somos dos. La semana pasada, escribí otro artículo, "Busco partido de derechas". Volví a poner mi programa político, etc. En seguida vinieron los comentarios, diciendo que copio a Vox, que pienso como Vox, que por fin se me ve el plumero, etc. Y cosas peores, pero todas en esta misma línea. He tenido curiosidad por saber cosas de Vox. Lo primero con que me encontré fue la fecha de su fundación: 17 de diciembre de 2013, o sea, cinco años después de mi primer artículo en El Confidencial.

No seguí leyendo, porque me he quedado desconcertado. ¿Será que Vox me copia? Porque si me copian, tendré que hablar con ellos para que no hagan como el directivo de un banco muy importante que repartió entre sus compañeros de trabajo el artículo sobre la crisis ninja que había escrito yo y que dio origen al libro, a mis intervenciones en la tele y todo lo demás. Para que su intervención fuera completa, firmó el artículo con su nombre, como si lo hubiera escrito él.

A este señor le dijimos cariñosamente que no fuera tramposo porque hacer trampas es feo. Pero ¿cómo voy a ir a Nicasio Gallego 9, en Chamberí, preguntar por Santiago Abascal y decirle que me ha copiado lo que pienso sobre el aborto, sobre la familia, sobre la unidad de España y sobre el terrorismo y que no sea tramposo? Me imagino la cara de sorpresa de Santiago, que me podría preguntar si todas esas cosas no son de sentido común, o sea, propiedad de toda persona que tenga la cabeza sobre los hombros, y que mi ventaja es que yo llegué antes, pero nada más.

Decir que los de Disney y los de Netflix no tienen la cabeza sobre los hombros puede sonar extraño, pero es que en el estado de Georgia, donde estos señores tienen parte de sus negocios, se ha aprobado una ley por la que no se puede abortar cuando ya late el corazón del feto. A mí me parece que si late el corazón es que aquel mozo está vivito y coleando, como dicen en mi tierra. Pues los de Disney —sí, sí, los de las películas para las familias— y los de Netflix han puesto el grito en el cielo, porque qué van a pensar sus empleadas, que deben querer abortar cuando les dé la gana. Y amenazan con irse de Georgia.

No sé si Abascal se ha enterado de esto y si ha dicho algo. Pero que conste que yo he dicho algo antes que él y que no admito que en este asunto nadie me diga que copio a Vox, que se me ve el plumero y esas cosas. Cambiando de partido, me parece que Sánchez lo está haciendo muy bien en Europa. Cuando yo cené en Bruselas en un bar de estudiantes con Alberto Ullastres, primer embajador de España ante las comunidades europeas, y con Antonio Valero, primer director del IESE, y luego paseamos los tres tranquilamente por Bruselas, y al día siguiente nos fuimos a Lovaina, Pedro no había nacido. O sea, que mi europeísmo no lo he copiado del socialista Sánchez.

Ya tenían buenas ideas cuando Pedro no había hecho todavía la Primera Comunión

Soy un maniático de la libertad. Si me gusta una cosa, la digo. Procuro no ofender, aunque a veces alguien se moleste. Y aunque soy bastante mayor, aún se me ocurren cosas. Que no son originales, porque gente a la que le repugnase el aborto ya existía antes de que yo escribiera artículos y antes de que se fundase Vox. Y lo mismo ocurría con Europa. Monnet, Adenauer, De Gasperi, Schuman... ya tenían buenas ideas cuando Pedro no había hecho todavía la Primera Comunión.

Pues eso, que Dios nos hizo libres. Hasta para equivocarnos. Y si para tener ideas y opiniones hay que apuntarse a un partido, mal vamos.

Desde San Quirico
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