Sigo con los 'millennials'

Una sociedad en la que compitan —colaboren— personas bien formadas 'técnicamente' y que distingan el bien del mal y que luchen por comportarse honradamente siempre, será una maravilla

Foto: Imagen de StockSnap en Pixabay.
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La semana pasada, dejé a los 'millennials' en el preciso momento en el que iba a decir que me parecía que eran 'blanditos'.

Las palabras exactas eran: "Yo creo que les falta formación como personas. Ahora se habla de 'valores".

Como siempre, creo que hay que dar la vuelta a lo que uno dice, de manera que la parte sombría se convierta en parte soleada, brillante. Porque en una persona, en una familia, en una sociedad, el 'combate' no debe ser simplemente 'contra el mal' sino 'por el bien'. Si no, nos quedamos en la crítica negativa, que nos acaba gustando, y no construimos ni a tiros.

Tenemos unos chavales bien formados. Han hecho una carrera. Han hecho un máster. Hablan inglés como los propios ángeles (ingleses). Viajan como nunca hemos viajado. Son 'mochileros' sin complejos. Viajan en Ryanair —'economy', muy 'economy class— como yo viajaría —no he ido nunca y me temo que no iré nunca— en Cathay Airlines, 'first class', con un Breguet La Marine chronograph 5527 en la muñeca, comprobando la puntualidad de la aerolínea.

(Algo así habíamos hecho nosotros, pero me había olvidado. En julio de 1952, un grupo de amigos hicimos Zaragoza-Génova-Milán-Innsbruck-Múnich-Niza-Zaragoza en autobús, porque a los 18 años nuestros cuerpos aguantaban aquello y más, sin Ryanair, sin Breguet y con un reloj Roamer que, por lo menos, nos decía la hora que era).

Los 'millennials' tienen un futuro brillante y hay que ayudarles.

¿Que les faltan cosas? También a nosotros. ¿Que nosotros éramos austeros? ¡Hombre, claro! Porque ser austeros sin móvil, sin tele, sin redes sociales, sin coche, sin... sin... era fácil.

Ahora hay que ser austeros con móvil, con tele, con redes sociales, porque 'austeridad' no es más que gastar con la cabeza, y no con los pies, como a veces hemos hecho y, peor, nos ha apetecido. Y, para ello, nos hemos endeudado y hemos estirado el brazo más que la manga y... y...

Y luego, cuando ha habido que pagar intereses, hemos sudado para pagarlos, y cuando ha habido que pagar un vencimiento de una parte de la deuda, hemos sudado Dios y ayuda, no para pagar sino para refinanciar.

Estábamos en los 'millennials' y en los valores que necesitan tener... Ellos y nosotros, porque una sociedad en la que compitan —colaboren— personas bien formadas 'técnicamente' y que distingan el bien del mal y que luchen por comportarse honradamente siempre, será una maravilla.

En un seminario que hubo en el IESE, Edward Mungai, profesor de la Lagos Business School en Nigeria, dijo que "lo primero que tienes que hacer ante una Administración corrupta es estar preparado a pagar el precio de no pagar la mordida”.

“Si te resignas al soborno —razonaba—, nunca será suficiente. Así que es mejor dejar claro desde el principio que tú no eres de los que pagan y, aunque pierdas algún negocio, el resultado final será siempre mejor que si de entrada aceptas formar parte de la corruptela”.

A una persona que lucha así no se la puede calificar de 'blandita', porque es un modelo de reciedumbre, con lo que estamos en la 'sinergia', que el DRAE define como "acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales" y que yo, que siempre me he manejado a un nivel inferior, digo que es "matar dos pájaros de un tiro".

Todo, gracias a unos cuantos 'millennials' que, al principio de este artículo, me caían un poco gordos y ahora me he dado cuenta de la falta que hacen

Si a un 'millennial', bien formado, trabajador, humilde, con las ideas éticas bien claras, lo contratan en una empresa y a otro en otra y a otro en otra, y a otro en un partido político y a otro en otro y así, ¿os dais cuenta de la revolución 'de verdad' que se puede producir en la sociedad en muy poco tiempo?

Y las preocupaciones de los españoles volverán a ser las referentes al funcionamiento de la sociedad —que vayan bien las empresas, que la gente, la bendita gente que te encuentras por la calle, tenga oportunidades, individuales y familiares, de prosperar en la vida; que lo antinatural no se presente como natural por mucho ruido que haga... Esas cosas—.

Todo, gracias a unos cuantos 'millennials' que, al principio de este artículo, me caían un poco gordos y ahora me he dado cuenta de la falta que nos hacen.

Urgentemente.

Desde San Quirico
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