Día 6. Del caballovirus se sale: el gurú que sabe cómo aislarle de las noticias crispantes

¿Harto de que le bombardeen con informaciones del coronavirus que le saturan la mente? El manifiesto que le dejará la cabeza más despejada que a un yogui

Foto: Rueda de prensa de Tokyo 2020. (Reuters)
Rueda de prensa de Tokyo 2020. (Reuters)
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Hola, yo soy Kamikazito (piloto japonés de la II Guerra Mundial), y usted no lo es. Atentos a esta paradoja idiota: si este artículo triunfa —se lee mucho y la gente se lo toma al pie de la letra—, yo me quedaré sin trabajo por capullo. Hagan el favor de dejar de leer ahora mismo... ¡Que dejen de leer, copón! Bienvenidos a los diarios de la pandemia.

Puede que el coronavirus ya sea (y lo que queda) el evento global con más audiencia de todos los tiempos (ejemplo: esta noticia sobre los síntomas es la más leída de la historia de 'The Guardian'). Pero además de historias imprescindibles sobre el virus, hay empacho de impactos comunicativos (periodísticos, pseudoperiodísticos, informales y familiares; vía medios, redes y móviles). Es la infodemia. Todo ello en un contexto de nerviosismo que la sobreinformación retroalimenta. O la madre de todas las indigestiones digitales.


Pero, ojo: antes de la llegada del Covid-19, ya había runrún 'underground' anti saturación digital. Malestar surgido de un contexto amplio: fase churrigueresca de las redes sociales, desconfianza hacia gigantes como Facebook y fatiga de la comunicación 24/7.

Y tras esta perorata de gurú californiano de Caprabo, vamos por fin al grano: los (¿pocos?) que se plantean estos días reducir el flujo informativo sobre el virus para no chiflar, deberían saber que la hartura digital tiene su propio paciente cero.

La furia del converso

"Las noticias son malas para usted". No algunas noticias: TODAS LAS NOTICIAS. Es la tesis de 'Stop Reading the News', libro/manifiesto del escritor suizo Rolf Dobelli, publicado este año en el mundo anglosajón. "La digitalización ha convertido un entretenimiento inofensivo en un arma de destrucción masiva que afecta directamente a nuestra salud mental", escribe Dobelli. O el hombre que escapó de la cárcel de las noticias y volvió para contarlo.

Nuestra adicción a las noticias se ha convertido en una manía peligrosa sin escapatoria fácil


"Hola, mi nombre es Rolf, y soy adicto a las noticias'. Si hubiera grupos de autoayuda para yonquis de las noticias como los de los alcohólicos, me presentaría así", escribe. Noticiadictos Anónimos.

Dobelli era un "lector voraz de periódicos". Hace 10 años, empezó a sentirse "ansioso" mientras leía las noticias. No le daba la vida para seguir la actualidad por la proliferación digital y la oferta ilimitada de contenidos. Atrapado por la angustiosa sensación de no llegar a todo. "Nunca acababa de leer las noticias, siempre había otro titular que leer", cuenta en el libro. Lo que antes era un placer, ahora le dejaba "exhausto". Empezó a tener problemas de concentración para leer textos largos; dispersión absoluta por la fragmentación digital, las alertas constantes y el 'clickbait'. "Tenía pánico a no recuperar mi capacidad de atención, a ser incapaz de ensamblar los fragmentos informativos en un todo". Y tomó una decisión...

"Empecé a distanciarme del teatro de las noticias". Primero, se quitó las 'newsletters'; luego, las alertas; más tarde, redujo a cinco los periódicos digitales que leía, a cuatro, a tres, a dos, y solo entraba a verlos tres veces al día. Estaba en proceso de desenganche, pero no era suficiente: cuando navegaba, seguía haciéndolo compulsivamente. Decidió cortar por lo sano. Se acabaron las noticias. Ni tele, ni radio, ni prensa, ni internet ni nada. Hasta hoy. "Funcionó". "Estoy limpio de noticias desde 2010", clama triunfal.

La primera semana de "abstinencia radical fue la peor". A los 30 días, empezó a desaparecer la ansiedad de no estar al día y a sentir "paz interior". "No me estaba perdiendo nada".

¿Recaídas? Solo una en toda la década; grave, eso sí: la irrupción de Trump. Dobelli volvió a engancharse al circo informativo durante un mes. Pero si del caballo se sale, del 'breaking news', también.

¿Efectos positivos? "Mejora en la calidad de vida, pensamiento más claro y aumento del tiempo libre". Sus "años volvían a tener 12 meses en lugar de 11". "Empezó como un experimento personal y acabó como una filosofía de vida", aclara.

"Nuestra adicción a las noticias se ha convertido en una manía peligrosa sin escapatoria fácil". Menos para él, Rolf Dobelli, el paciente cero que sobrevivió a la saturación digital y habla ahora en la lengua mística del converso.

Sí, amigos, este artículo iba sobre periodistas/periódicos dejando de informar y dedicándose a la meditación trascendental. ¿Qué tal? ¿Qué dicen? ¿Que me vaya a plantar escarolas con los 'hippies'? Vamos a ver: ¿pero han seguido leyendo hasta aquí? ¡Serán desgraciados! ¡Malditos yonquis de las noticias! ¡Ustedes quieren mi ruina!

Hola. Soy Kamikazito y llevo cinco minutos sin mirar noticias sobre el coronavirus en el móvil. ¡HOLA, KAMIKAZITO!

Diario de la pandemia
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