Día 4. Si digo lo que pienso del coronavirus y el Corinnavirus, acabo en la trena

La 'performance' suiza de la Casa Real abre una fisura en el rodillo informativo del Covid-19 cuando estábamos a punto de chiflar por sobredosis monotemática. Gracias, majestad

Foto: El rey Juan Carlos. EFE
El rey Juan Carlos. EFE
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Yo soy Napoleón, y usted no lo es. Bienvenidos a los diarios de la pandemia.

Que esta mierda nos va a volver locos a todos (hola, vengo de Ganímedes, ¿y usted?) es algo que ya ni se discute. Solo queda detectar el momento decisivo en el que algo hace CLIC en la cabeza y ya no hay vuelta atrás. Se podían haber tomado medidas preventivas para paliar la chifladura, por ejemplo, no suspender la Liga de fútbol (aunque fuera engañándonos y poniendo a jugar a unos actores por la tele). ¿Por qué? Porque el Pueblo necesita desfogar por algún lado, escapismo futbolero, dejar de hablar del virus por un rato, o acabaremos todos escribiendo manifiestos como Unabomber y fabricando material explosivo en la bañera.

Hace unas horas puse los deportes de la COPE para desconectar, pero como están todas las competiciones deportivas suspendidas, no tuvieron mejor idea que entrevistar a Iker Jiménez para hablar del... coronavirus. Ya es oficial: no hay escapatoria, es el fin, soy Teddy Roosevelt. ¿De verdad solo podemos hablar de esto obsesivamente? El otro día me quedé mirando fijamente a mi pie y el calcetín me dijo: "Hola, soy Matías, el calcetín parlante experto en virus, ¿quieres ser mi amiguito?". Afortunadamente, en las últimas horas, alguien ha abierto una fisura en el monotema vírico: muchas gracias a la Casa Real por el espectáculo de las cuentas turbias compartidas en Suiza.

Pero vamos primero con Iker Jiménez, que empezó fuerte su intervención radiofónica: "Si digo lo que pienso del coronavirus, voy detenido". Iker está enfadado. Dice llevar meses advirtiendo de que el virus era la pera... y solo logró que nos riéramos de él. Resumen de la rajada de Iker: algunos periodistas se tomaron el coronavirus relajadamente, criticaron a los que alertaron por agoreros y ahora lloran y se rasgan las vestiduras por no haber actuado antes. Ahora sustituyan coronavirus por Corinnavirus y tendrán el encaje metafórico perfecto.

Cuatro décadas tomándonos el juancarlismo relajadamente y criticando por agoreros a los que hablaban de la gula comisionista real, y ahora lloramos y nos rasgamos las vestiduras por no haber actuado antes: las llamas del juancarlismo son ya tan grandes que podrían reducir Zarzuela a cenizas sin un despliegue masivo de bomberos. O el extraño solapamiento informativo entre el coronavirus y el Corinnavirus. El juancarlismo ha reventado y a media España se la trae floja porque bastante tiene con lo suyo.

Sin mover un dedito

Se atribuye la siguiente frase (¿apócrifa?) de Felipe González a Juan Carlos I en los años de esplendor: "Usted diviértase, majestad, que ya nos encargamos nosotros de todo". Podemos hacer variaciones infinitas de esta frase. Usted haga los negocios que le dé la gana en Arabia Saudí, majestad, que ya nos encargamos nosotros de no investigar nada. Libertinaje, campechanía y mirar hacia otro lado.

Que el juancarlismo —el movimiento político/costumbrista más popular de la democraciase haya venido abajo con toda España confinada en sus hogares, es una de las 'performances' más absurdas de todos los tiempos, pero también una profecía: el escándalo es tan grande y está tan lanzado que Palacio puede acabar ardiendo sin necesidad de que nadie mueva un dedo y todos veamos el espectáculo desde casa. De ahí el comunicado cortafuegos de la Casa Real, que achicharra sin piedad a Juan Carlos, al que casi trata de corrupto, para resguardar la corona, No obstante, con procesos judiciales abiertos en varios países, Corinna desmelenada y prensa internacional husmeando en las comisiones reales, Zarzuela no controla el fuego de momento.

Pasará el coronavirus y quedará la recesión. Pasará el Corinnavirus y quedarán unas comisiones salvajes más propias del rey de Zamunda

Por supuesto, nunca nadie fue juancarlista en España, igual que nadie dijo que había que tomarse con calma el coronavirus. Lo que no entienden los que aplauden a Felipe VI por matar al padre para blindar la monarquía es que tratar de aislar ambos asuntos —Juan Carlos/corona— es como tratar de aislar el coronavirus de sus implicaciones económicas. Casi imposible.

Pasará el coronavirus y quedará la recesión. Pasará el Corinnavirus y quedarán unas comisiones salvajes más propias del rey de Zamunda. No hay chiringo basado en la imagen y en la, ejem, ejemplaridad que aguante eso. ¿O Felipe no sabía que iba a heredar de su padre una millonada de origen dudoso? Claaaaaro. Y su repentina indignación con los negocios de papá no tiene nada que ver con que la prensa inglesa desvelara su parte del pastel. Claaaaaaro. Y yo tengo un unicornio rosa que se llama Toto. "Pss, pss, Toto, saluda a estos señores. ¿Quieres más alfalfa?". Resumiendo: borbonea, que algo queda.

La performance real ha abierto una fisura en el rodillo informativo del Covid-19 cuando estábamos a punto de chiflar por sobredosis monotemática. Muchas gracias majestad por este último servicio a la democracia. Pan, circo, fútbol y desbarres borbónicos. Así se pasan mejor las cuarentenas.

Y ahora me voy a hablar de gestión de pandemias con mi calcetín. Cu cu.

Diario de la pandemia
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