Día 22. Carta abierta a la España de los balcones: ¡Dejad de hacer cosas, por favor!

Talleres infantiles, videoconferencias creativas, circo, lucha, malabares... Por qué la actividad frenética nos achicharra la cabeza y no nos deja enterarnos de nada

Foto: Balcón en L' Hospitalet. (EFE)
Balcón en L' Hospitalet. (EFE)
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Hola, amigos; soy el Terror al Vacío, y usted no lo es.

Bienvenidos a los diarios de la pandemia.

La situación es la siguiente: teletrabajar mientras cuidas a los niños ya es bastante. Pero alguien ha tenido la genial idea de que no es suficiente, que nos podía entrar el vacío existencial por falta de actividad, como si trabajar y criar a la vez fuera un retiro en un balneario caribeño.

Y se activó la Conspiración de los Hiperactivos.

Hay colegios dando clases por videoconferencia de 9 a 2. Hay niños con tal cantidad de tareas que, más que hacer la ESO, parecen a cargo de la gestión mundial de la pandemia.

—Tomás, ¿qué haces con mi móvil?
—Tengo videoconferencia con el director de la OMS, papá, no me molestes.
—Pero...
—Papá, ¿está encendido el fax?
—¿Pero tenemos fax?
—¡Papá! ¡Que me ha enviado un fax Bill Clinton! Enciéndelo. Vamos.

Quizá Pedro Sánchez esté menos liado que muchos niños españoles estos días. Todo aquel infante que no salga del confinamiento con un doctorado bajo el brazo, será enviado al cuarto de los ratones de por vida.

Los jóvenes adultos

Y luego están los jóvenes adultos. ¡Ay, los jóvenes adultos, qué frenesí! Dado el contexto —encierro en espacios reducidos— la cosa solo puede acabar en combustión cerebral por saturación. Vamos a ver: un balcón no es un maldito centro social. Montar un carnaval 24/7 en el balcón, es como bailar 'break dance' sobre la media baldosa del chotis: solo puede llevar a la impotencia cultural.

Usted antes solo era un notario con un trabajo rutinario de oficina, y ahora es el Carlinhos Brown de los balcones, tiene que entretener a todo el bloque, no se quita el tocado de plumas ni para dormir. El otro día se cruzó con la señora Josefina en el portal, y en lugar de saludarla normalmente, comenzó usted a aporrear un tambor, a soplar una 'vuvuzela' y a cantar a voz en grito:

"Vem Josefina toca o dindê
Tetetê tetê
Vem Josefina para a Bahia
Tetete tetê
Vem Josefina Caipirinha
Tetetê tetê
Vem Joesefina para a alegria
Tetetê tetê"

A la pobre Josefina le dio un telele.

El 'sambanovirus' haciendo estragos.

Vamos a ver si nos calmamos un poquito. 'Tetetê tetê'.

Estamos ante un irreflexivo intento de llevar toda la actividad suspendida en las calles, a las casas, pero es como meter toda la arena de la playa en un cubo: una fantasía infantil que lleva a la frustración si se toma en serio. Amigos, de verdad, aunque no tengáis hijos y sí tengáis mucho más tiempo libre que los demás, ¿es necesario llenar hasta el último minuto de actividad frenética?

Estamos ante un irreflexivo intento de llevar toda la actividad suspendida en las calles, a las casas, pero es como meter toda la arena de playa en un cubo

Hay música en los balcones, quedadas 'online' con cervezas, talleres infantiles cada diez minutos, macramé digital, biodanza analógica, canto gregoriano por videoconferencia, silbo gomero a través de las paredes, concursos de gárgaras, campeonatos de 'balconing', conferencias con periquitos, Circo del Sol, remo, vela, lucha canaria, teatro conceptual, doma de gatos, malabares con fuego, clases de alemán, chino y esperanto, y conversaciones del Banco de Sabadell con tu calcetín parlante.

Españoles, en serio, ¿no habrá llegado el momento de parar para asimilar mejor todo? Están pasando cosas gordas ahí fuera que sería mejor dejar reposar. Decrecimiento... mental. Salgan a la calle a aplaudir a las 8 y ya (bueno, lo del calcetín parlante, también). Solo lo imprescindible. De nada. 'Tetetê tetê'.

Diario de la pandemia
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