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Cuando, hace 557 semanas, Alberto Artero me ofreció escribir en este periódico, solo tuve una duda: ¿seré capaz de encontrar temas?

Foto: El profesor y escritor Leopoldo Abadía. (EFE)
El profesor y escritor Leopoldo Abadía. (EFE)

Han pasado 557 semanas, que son muchas semanas de colaboración en El Confidencial.

Cuando, hace 557 semanas, Alberto Artero me ofreció escribir en este periódico, solo tuve una duda: ¿seré capaz de encontrar temas? Luego, han ido saliendo, porque en este tiempo han ocurrido muchas cosas, como es natural, y porque mucha gente te da ideas. Así, 'mal que bien', como dicen en mi tierra, he cumplido con mi compromiso.

Un día, hablé con un periodista de categoría. Le pregunté de dónde sacaba los temas. La contestación, hecha con muy buena voluntad, no me ayudó demasiado. Le encargaba temas a su mujer, dándole indicaciones tales como "necesito información sobre escritores rusos del siglo XIX que hayan influido en la cinematografía de Rusia de la primera mitad del siglo XX".

Lo curioso era que aquella señora cumplía el encargo y los artículos reflejaban el nivel de los dos, de ella y de él.

Durante estos años he hecho amigos. Gente que te dice: "Te leo todas las semanas. Tenía ganas de conocerte", y frases que te dejan muy satisfecho

Yo me he movido más a ras de tierra, sin dar encargos de ese tipo.

Durante estos años he hecho amigos. Gente que te dice: "Te leo todas las semanas. Tenía ganas de conocerte", o frases similares que te dejan muy satisfecho.

No creo que haya hecho ni un solo enemigo. Sí que ha habido personas que me han dicho que no les gustaba lo que escribía, pero eso es lo normal.

Lo he contado alguna vez, pero no me importa repetirlo ahora. La mejor crítica negativa, modelo de finura, fue: "Señor Abadía, ¿es absolutamente necesario que siga usted escribiendo?".

La mejor crítica negativa, modelo de finura, fue: "Señor Abadía, ¿es absolutamente necesario que siga usted escribiendo?"

Me pareció de una gran elegancia. No le contesté porque no he contestado a nadie. He pasado muchas semanas sin leer los comentarios, porque si eran favorables me lo podía creer y si no lo eran, podía coger manía al que no estaba de acuerdo conmigo.

Al acabar mi colaboración, recojo el comentario de mi mujer: "Algún día tenía que ser".

Al acabar mi colaboración, recojo el comentario de mi mujer: "Algún día tenía que ser"

Como ese día ha llegado, también ha llegado el momento de decir GRACIAS a todos. A Alberto Artero, a todo el equipo del periódico, a los que me han ayudado diciéndome lo que les gustaba y lo que no.

Y después, incluido en la palabra GRACIAS, debo reconocer la absoluta libertad que he tenido para escribir lo que me diera la gana. Nadie me ha censurado lo más mínimo.

Esto, en estos momentos y siempre, es una GOZADA.

Desde San Quirico
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